Graves incidentes en Amsterdam protagonizados por adolescentes de origen marroquí después de que la policía abatiera a un joven que apuñalaba a dos agentes
XVa ya para más de una semana desde que la capital holandesa se enfrenta a revueltas nocturnas al estilo de las parisinas de hace dos años. Coches ardiendo noche tras noche y comisarías apedreadas han sido la reacción a la muerte de un joven de 22 años, de ascendencia marroquí, que fue abatido cuando apuñalaba en el suelo a una mujer policía -después de acuchillar a otro agente- en la comisaría del suburbio de Slotervaart, habitado mayoritariamente por magrebíes y turcos. Bilal Bajaka había sido investigado por sus relaciones con los círculos islamistas de los que salió el asesino de Theo van Gogh. El jefe de policía de Amsterdam ha advertido durante una entrevista en televisión que Europa se enfrentará en los próximos años a disturbios a gran escala protagonizados por la minoría islámica. Minoría, por ahora. Varios estudios independientes ya han establecido que las cuatro principales ciudades holandesas tendrán mayoría musulmana en 2020.
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La población musulmana en Holanda asciende ya a un millón de personas -el 6 por ciento de la población-, de mayoritaria procedencia étnica marroquí y turca. En una previsión que se da en otros muchos lugares de Europa (por ejemplo, en Rusia y en el Reino Unido), los musulmanes pasarán a ser mayoría en las cuatro principales ciudades holandesas dentro de menos de doce años, según se empeñan en establecer estudios de distintas organizaciones de todo tipo y orientación ideológica. Mientras en España, la semana pasada, se producía el primer amago de ‘intifada’ significativa en el derribo de una vivienda ilegal construida en suelo público por emigrantes irregulares marroquíes -que, en remedo de las estrategias clásicas del Medio Oriente, dejaron a mujeres y niños en el interior de la casa y después los interpusieron ante los agentes antidisturbios como escudos humanos-, el nerviosismo ha comenzado a cundir ya en la otrora abiertamente multiculturalista sociedad holandesa, que ahora se siente acorrolada por lo que ve como una enorme masa humana inmigrante imposible de integrar en los valores democráticos.
Jefe de policía de Amsterdam: Europa arderá como París
Es un nerviosismo que no sólo se detecta en las encuestas populares sino en el abierto enfrentamiento entre los poderes del estado, donde los policías echan la culpa a los jueces de su lenidad en el castigo del terrorismo urbano y los jueces responsabilizan a los políticos y legisladores de las leyes que les facilitan. Como en el caso británico -probablemente el país europeo con una sociedad ya más descompuesta-, en Holanda las agrias recriminaciones no se producen en conversaciones ‘off the record’ con los periodistas sino en programas de televisión de máxima audiencia.
El jefe de policía de Amsterdam, Bernard Welten, profetizaba en ese ámbito la extensión a las grandes ciudades de la Europa Occidental de las revueltas étnicas al estilo de las parisinas de hace dos años. El ministro del interior del país salía al paso de estas oscuras profecías recordando, escandalizado, la escala menor de los disturbios protagonizados en el suburbio ‘caliente’ de Slotervaart -contagiados al contiguo de Geuzeveld-Slotermeer-, donde ‘sólo’ han ardido poco más de una docena de coches y ha sido apedreada la comisaría local, y donde los incidentes están siendo protagonizados por unos 35 ‘yihadistas’ urbanos con edades de entre 12 y 17 años. Detenidos una y otra vez, según recuerda la policía. Y soltados una y otra vez, tras un par de días en comisaría, apostillan los agentes en artículos en los principales periódicos del país, entre abiertas acusaciones a los jueces sobre su excesiva ‘comprensión’ con la ya desbordada delincuencia étnica.
Mientras tanto, las organizaciones marroquíes de la capital holandesa piden al “ejecutivo municipal de Amsterdam y a los políticos locales” que “asuman su responsabilidad y no se dejen cegar por los acontecimientos del día, sino que realicen inversiones a largo plazo en la gente”. En la imparable tendencia de los medios europeos -aún no registrada en España- de comenzar a hablar con una crudeza impensable hace unos pocos años, o, incluso, meses, nada menos que la radio estatal holandesa publicaba un artículo en el que el comentarista responsabilizaba a la “corrección política” de que, “durante años”, no se pudieran discutir “de forma abierta” los problemas relacionados con los niños inmigrantes puesto que “cualquiera que se hubiera atrevido, habría sido acusado de flagrante racismo e islamofobia”.
"El héroe de Haarlem"
Con todo, de nuevo la culpabilización recae en la sociedad de acogida puesto que, como afirma el mismo articulista tras recordar la sorpresa de los holandeses al comprobar que los “trabajadores invitados” no regresaban a sus países como habían previsto, los hijos de los emigrantes “crecieron en un extraño y a menudo hostil ambiente por unos padres que no hablaban el idioma (holandés) y que intentaron inculcarles valores morales completamente extraños al país en el que vivían”. En los comentarios, un profesor de la Universidad de Wisconsin-Madison, que se identifica con nombre y apellido, recuerda cómo el gobierno holandés ha rechazado extender la protección a Ayaan Hirsi Ali, “aparentemente prefiriendo que siga el mismo destino que su colaborador, (Theo) van Gogh” y cómo “a pesar de años de ejemplos de musulmanes desafectos rechazando asimilarse, ustedes (los holandeses) insisten en analizar los actuales problemas como si fueran producidos por jóvenes descarriados que pudieran, con orientación, ser guiados para convertirse en buenos chicas y chicos holandeses”. “¿Es que no tienen ningún contacto con la realidad?”, se pregunta el profesor Marshall Onellion.
Sí la tienen, pero son minoría, superprotegida por las constantes amenazas de muerte, y muchas veces proveniente de personajes como Ehsan Jami, nacido en Irán y antiguo musulmán, que se ha hecho famoso por sus denuncias contra los “musulmanes radicales”, de una contundencia sólo equiparable a la virulencia de las amenazas de muerte que recibe sin parar. “No me importa si la gente es musulmana, pero sí me importa cuando sus valores van contra los valores occidentales”, afirma Jami. “Tenemos que dejar muy claro a los inmigrantes musulmanes que no vamos a negociar con nuestros valores”, concluye el apóstata del islam, mil veces amenazado, que se ve a sí mismo como el "héroe" del cuento de Mary Mapes Dodge, donde un chaval tapa con un dedo la fuga de un dique y salva a la ciudad de perecer anegada. Mil veces también recreada en el mundo anglosajón y en la Europa nórdica, la escena del “Héroe de Haarlem”, sin embargo, esta vez, podría parecerse más al desastroso resultado final conseguido por Scrat, la ardilla de ‘Ice Age 2’, intentando taponar con sus patas (foto - vídeo) la inevitable avalancha para salvar su ya mítica bellota.
