Las autoridades canadienses se enzarzan en una virulenta polémica por la validez del voto de mujeres con el velo completo en medio de una inédita moderación de las organizaciones musulmanas
X- NUEVO DIGITAL (26/03/07) - Las organizaciones islámicas canadienses protestan la decisión de Québec de exigir a las mujeres musulmanas que se descubran la cara al votar para poder ser identificadas
El gobierno federal canadiense y la autoridad independiente que regula los procesos electorales en el país mantienen un duro cruce de acusaciones en torno a la necesidad de exigir o no a las mujeres musulmanas que se descubran la cara a efectos de identificación cuando acuden a votar con ‘niqab’ o con ‘burka’. La polémica viene de lejos, recrudecida en los últimos comicios electorales en Québec, cuando se extendió una campaña por Internet para acudir a las urnas cubiertos con bolsas de basura o con máscaras de Darte Vader en reciprocidad a los “privilegios” concedidos a la comunidad musulmana. Sin embargo, a diferencia de entonces, las propias organizaciones islámicas mantienen esta vez un perfil extraordinariamente moderado, mientras son las autoridades las que se enfrentan a cara de perro entre ellas por conceder un derecho que ahora nadie solicita y que no está vigente en ningún país de mayoría musulmana, Irán incluido.
Seguimiento:
La pasada semana, la herida siempre sensible del multiculturalismo en Canadá volvía a reabrirse en torno a la cuestión de si se debe permitir el voto de quien sólo aparece ante la urna como un prominente bulto negro de tela del que sólo se distinguen los ojos. Hay muchas variantes en el conflicto. La primera, que el debate sobre si una mujer cubierta por el niqab o por el burka, prendas que impiden por completo un reconocimiento facial de quien las porta, están o no obligadas a ‘desvelarse’ para cotejar su cara con el documento de identidad con que debe identificarse -en principio- cualquier ciudadano. Elections Canada, el organismo autónomo que regula los procesos electorales en el país, irrumpía por sorpresa para “recordar” que, ante la proximidad de elecciones federales en Québec, no disponía de autoridad para evitar que mujeres veladas por completo votaran sin necesidad de descubrirse la cara.
La "obstinación" de Elections Canada
Lo primero que se planteaba es el choque entre un organismo federal como Elections Canada y el ejecutivo federal. El primer ministro, el conservador Stephen Harper, recordaba agriamente que Elections Canada estaba obligado a someterse a los dictámenes del poder elegido, es decir, del Parlamento, que la pasada primavera aprobaba, de forma unánime, el denominado Proyecto de Ley C-31, un texto legal que obligaba a acudir a las urnas con un documento de identidad provisto por una fotografía que debía ser cotejado visualmente con la cara del ciudadano que intentara votar. “Tengo que reconocer que me sorprende mucho (la posición de Elections Canada)”, decía Harper. “El papel de Elections Canada no es hacer sus propias leyes sino ejecutar las leyes que el Parlamento ha aprobado”.
De hecho, miembros del ejecutivo conservador federal ya han anunciado que, si es necesario, legislarán con el fin de que, de forma explícita, se obligue a las mujeres musulmanas cubiertas a enseñar su cara ante las urnas, aunque sea tan sólo a otras mujeres al servicio del proceso electoral. Se trata de acabar como sea con las dudas y desafíos del “obstinado” Marc Mayrand, responsable último de Elections Canada. La polémica se enervaba aun más cuando algunas filtraciones comenzaban a desvelar cómo en mayo, cuando se discutía la C-31 o Ley Electoral, los responsables de Elections Canada ya habían advertido de que la redacción del texto legal permitía votar a personas con la cara cubierta si tenían dos documentos de identidad sin foto o si alguien distinto deseara votar por ellas. “No hay nada que exija que se levanten el velo”, decía entonces al Parlamento un alto ejecutivo de la administración canadiense.
Organizaciones islámicas: El gobierno "tiene razón"
Sin embargo, y en medio del violento enfrentamiento entre autoridades y departamentos oficiales, en esta ocasión, y a diferencia de lo ocurrido en los primeros choques de la crisis en las anteriores elecciones provinciales en Québec, las organizaciones islámicas parecen haber adoptado un perfil extraordinariamente bajo en la polémica. Representantes del Congreso Islámico Canadiense recordaban la importancia de que mujeres de las “minorías” participen en las elecciones y de que se respete su integridad religiosa, pero admitían que, “al mismo tiempo, hay un cierto nivel de integridad en el proceso electoral que debe ser mantenido”.
Alia Hogben, del Consejo Canadiense de Mujeres Musulmanas era aun más explícita: “Creo que (el primer ministro Harper) tiene razón. Las mujeres no deberían tener problemas en enseñar sus caras. Creo que se está convirtiendo todo esto en un problema sin necesidad”. Sin embargo, más allá de una polémica elevada por un organismo que siempre se puso de lado de la más radical corrección política -de la que ahora se despegan sus supuestos benefactores-, por debajo del enfrentamiento político lo que se descubre es la tensión a la que el multiculturalismo está sometiendo a la sociedad canadiense y a sus representantes.
Los "talibanes" de la agitación
Si miembros del ejecutivo federal lanzaban acusaciones de “obstinación” contra Elections Canada, los más vitriólicos articulistas comenzaban a preguntarse dónde están los “talibanes”, si en una comunidad musulmana que, esta vez, se ha mostrado sorprendentemente moderada y comprensiva con las leyes electorales, o en personajes ‘activistas’, próximos al apoyo más explícito al terrorismo islámico internacional, y que estos días se mueven por Canadá con libertad agitando un tema como el del reconocimiento facial de las mujeres cubiertas.
En ese sentido, desde ciertos sectores de la prensa canadiense se denuncia la presencia de Ivonne Ridley, la periodista británica que fue secuestrada por los talibanes en 2001 tras el 11-S, y que se convirtió después del incidente, no sólo al islam, sino al islam más radical, intransigente y agitador, hasta el punto de ser despedida de la propia Al Jazeera por su virulento estilo de ‘informar’, el mismo estilo con el que ahora se presentaba delante de un congreso islámico para desafiar al ejecutivo pidiendo que las mujeres musulmanas canadienses acudieran a votar con la cabeza cubierta en medio de los cerrados aplausos de la concurrencia.
