NUEVO DIGITAL Internacional - En una semana, Amsterdam y, ahora, Bruselas: Más de cien heridos en la capital belga durante incidentes a gran escala por parte de turcos que protestaban por los ataques kurdos
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En una semana, Amsterdam y, ahora, Bruselas: Más de cien heridos en la capital belga durante incidentes a gran escala por parte de turcos que protestaban por los ataques kurdos

En una semana, Amsterdam y, ahora, Bruselas: Más de cien heridos en la capital belga durante incidentes a gran escala por parte de turcos que protestaban por los ataques kurdos

26.10.07 • 11:51 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

No hace ni una semana que, en medio de los violentos disturbios registrados en Amsterdam por parte de jóvenes marroquíes, el jefe de policía de la ciudad holandesa advirtiera de que Europa arderá como París debido a las volátiles comunidades musulmanas en la Unión. A pesar de la inmediata y escandalizada desautorización del ministro del interior holandés a las palabras del agente, las profecías no tardaron en cumplirse más que unas pocas horas, a pocos cientos de kilómetros de allí. Todo distinto, pero todo lo mismo. Esta vez ha sido Bruselas en vez de Amsterdam; esta vez ha sido la minoría turca en vez de la marroquí; y, esta vez, ha sido el conflicto kurdo en vez de los intentos de asesinato de jóvenes magrebíes los que han hecho estallar la violencia. En realidad, no es ni necesaria la potencial inclusión de Turquía en la Unión para que Europa tenga frontera con el Kurdistán iraquí. Millones de emigrantes turcos en el Occidente continental han convertido ya la tensión turco-kurda en un nuevo motivo de conflicto civil en el mismo corazón de Europa.

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Coches, tranvías, autobuses, garajes y refugios de autobuses fueron destrozados por casi un millar de jóvenes de ascendencia turca que arrasaron durante el pasado miércoles varios barrios de Bruselas, dominados por esta comunidad. Las últimas informaciones hablan de diez policías heridos y otro centenar de heridos entre los manifestantes durante los enfrentamientos con las fuerzas de seguridad, que intentaban detener la destrucción de todo lo que cogía a su paso los guerrilleros urbanos, furiosos por los últimos y sangrientos ataques kurdos desde el Kurdistán iraquí. Las informaciones de urgencia en la prensa turca hablaban incluso de coches conducidos por turcos que eran estrellados contra los de la policía, hiriendo a los agentes que se encontraban en su interior. Los balances finales hablan de cien detenidos y, al menos, una decena de policías heridos.

"Exportar los problemas turcos a Bélgica"

Los disturbios se registraron en la conocida como ‘Pequeña Turquía’, que comprende, entre otros, los suburbios de Scharbeek y Saint-Josse-ten-Noode, en el entorno urbano de Bruselas. “Esto es exportar los problemas de Turquía a Bélgica”, decía el regidor de esta última municipalidad. “Es como si uno se estuviera manifestando en favor de la unidad de Bélgica en Turquía”, concluía el responsable municipal, sin añadir mas valoraciones sobre cómo, probablemente, esa hipotética manifestación belga tampoco arrasaría Ankara o Estambul. También el primer ministro, Guy Verhofstadt, demostraba su disgusto por los incidentes con unas palabras de una tibieza calculada, para no añadir más oxígeno a una violencia siempre a punto de inflamarse. Las informaciones que llegan de la zona hablan de estos inmensos barrios periféricos completamente tapizados de banderas turcas, con la luna creciente ondeando en todo lugar visible de las ‘zonas turcas’ en la capital belga.

Todos en Bélgica, sea cual sea su origen, tienen derecho a vivir en libertad. La violencia no es la respuesta”, decía Verhofstandt en su extremadamente tibia valoración. Hace tan sólo unas semanas, el alcalde de Bruselas prohibía una manifestación de repulsa al creciente control de las minorías árabes y musulmanas sobre las libertades en Europa precisamente con el argumento de que una manifestación de ese tipo podría desencadenar una respuesta violenta por parte de tales minorías. Sin embargo, incluso un lejano y enquistado conflicto como el turco-kurdo ya se dirime con acciones de pillaje y destrucción en el propio corazón de Europa, donde los turcos y descendientes de turcos consideran a Occidente como un aliado de los kurdos rebeldes y, muy en especial, del PKK, un grupo terrorista que cuenta por espectaculares carnicerías sobre civiles sus ‘acciones de liberación’.

“Es un café armenio; matadlos a todos”

Varios acontecimientos han incrementado de forma exponencial no sólo la tensión en torno a este conflicto sino, sobre todo, la sensación victimista en una comunidad turca que, tanto en Turquía como en Europa, se considera acosada por la incomprensión occidental. Por un lado, la resolución de una comisión del Congreso de Estados Unidos en la que se condena lo que calificaba de ‘genocidio armenio’ tras la Primera Guerra Mundial, un tema que afrenta hasta límites insoportables a los turcos, tanto que los impulsores de la resolución han terminado por arrugarse y recular. Por otra parte, los ataques del PKK desde Irak a principios de mes -que provocaron la muerte a una docena de soldados turcos- y la ya más que hastiada paciencia de los turcos con las permanentes llamadas a la prudencia por parte de Estados Unidos, que intenta, como puede, detener una ofensiva de castigo de Ankara en el interior de Irak, movimiento militar ya aprobado por el parlamento turco.

Todo esto es lo que se discutía en Bruselas a mediados de semana, pero no en mesas de negociación sino a base de estrellar coches contra la policía y arrasamientos a gran escala. De hecho, todo se llevaba mezclando desde hace días en la caótica y violenta reacción de la emigración turca en Europa. El bar de un armenio en la calle de Saint-Josse era arrasado el domingo cuando unos cuatrocientos turcos entraban al grito de “Es un café armenio, matadlos a todos”, con los clientes refugiándose en los servicios y el propietario quejándose de que la policía no hizo nada por impedirlo. Las informaciones de los medios armenios fuera y dentro de Turquía -confirmadas por los occidentales- no dejan duda de la cada vez más volátil ira turca en múltiples frentes, la mayor parte de ellos antioccidentales en su origen o en sus consecuencias, sensación que malamente se intenta tapar desde Ankara con constantes apelaciones de sus autoridades a la ‘modernidad’ y cada vez mayor ‘occidentalización’ y 'centrismo' de su pueblo.



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