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La infernal ruta mexicana se convierte ya en la más utilizada por los cubanos para escapar de la isla hacia Estados Unidos

La infernal ruta mexicana se convierte ya en la más utilizada por los cubanos para escapar de la isla hacia Estados Unidos

08.10.07 • 03:27 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Los triunfalistas fastos por el 40 aniversario de la muerte de Ernesto ‘Che’ Guevara no pueden ocultar la rabia en La Habana. Año tras año van cayendo al alza los récords de los cubanos que escapan de la isla como pueden. Hasta ahora, principalmente por mar en dirección a Florida. Pero, desde el año pasado, la ruta de los balseros hacia el norte ya no es la más concurrida. Ahora se navega en mayor medida hacia el oeste, hacia la costa mexicana, para iniciar allí la travesía terrestre con dirección a la frontera con Estados Unidos. Las implacables mafias cubanas y mexicanas, y el infierno del mar primero, y de México después -temido hasta el pánico por los emigrantes ilegales en tránsito desde Centro y Sudamérica por una brutalidad que redobla la siempre denunciada por los mexicanos en Estados Unidos-, convierten a la ruta occidental en un viaje cuya extrema dureza recuerda las apocalípticas peregrinaciones por desiertos, sabanas y océanos desde el África central hacia las españolas Islas Canarias en el occidente del continente, o hacia la Península Arábiga por el lado oriental. ¿Las balsas hacia Florida? Un crucero de lujo en comparación con la ruta mexicana. Infinitamente más dura. Pero también con algo más de esperanza de culminar con éxito la escapada.

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Los testimonios que llegan desde la frontera estadounidense hablan de exhaustos cubanos recién llegados a los puestos fronterizos de Texas -los más utilizados para cruzar hacia Estados Unidos- que, mientras intentan recobrar el resuello y asumir su éxito, relatan la salida en autobús desde La Habana para después afrontar largas caminatas nocturnas donde la maleza se va sucediendo con los manglares, y llegar a desiertas playas, donde en medio de la noche, se apiñan decenas de fugitivos en barcas medio anegadas de agua y de combustible. Pero, entonces, lo peor sólo está por llegar. La travesía hacia Yucatán se realiza esquivando las patrulleras cubanas para, después, enfrentarse al mar embravecido, y llegar como pueden a Cancún, donde las mafias mexicanas comenzarán a exigir a las familias en Miami, cada vez con más desagradables métodos, los 10.000 dólares que se paga, de media, por el viaje.

Del infierno cubano al purgatorio mexicano

Entre amenazas y presiones, lo que sigue son más viajes en avión, en coche, en tren, siempre hacia el norte, padeciendo los gritos, y las mayores amenazas y presiones de las autoridades de inmigración mexicanas que amagan con la deportación, y que sólo callan y se vuelven repentinamente ciegas con 200 dólares ahora por aquí, otros 300 más tarde por allá. Hasta que, si todo va bien, llegan a la frontera norte donde, finalmente, serán admitidos por las autoridades estadounidenses como refugiados. Los mismos testimonios hablan de la creciente violencia de la policía mexicana cuando realiza detenciones, equiparable a la de los ajustes de cuentas entre las bandas locales, relacionadas en los últimos meses con asesinatos y muertes diversas en medio del caótico y despiadado ‘tren subterráneo’ Cuba-México-Estados Unidos.

El año pasado (fiscal, de septiembre a septiembre en Estados Unidos) casi 3.000 cubanos fueron interceptados por las autoridades estadounidenses cuando intentantaban alcanzar Florida por mar en débiles naves artesanales o a bordo de las lanchas de los contrabandistas. Se trata de la cifra más alta de los últimos 17 años y la constatación de que todo vuelve por el mismo derrotero que antes del acuerdo inmigratorio de 1994, cuando la crisis de las balseras parecía hacer prever que media Cuba iba a desembarcar en Miami. A pesar de que la del mar no fue nunca la única vía de escape, desde el año pasado tampoco es ya la más importante. Si son casi 8.000 quienes eligieron la ruta del Estrecho de Florida, 10.000 pudieron alcanzar la frontera norte mexicana y cruzar hacia el otro lado, pues, esta vez sí, la política de ‘pies secos’ garantiza el permiso de paso hacia Estados Unidos, a diferencia de lo que sucede con el fracaso de los ‘pies mojados’, interceptados en el mar.

Cuba intenta abortar la vía mexicana

Mientras en Bolivia, los testimonios de quienes presenciaron la muerte de ‘Che’ Guevara hablan de un personaje patético que se rindió mientras suplicaba que no le dispararan, en Cuba, se confirma que el cuerpo exhumado hace diez años es el del guerrillero y se exhuma también la opinión de Fidel de que nunca le habrían detenido si le hubiera funcionado el arma. Pero mucho más sigue doliendo la humillación de los miles y miles de cubanos que prefieren sacrificarse y abandonar el paraíso comunista hacia los imperialistas y corrompidos Estados Unidos. Hay quien relaciona el triste y redoblado boom emigratorio con la negativa de La Habana a conceder once nuevos permisos para personal diplomático suplementario estadounidense en la isla que pueda afrontar las peticiones de visados.

Pero la reacción más visible es la de la reclamación por La Habana de un nuevo acuerdo inmigratorio con México con que intentar abortar la fuga a través de su territorio. Es decir, lo que en las palabras del embajador cubano en el Distrito Federal, se denomina la búsqueda de una emigración “legal, ordenada y no peligrosa para los inmigrantes”. Que, ahora, se llama así el repentino interés de las autoridades cubanas por sus emigrantes, esos desagradecidos fugitivos que no hacen sino intentar olvidar sus dramas personales y nacionales al otro lado del miedo.



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