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El Partido Popular suizo impulsa la deportación de las familias de los delincuentes extranjeros menores de 18 años

El Partido Popular suizo impulsa la deportación de las familias de los delincuentes extranjeros menores de 18 años

10.09.07 • 03:59 GMT • Javier Monjas - Madrid Email
  • Con el apoyo de los sindicatos: Gordon Brown impone a los inmigrantes no comunitarios la obligatoriedad de saber inglés antes de entrar en el Reino Unido

La enorme presión política y social de las masivas e incesantes oleadas de inmigración no regulada que sufre Europa Occidental está llevando a no menores esquizofrenias ideológicas en su choque con la desbordada realidad de cada día. Un jefe de gobierno laborista como Gordon Brown anunciará hoy lunes la imposición de la obligatoriedad de saber inglés a los inmigrantes de cualificación media que opten a la residencia legal. Mientras, un candidato republicano a la presidencia como Rudolph Giuliani acaba de provocar una virulento incendio -uno más, alguno de ellos con conexión española- en el conservadurismo estadounidense al afirmar que los inmigrantes ilegales no son infractores criminales sino civiles. En Suiza, antes paradigma de paz, neutralidad y multiculturalismo, el partido conservador en el gobierno está adoptando iniciativas que han llevado a algunos observadores 'progresistas' a calificar a la república helvética como "el corazón de las tinieblas de Europa".

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Es en Suiza precisamente donde se están produciendo avances a nivel de gobierno que no se dan en otros países europeos en la actualidad y que, según algunos, no se daban en el Continente desde la época nazi, cuando las leyes de Sippenhaft o responsabilidad familiar convertían a las familias directas en culpables también directos de los delitos contra el estado cometidos por uno de sus miembros, de forma que todos podían ser castigados -e, incluso, ejecutados- como responsables solidarios de la ruptura de la ley.

Tres ovejas blancas y una negra

Según sus críticos, algo parecido impulsa el Partido Popular suizo, miembro de la coalición en el gobierno, y muy activo y descarnado en su lucha contra la islamización del país, con los minaretes como punta de bayoneta, que diría, a la inversa, el primer ministro Erdogan y sus poemas islamistas. La formación ha comenzado a recoger firmas (100.000 se necesitan) para convocar un referéndum de modificación de la ley inmigratoria y deportar, tras ella, a las familias completas de los delincuentes extranjeros menores de 18 años. A proyectos a tumba abierta como este se une el extraordinariamente polémico cartel elaborado por la misma formación política en el que, bajo el eslógan “Para mayor seguridad” ("Pour plus de sécurité"), se ven tres ovejitas blancas sobre una bandera suiza, una de ellas pateando a otra oveja negra fuera de la enseña. Desde las cumbres morales de las Naciones Unidas, el relator antirracista de la organización internacional ya ha acusado al póster de, precisamente, "racista y xenófobo", quizás ignorando el sentido de la expresión internacional de 'oveja negra' y centrándose en el color del animal del dicho.

Jugando con el título del célebre relato de Joseph Conrad, el británico Independent se pregunta si Suiza se ha convertido “en el corazón de las tinieblas de Europa”, antes de añadir que “la propuesta (de los populares helvéticos) será un test no sólo para Suiza sino para toda Europa, donde se está abriendo una división entre el multiculturalismo progresista y el aislacionismo conservador, Reino Unido incluido”. Sí, en efecto, Reino Unido, incluido. Un Reino Unido donde la furia regulatoria abierta por los laboristas en torno a la inmigración con el apoyo de los sindicatos está dejando a los conservadores sin espacio político y con la difícil papeleta de, o bien oponerse a unas medidas que su propio electorado más derechista apoya, o bien exigir mayor dureza, abortando el giro hacia el centro que los nuevos dirigentes desean para ampliar base electoral. En este contexto, y durante un congreso sindical nacional que se celebra hoy lunes, el primer ministro británico tiene previsto anunciar un plan para ampliar la exigencia de conocimiento de inglés para los inmigrantes de fuera de la Unión Europea, a quienes se impone la obligatoriedad de aprobar un test sobre la materia.

Los desempleados británicos, primero

“Quienes aceptamos en el Reino Unido para trabajar y asentarse aquí deben entender nuestras tradiciones y sentir que son parte de nuestra cultura nacional compartida. Necesitan integrarse en nuestro país, aprender inglés y utilizar nuestro idioma”, decía Jacqui Smith, máxima responsable de interior. El Reino Unido ha dividido a sus emigrantes no comunitarios en “altamente cualificados”, “cualificados” y “con baja cualificación”. Sólo los incluidos en los dos primeros grupos pueden optar a la residencia. Desde el mes de diciembre pasado, los “altamente cualificados” ya debían saber inglés para entrar en el país. Ahora, el requisito se extenderá a la categoría media de "cualificados", aunque desde el gobierno británico ya se filtra que idéntica exigencia podría extenderse al rango jerárquico más de la "baja cualificación". De esta forma, incluso los trabajadores en la base de la pirámide laboral -por ejemplo, los recogedores de fruta- estarían obligados a saber inglés si quieren optar legalmente al trabajo, y ello a pesar de que, sin embargo, en ningún caso se les concedería la residencia.

Por el momento, además de los inmigrantes "con alta cualificación", también los “cualificados”, unos 96.000 el año pasado, deberán demostrar puntuaciones de entre A y C en el conocimiento de inglés según los estándares de la educación media británica, o, como alternativa, presentar una certificación universitaria de una titulación enseñada en inglés. Según los cálculos oficiales, no menos de 35.000 de entre los "cualificados" no habrían pasado el test de conocimiento de inglés. La nueva política laborista británica pretende rellenar las demandas de obra de mano de obra no cualificada con trabajadores británicos así como educar y entrenar a los desempleados nacionales para que puedan optar a los puestos de trabajo en el mercado, en vez de confiar en la importación de emigrantes. Los sindicatos apoyan todas estas medidas porque ven en ellas una forma de detener la entrada masiva de trabajadores extranjeros y su tremenda presión a la baja sobre los salarios nacionales.



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