Una escuela de Maine aprueba la entrega de píldoras anticonceptivas a sus alumnas de entre 11 y 13 años sin obligación de comunicárselo a los padres
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La masiva presencia de padres y cámaras de televisión ya indicaba que la sesión del consejo escolar de la King Middle School del pasado miércoles por la tarde no iba a ser una más. Y no lo fue. Por acuerdo casi unánime de los rectores del centro de Portland, Maine, la enfermería de la escuela comenzará a repartir a las alumnas píldoras anticonceptivas. Ni colegio ni alumnas tienen obligación de comunicar el hecho a los padres. En Estados Unidos, la ‘middle school’ cubre la enseñanza de niños con edades comprendidas entre los 11 y los 13 años. La dirección del centro afirma que dispone de casos de alumnos y alumnas de estas edades “sexualmente activos”. Los padres presentes no pudieron hacer nada contra lo que algunas madres calificaron de “locura”.
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Sólo dos de los doce integrantes del consejo escolar se opusieron a la propuesta. Uno de ellos, protestó por que ni tan siquiera los padres de las niñas que reclamaran píldoras anticonceptivas debieran ser informados. Pero fueron algunas madres las que con mayor virulencia levantaron la voz en el debate. Una de ellas afirmó: “Esta gente está ganando dinero haciendo que nuestros hijos practiquen sexo. Son repugnantes. Exponen a nuestros hijos a toda clase de materiales sexualmente explícitos en películas, canciones, en la televisión, en los colegios. Entonces ‘enseñan’ educación sexual en los colegios, facilitan protección o anticonceptivos sabiendo de sobra que los chicos son inmaduros y que no lo usarán de forma correcta. Entonces, ellos facilitan abortos y, de nuevo, comienza el proceso”.
Sin informar a los padres
Sin embargo, los miembros de los servicios sociales que han presionado para que se adoptara la medida tienen otra opinión. La responsable de los servicios sanitarios escolares de Portland defendía que la entrega de píldoras anticonceptivas -y de preservativos, facilitados a los alumnos de esa edad desde hace cinco años-, es “un servicio totalmente imprescindible” puesto que "facilitará medios para estar seguro de que no te quedas embarazada, arruinas tu carrera académica y te limitas a ti misma en el futuro". “Se trata sólo de unos pocos niños, pero son niños que no tienen las mismas oportunidades y el acceso que otros estudiantes”, concluía Amanda Rowe. El director del colegio informó de que tenía noticias de, al menos, cinco alumnos y alumnas “sexualmente activos”. El director de los centros de salud radicados en las escuelas apuntaba: “Se ha demostrado una y otra vez que esto (el reparto de anticonceptivos) no incrementa la actividad sexual”.
Los métodos anticonceptivos se facilitan en el centro de salud del colegio, que tiene carácter independiente, y al que se pertenece de forma voluntaria. Un 25 por ciento de los 510 alumnos de la King Middle School se han integrado en sus servicios. A partir de ahora, no sólo podrán disponer de píldoras anticonceptivas, condones y otros servicios de carácter preventivo sexual, sino que, ni tan siquiera, ni ellos ni el personal del centro tendrán ninguna obligación o compromiso de hacer saber a los padres si los chicos solicitan servicios de contracepción.
"Alumnos con actividad sexual"
Desde los servicios sociales de Maine se destacaba que, según sus estudios, el 13 por ciento de los niños y niñas del estado en el nivel de ‘middle school’ tenían actividad sexual en pareja. Desde centros de noticias de orientación cristiana en Internet se preguntan si “los contribuyentes pagan la promiscuidad” y recuerdan que 20 de los 27 centros de salud de los colegios operan con financiación estatal, con un presupuesto que, el año pasado, fue de medio millón de dólares, y con participación de fundaciones privadas.
En Estados Unidos, los centros educativos facilitan prestaciones sanitarias y médicas a los alumnos, incluyendo en ellas las de carácter sexual, aunque nunca se habían repartido hasta ahora píldoras anticonceptivas a niñas desde los once años en que comienzan el ‘Sixth Grade’ o Sexto Curso. En las universidades no sólo es frecuente sino que, para miles de mujeres estudiantes, es casi rutinario acudir al centro de salud del campus a por su provisión de píldoras anticonceptivas a un precio más reducido que el ofertado en los canales tradicionales de expedición de medicamentos.
'Crisis anticonceptiva' en la universidad
Precisamente, durante estos días se está produciendo un fuerte malestar en muchas universidades del país con la fuerte subida de precios de estos medicamentos. Las farmacias de los centros universitarios han comenzado a cobrar 42 dólares por cada caja para el ciclo de cuatro semanas, cuando hasta hace poco se demandaban tan sólo 14 dólares. Los estudiantes, bien por su cuenta o a través de organizaciones, están buscando alternativas ante gastos previstos de 360 dólares anuales que, como declaraba una alumna, supone la mitad del coste de sus libros del semestre o la factura de la electricidad de todo un año.
El origen de la crisis de las ‘pastillas’ en los cumpus se encuentra en la nueva legislación federal que intenta ahorrar dinero a los contribuyentes en el sistema público sanitario, con lo que muchos laboratorios han comenzado a dejar de facilitar anticonceptivos orales a las universidades con los fuertes descuentos con que se ofrecían hasta ahora. Mientras los profesionales de los servicios sociales prevén un fuerte incremento de embarazos no deseados -según dicen, la principal causa de abandono precoz de los estudios--, algunas alumnas podrían encontrarse con la tesitura de tener que elegir, entre la electricidad y sus amigos, la forma de calentarse el próximo invierno.
