NUEVO DIGITAL Internacional - El hachís, "fuera de control" en el Reino Unido: Los derivados del cannabis, detrás de la masiva oleada de delincuencia tras ser desclasificados como drogas peligrosas
NUEVO DIGITAL - Internacional

El hachís, "fuera de control" en el Reino Unido: Los derivados del cannabis, detrás de la masiva oleada de delincuencia tras ser desclasificados como drogas peligrosas

El hachís, "fuera de control" en el Reino Unido: Los derivados del cannabis, detrás de la masiva oleada de delincuencia tras ser desclasificados como drogas peligrosas

17.09.07 • 03:10 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

El hachís (del árabe clásico ‘hashis’ o ‘hierba’) dio origen a la palabra ‘asesino’ en varios de los principales idiomas occidentales. 'Hassasin' o ‘asesinos’ fueron los temibles seguidores de la secta musulmana chiíta nizarí que, encabezada por el ‘Viejo de la Montaña’, se convirtieron en símbolos de la violencia más extrema cuando masacraban bajo los efectos de la droga. Hoy, el hachís se ha convertido en pandémico en Occidente, pero sus mortales efectos, ahora más subterráneos, no son menos letales que cuando se consumaban a golpe de cimitarra. No sólo es una droga socialmente aceptada; también es otra de las puntas de una yihad que no únicamente se financia a gran escala con su tráfico en las zonas más occidentales de la Umma -en mortífera alianza con los mares de opio que rompen en Europa desde el Oriente Medio- sino que, explícitamente, introduce su calculado veneno para terminar de disolver la corrupta sociedad de los infieles, los renegados de la religión con que se nace y que entre ellos se matan, intoxican y neutralizan con su propia droga, la misma que ya fue considerada por los fieles al islam como propia de apóstatas y gente de baja estofa desde la Edad Media.

[Más:]

Se comenta en voz baja en las teterías de Madrid y, a poco que el cliente se gane la confianza del camarero norteafricano agnóstico, las confesiones comenzarán a llegar sobre lo que sucede en la parte de la clientela que no es la de los multiculturalistas jóvenes occidentales que viven, entre risotadas y porros, su aventura exótica a unos pocos de cientos de metros de la casa de papá y mamá. De la misma forma que muchos norteafricanos justifican ante los suyos el robo o el atraco a españoles porque así recuperan parte del botín que les corresponde como herederos de Al Ándalus, otros muchos confiesan no sentir ningún remordimiento en absoluto en repartir droga a jóvenes o niños porque se la venden “a cristianos” y, de paso, recuperan botín propio expoliado hace siglos con que financiar la recuperación de la tierra usurpada a Alá. Esos son los razonamientos de las conexiones droga-terrorismo que se encuentran tras las anónimas y frecuentes detenciones de la policía. El islamismo radical penetra de forma masiva entre la juventud árabe y musulmana occidental y ofrece sabiduría coránica para justificar la destrucción de la sociedad infiel, corrompiendo sus cimientos, sin necesidad de los alfanjes de los antepasados, sólo con la fuerza de la yihad de los vientres y de los derechos democráticos utilizados en su favor.

Hachís y delincuencia, "fuera de control"

El masivo consumo de derivados del cannabis se ha convertido en el factor que se encuentra tras lo que ya se admiten como oleadas de accidentes mortales de tráfico de fin de semana, en una alianza maldita en la que se federa con el alcohol, la otra gran droga de infieles. La Europa occidental siempre fue importadora neta del cannabis procedente del norte de África, con España como el gran puerto de desembarco para las redes de marroquíes, argelinos y tunecinos que, después, la distribuirían por Francia, el Reino Unido o la Holanda donde se consume legalmente junto con un café y la factura con IVA por ambos. Sin embargo, el mismo Reino Unido que hace unos pocos años desclasificó el cannabis como droga peligrosa en medio de la inclemente campaña ‘progresista’ occidental que hizo de su uso y consumo una de sus grandes y gloriosas banderas revolucionarias, ese mismo Reino Unido ve ahora con alarma cómo no sólo la supuestamente inocua droga se encuentra detrás de la incontrolable oleada de delincuencia que asola sus calles sino que el propio país se ha convertido en exportador neto de ella mientras profesores y policías aseguran que la situación se encuentra "fuera de control".

Día tras día, los medios locales de cada pequeño pueblo, de cada pequeño condado, reproducen la incautación de grandes volúmenes de droga y cada vez mayores plantaciones de hierba (1, 2 y 3). En Londres ya se sabe que la nación británica se ha convertido en un generador de cannabis tan floreciente que exporta la sobreproducción a otros países de su entorno, donde comienzan a llegar las destilaciones más potentes de la resina, con el skunk como la derivación más peligrosa de las anteriormente inocentes ‘chinas’ de fiestas y guateques, hoy prácticamente extendidas por bodas, bautizos y comuniones. Además, el amable discurso izquierdista sobre la necesidad de no perseguir al hachís para venderlo, de hecho, en los estancos terminó contagiándose a las zonas más 'cool' del conservadurismo británico, con personajes más o menos estrambóticos, como Boris Johnson, quien, desde su 'inconformismo' conservador que pretende neutralizar al no menos excéntrico actual alcalde de Londres, se postula como candidato al gobierno municipal de la capital, y que se muestra en contra de que la policía "pierda el tiempo" persiguiendo el tráfico y consumo de hachís mientras se enfrenta, montado en bicicleta, a la política de tolerancia cero de su partido respecto a la droga, a todas las drogas.

La yihad de la droga más peligrosa que el LSD

Ahora ya se admite sin ambages que “la reclasificación del cannabis alimenta la oleada de delincuencia juvenil” en el Reino Unido, constatación que se eleva como un humo espeso y azulado en dramáticos reportajes publicados por los mismos medios que una vez levantaron la bandera de la legalización de la droga para, sólo unos pocos años después, editar espectaculares portadas como gancho de no menos estremecidas admisiones de culpa y petición de disculpas ante la magnitud de la corrosión provocada por la otrora inocente hierba, y que, tras las anterioridades frivolidades, ahora se considera más peligrosa que el LSD. Pero en aquella fiebre -que, en España, aún controla cualquier discurso políticamente correcto izquierdista-, el laborismo británico también tradujo en legislación el permisivo ambiente del cigarrillo de la risa y la alegría, hasta llevarlo a los niveles más bajos de peligrosidad y más altos de permisividad, amparándose en sesudos estudios de no menores profundos ‘expertos’ que aseguraban cómo la extensión de su consumo nunca provocaría un incremento de la criminalidad igual al asociado a otras sustancias psicotrópicas ilegales.

No ha sido así. Ni con mucho. Más bien, todo lo contrario. Las organizaciones y profesionales que trabajan con jóvenes advierten de que el cannabis es consumido ya por entre el 75 y el 90 por ciento de los jóvenes delincuentes, en una imparable tendencia por la que el consumidor acude a delitos de baja o alta intensidad para financiar su adicción, y en una espiral maldita que, anteriormente, tan sólo estaba asociada a la heroína. ¿Qué hay detrás de las bandas de jóvenes negros descendientes de la emigración afrocaribeña que se matan entre ellos cuando no saltan la tapa de los sesos a un niño de once años que juega al fútbol? El skunk, la encarnación más devastadora del alegre y festivo hachís se ha convertido en el remedo del aniquilador crack -pasta base de coca- que asola a sus hermanos de raza en Estados Unidos. Mientras, Europa Occidental se prepara para absorber la masiva producción de opio en la supuestamente ‘liberada’ Afganistán -con cada vez mayor presencia también en el yihadismo de Irak-, donde grupos islamistas y señores de la guerra se unen para el gran negocio de la yihad de la heroína de gran calidad y económico precio con que preparan un nuevo castigo a la infiel Europa de la alegría y el hedonismo que a sí misma se envenena, que a sí misma se derrumba ante quienes sólo esperan.



Aumentar tamaño letra Restaurar tamaño letra  Tamaño de letra
Google

NUEVO DIGITAL / Archivo - Selección