Agrio 'OK Corral' literario entre críticos, novelistas y periodistas británicos después de que Martin Amis confesara su "impulso" de que la comunidad musulmana "sufra" con "deportaciones, restricción de libertades, cacheos... cosas discriminatorias"
XLo de la comparación con un ‘OK Corral’ en el “duelo literario” que tensa la vida intelectual británica estos días es expresión del Times. Y también la entrevista que ha dado origen a una pelea a gran escala donde periodistas, novelistas y críticos de élite se están diciendo de todo a cuenta de encumbradas y explícitas llamadas a que los musulmanes “sufran” y sean “discriminados”. Racista, converso, católico, venenoso, marxista, borracho, bestia, estomagante, perezoso, zafio, sucio, antisemita, homófobo y, por supuesto, islamófobo son apelativos que unos y otros se dedican, con las “tripas revueltas” por la simple vista del adversario, entre magistrales invectivas en la mejor tradición del feroz veneno literario, marca de la casa ‘British’, preciso como un estilete en la intercostal cardiaca de la 'intelligentsia' británica, coronado con educadas apelaciones, “desde un espíritu universitario”, a que el otro “cierre el pico” de una exquisita y maldita vez.
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Todo comenzó con la extraordinariamente agria invectiva que Terry Eagleton, gran pope entre los críticos británicos, el “gran viejo marxista de las letras” y "el añejo gamberro de la crítica literaria que aún sabe cómo escupir", tal y como le calificaba el Times de Londres, lanzó contra Martin Amis, un ya clásico entre los ‘enfants terribles’ de las más terribles y ácidas polémicas literarias y no literarias, látigo feroz de postmodernos a la birulé tonti-roja, que, metido en reflejo anglosajón de Michel Houellebecq, está convencido de que “hay en nuestro planeta una especie de ser humano que se convertirá en musulmán para intentar un asesinato suicida en masa”. Sin embargo, sus ácidos comentarios sobre los musulmanes y el orbe musulmán -cuyo “PBI conjunto es menor que el PBI de España”, según afirmó en otra ocasión- esta vez han provocado una tormenta en la que la inmediata retractación de Amis -casado y con dos hijas pequeñas- ha hecho entrever que algo más que su nombre literario se encuentra en riesgo de sufrir daño por parte de sus enemigos.
"Tripas revueltas" y "secretos territorios neofascistas"
El ‘Episode I’ se abrió con el nuevo prefacio que Eagleton escribió para la reedición revisada de su “clásico” ensayo ‘Ideology: An Introduction’ (edición española). Eagleton, unánimemente presentado en la prensa británica de todos los colores como “prominente” y “gran crítico marxista”, se ensañó con Amis y con su padre, -el también novelista (y ya difunto) Kingsley Amis- al calificar al segundo como un “racista, zafio antisemita, borracho como una cuba, autorepelente injuriador de mujeres, homosexuales y progresistas” y decir del primero que “ha aprendido más de él más que de cómo hilar una buena frase”. La furia de Eagleton se refería a un artículo que Amis escribió hace un año, en la estela del quinto aniversario de los atentados contra las Torres Gemelas, en las que el novelista habría pedido que los musulmanes “sufran” hasta que dejen de generar hijos yihadistas asesinos. Pero Eagleton cometió dos errores: primer error, no lo dijo donde dice que lo dijo (en el ensayo ‘The Age of Horrorism’); y, segundo, se metió con Amis –y con su familia, también ‘intelectual’, y que pronto hará virulento acto de presencia.
Pero antes aparecieron otros personajes que iban a añadir ácido a espuertas en la polémica. Por ejemplo, la columnista del Independent, Yasmin Alibhai, quien, en otra nueva demostración del abrasivo columnismo británico de calidad, traía a Amis al ámbito de quienes están “con las bestias” y de los “masacra-y-odia-musulmanes” que se mueven en los “secretos territorios utilizados por los neofascistas”. Un par de días después, Eagleton, en el Guardian, remataba su primera faena constatando cómo “hay algo que revuelve las tripas en ver a Amis y a sus aliados políticos, campeones de una civilización que, durante siglos, ha sembrado el mundo de indecibles carnicerías, clamando por medidas ilegales cuando se encuentran, a sí mismos, por vez primera, en el peliagudo final del mismo tratamiento”. Sin embargo, la última mujer de Amis padre, la también novelista Elizabeth Jane Howard, había tomado nota de la ristra de epítetos dedicados a su difunto marido y, por extensión, a su hijastro Martin. La señora arremetió a través del Daily Mail con una ferocidad digna de amigos y enemigos.
"Deportaciones, cacheos... que les duela... que sufran..."
“Nunca he oído hablar de este hombre, Eagleton. Pero me parece más bien una letal combinación de alguien que, habiendo sido un católico romano, se convirtió en marxista (...). Me conmueve como una cobra venenosa: si te encuentras a su alcance, lanzará algo de veneno”, dijo la señora Howard. Fue entonces, otro día después, con la clase intelectual británica en plena tensión por la ferocidad del intercambio de golpes, cuando apareció, finalmente, Martin Amis, y lo hizo en primer lugar para rectificar a Eagleton constatando cómo las manifestaciones que “había sacado de contexto” no se encontraban en el ensayo que él decía sino en una entrevista concedida al Sunday Times unas semanas después (entrevista que, por cierto, parece haber desaparecido de los archivos online del diario).
Pero, ¿qué dijo exactamente Amis entonces, el año pasado, pocos días después de que se descubrieran los planes de islamistas para volar una decena de aviones en vuelo entre el Reino Unido y Estados Unidos, y pocos días después del quinto aniversario del 11-S? Entre otras cosas de alto voltaje, Amis dijo esto: “¿Qué podemos hacer para que paguen más caro el hacer esto? Hay un íntimo impulso -¿no lo tiene usted?- de decir: ‘La comunidad musulmana tendrá que sufrir hasta que ponga su casa en orden’. ¿Qué clase de sufrimiento? No permitirles que viajen. Deportaciones, más en el futuro. Restricciones de libertades. Cacheos de personas que parezcan que son del Oriente Medio o de Pakistán... Cosas discriminatorias hasta que le duela a toda la comunidad y comiencen a ponerse duros con sus hijos”. Bien, a esto se refería Eagleton en su prefacio, dedicado a los Amis, padre e hijo.
"¿Puedo pedirle que cierre el pico?"
Amis padre está ya muerto, así que la réplica la dio su hijo a través de una carta a Yasmin Alibhai en el Independent, de otra carta abierta en el Guardian, y de una entrevista en el Telegraph. Gran contraofensiva para mensajes como estos: “Por ahora, los extremistas tienen el monopolio de la violencia, de la intimidación y de la autoindignación. Mientras tanto, yo no quiero cachearle a usted, Yasmin, o hacer algo que, ni tan siquiera momentáneamente, suprimiera su dignidad, o la de cualquier otro musulmán irlandés (“eirenic Muslim”)”. Y a Eagleton: “Yo no estaba ‘defendiendo’ nada. Estaba describiendo, de forma conversacional, un impulso que pronto desapareció. Y, ahora vengo a declarar que ‘acosar a la comunidad musulmana en el Reino Unido’ no sería ni moral ni eficaz. El profesor Eagleton está convirtiendo en un hábito esta clase de cosas (...). Ha remitido una indigna combinación de veneno y dejadez. ¿Puedo pedirle, dentro de un espíritu universitario, que cierre el pico sobre el tema?”.
Mientras en la 'Umma' ha comenzado el habitual bullir en el "monopolio de la indignación" y las nada sutiles constataciones amenazantes de que "Amis está jugando a un juego peligroso", en la Europa 'islamófoba' nadie sabe si Eagleton y el resto de la turbulenta familia intelectual británica cerrará o no el pico en el futuro en el fuego graneado de gruesas calificaciones. El “espíritu universitario” lo tendrá que ejercitar Amis porque, desde este curso, comparte aulas con Eagleton como profesor de Teoría Cultural en la Universidad de Manchester. Esta vez, el atentado islámico ni tan siquiera se ha producido pero ha llevado nuevas cotas de destrucción y corrosión a una sociedad envuelta en el conflicto civil por la presencia de los musulmanes en su tierra de nacimiento.
