Londres reformará la ley para ponerse "del lado del buen ciudadano" en casos de autodefensa contra el ataque de delincuentes
X- La secretaria de Interior anuncia la duplicación de los centros para asistir a las "50.000 mujeres violadas cada año", según datos oficiales
Ladrones o criminales o ambas cosas entran en el domicilio de un ciudadano y este los sorprende antes de quedar inmovilizado o resultar herido -o asesinado. En realidad, dispone de no mucho más de décimas de segundo para decidir sobre su seguridad y la de su familia. Reacciona y hiere o mata a uno de ellos. Sin embargo, quien termina teniendo que demostrar su inocencia es quien se ha defendido y no quien ha atacado. Masivas investigaciones policiales y judiciales recaen sobre la humillada víctima y no sobre el crecido agresor, que, en muchas ocasiones, termina demandando a su víctima y consiguiendo indemnizaciones de ella. Sucede en el Reino Unido y sucede en la mayor parte de los sistemas democráticos occidentales, abrumados por un proteccionismo legalista del criminal que en el Reino Unido denuncian ya a grito pelado organizaciones policiales y los propios mandos de la policía. El responsable de justicia del gobierno británico, Jack Straw, anunció ayer una revisión de las leyes para intentar dejar claro que la autodefensa o la defensa de otras personas atacadas no convierte de forma inmediata a la víctima en criminal que debe demostrar su inocencia. De todas formas, nadie se lo termina de creer. Las siguientes son las claves de un nuevo debate abierto a tumba abierta en la fracturada y caótica sociedad británica del postmulticulturalismo.
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Las leyes que garantizan la autodefensa funcionan “mucho mejor de lo que la gente cree, pero no tan bien como podrían o deberían”. Son declaraciones del secretario británico de justicia, Jack Straw, en torno a los denominados “have-a-go heroes”, algo así como los ‘héroes repentinos’. No se trata sólo de casos de autodefensa sino de la defensa de otras personas que están siendo atacadas y de la protección para el ciudadano que intenta auxiliar. Sin embargo, el auxilio puede costar caro. No sólo por la posibilidad de resultar herido o muerto, sino por la perspectiva de tener que afrontar el duro acoso policial y judicial, con abogados que deberá pagar de su bolsillo, mientras, muy probablemente, el agresor dispondrá no sólo de presunción de inocencia tan potente como la presunción de culpabilidad del atacado sino también de asistencia legal gratuita. Para intentar bajar a la arena de la amarga experiencia de tantos ciudadanos, Straw reconocía ayer que él mismo actuó como un ‘have-a-go heroe’, cuando detuvo y retuvo a ladrones con los que se topó hasta en cuatro ocasiones. "Los buenos ciudadanos deberían, si pueden, intervenir" en la ayuda a personas atacadas, remataba Straw.
"Tolerancia cero"
Sin embargo, el ambiente está muy tenso en el Reino Unido con la explosión de delincuencia y la sorda fricción de comunidades étnicas con la población autóctona británica, que ya escapa en cuanto puede del país en el que nació. El miércoles, el mismo día en que dos adolescentes de 12 y 15 años resultaban heridos por arma de fuego en un enfrentamiento armado entre ellos, y otro de 18 fuera detenido tras intentar asesinar a dos policías, el primer ministro, Gordon Brown, anunciaba nuevas medidas y mayores poderes para las autoridades con el fin de combatir la posesión de armas de fuego entre jóvenes, adolescentes y niños, de procedencia étnica negro-jamaicana en su mayor parte.
Durante la anual conferencia del Partido Laborista, no sólo Straw y el propio Gordon anunciaban espectaculares endurecimientos en la lucha contra la criminalidad, sino que también la propia secretaria de interior, Jacqui Smith, pronunciaba las grandes palabras de la “tolerancia cero” contra los comportamientos antisociales mientras anunciaba, entre otras medidas, el reparto de ordenadores de mano para aliviar, en parte, el abrumador papeleo que deben afrontar los agentes en cada actuación, la lucha contra la cultura de las bandas, y la duplicación de los centros de asistencia a víctima de violaciones, ante el explosivo crecimiento de la ‘demanda’, 50.000 mujeres asaltadas sexualmente cada año, según la propia Smith confirmaba en una entrevista periodística. La opinión pública y política sabe de sobra de dónde proceden todos esos violadores. Sólo algún tabloide, recogiendo los datos de Migrationwatch UK, titulaba, sin demasiados complejos -foto incluida-, cómo "Los violadores extranjeros inundan Gran Bretaña".
De cómo los laboristas intentan cerrar el camino a la explotación conservadora de la humillación ciudadana daba cuenta no sólo que el discurso de Brown fuera filtrado a los medios un día antes de que fuera pronunciado sino de la solemnidad con que se ha querido revestir la defensa de los "buenos ciudadanos". Los tonos empleados en las intervenciones han sido mesiánicos, conmovedores, de una retórica más propia de la oratoria estadounidense. De hecho, el Times venía a acusar a Brown de haber copiado en su intervención discursos de Bill Clinton y Al Gore, sin citarlos, quién sabe si por un hipotético ‘error de ordenador a la española’, pero, sobre todo, aprovechándose de los enormes y costosísimos equipos de consultores y escritores de discursos de la espectacular puesta en escena política norteamericana. Pero, ¿qué hay más allá de las grandes palabras?
La "fuerza razonable" en la "autodefensa"
La oposición acusa al gobierno de “hipocresía” puesto que ya van varias veces que garantiza cobertura legal para quien se defiende del ataque de criminales y nunca han terminado de rematar la faena. De hecho, el debate en torno a este tema se recrudeció después del caso de Tony Martin, un granjero que disparó en 1999 contra varios gitanos, delincuentes habituales, que entraron en su propiedad, matando a uno de ellos e hiriendo a otro. Este último terminó reclamando –y consiguiendo- más de 5.000 libras de ese momento (unos 7.200 euros al cambio actual) para demandar a Martin por daños y por perjuicios que comprendían cómo se había visto afectada su vida sexual y una compensación por tener que haber abandonado su afición a las artes marciales. No consiguió la indemnización final tan sólo porque un periódico, el Sun, fotografió al delincuente agraviado montando en bicicleta y caminando sin ni tan siquiera necesitar un bastón.
Mientras tanto, Martin había sido condenado a cadena perpetua por asesinato. En la apelación, el tribunal recogió el argumento de la defensa en el sentido de que Martin sufría paranoia por todas las veces que le habían robado sin que la policía hubiera hecho nada por ayudarle, según declaró en el juicio. La cadena perpetua fue reducida a cinco años de prisión, de los que cumplió tres tras un nuevo y retorcido proceso judicial en el que las autoridades de la prisión le negaron la libertad condicional por considerar que Martin no se había arrepentido de su reacción. Ahora, con el explosivo debate sobre qué es exactamente “fuerza razonable” en los casos de “autodefensa”, Straw se refería al caso Martin y afirmaba que su planteamiento no ampararía un caso como el suyo.
De hecho, Straw reconocía que el punto principal se encontraba en la etérea y legalmente embrollada cuestión de la “fuerza razonable” en el rechazo de una agresión. “No tienes tiempo en esa (clase de) situación para pensar: ‘Bien, ¿dónde está el equilibrio? ¿Dónde está la fuerza razonable?’” Y añadía: “Hay una línea crítica entre la responsabilidad y la insensatez” Muchos ciudadanos, coreados por la oposición, ya afirman en los foros de Internet que nada confían en el nuevo anuncio de reformas por mucho que el gobierno laborista les caliente la oreja asegurando que, esta vez sí, darán la “fuerza razonable” a un civismo que ayude y se ayude a sobrevivir en la impune patria formada por caballeros delincuentes y criminales varios, todopoderosos ciudadanos.
