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Líderes conservadores británicos exigen la reforma del Parlamento de Londres para evitar el voto de los escoceses en temas de incumbencia inglesa

Líderes conservadores británicos exigen la reforma del Parlamento de Londres para evitar el voto de los escoceses en temas de incumbencia inglesa

29.10.07 • 03:11 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

En el Reino Unido, la ‘devolución’ de poderes a Escocia está provocando una extremadamente volátil situación en la que rencores y agravios dividen por días a ingleses y escoceses. Algunos conservadores en Westminster quieren terminar de una vez por todas con los agravios mediante la invocación de la denominada ‘Cuestión West Lothian’. Traducido en términos españoles vendría a ser algo así como modificar las Cortes generales para que los diputados catalanes no pudieran votar en asuntos que afecten -sólo o en parte- a Valencia, Andalucía o Madrid ya que los diputados nacionales españoles poco influyen en lo que se decide en y para Cataluña. En el Reino Unido, el ‘golpe inglés’ contra el separatismo de Edimburgo ya levanta los hachas de la revancha y se alía, 'de facto', con los partidos independentistas escoceses.

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El mapa de Europa no está cerrado. Ni con mucho. Mientras desde la Bruselas de la Unión, la alta y aislada burocracia europea, ajena a los intereses y demandas de las poblaciones nacionales, intenta una construcción continental llena de incertidumbres, varios países del flanco occidental -en especial, Bélgica, Reino Unido y España- parecen abocados a lo que ya se califica como un proceso de ‘balcanización’ similar al de la explosiva Europa oriental, de donde surge el término y en donde las inestabilidades sólo se aplazan, no se solucionan.

El pasado sábado por la noche, la enorme campanada debió resonar más que las del ‘Big Ben’ -ahora mudo, por limpieza- en el vacío y gigantesco caserón de Westminster. El Observer -edición dominical del Guardian- publicaba a todo trapo cómo el líder ‘tory’, David Cameron, apoyaría un plan de destacados líderes de su partido para recortar los poderes de los parlamentarios escoceses, de forma que estos no pudieran votar en asuntos que afectaran a los ingleses, sanidad y educación, entre otros. Calificado como “la más radical remodelación del Parlamento en más de un siglo”, la información del sábado por la noche, adelantada ya de la edición del domingo, extraía las corrosivas consecuencias que se derivarían para el funcionamiento legislativo en el Reino Unido, entre otras, que el actual primer ministro, el laborista Gordon Brown, no pudiera votar ni decidir en asuntos de incumbencia inglesa dado su carácter de diputado por la circunscripción escocesa de Kirkcaldy y Cowdenbeath, donde, por otra parte, los ‘tories’ disfrutan de una implantación casi residual.

El separatismo inglés del agravio comparativo

La información provocaba un terremoto en la política británica del fin de semana. Por detrás, el creciente rencor de los conservadores ingleses -y británicos, en general- sobre lo que se percibe como un trato de favor presupuestario y político a Escocia dado su poder político en el Parlamento de Londres. Alguna pinta de ‘week-end’ y algún whisky, sin duda, ‘Scotch’, debieron atragantarse en muchas gargantas laboristas con el nuevo impulso a la envenenada ‘Cuestión West Lothian’, que plantea el agravio comparativo de ingleses respecto a escoceses dado que estos pueden votar en el Parlamento central sobre asuntos que afectan a los ingleses (en exclusiva o no) aunque estos no disponen de voto en asuntos que incumben a Escocia.

La fuerte tensión entre los dos ‘countries’ británicos está provocando un creciente sentimiento separatista entre los ingleses -del 33 por ciento, según las últimas encuestas, y subiendo-, que se quejan de cómo el poder político escocés está terminando en una discriminación presupuestaria de los otros territorios del Reino Unido, muy en especial, en Inglaterra, donde educación y sanidad se enfrentan a tan graves problemas que los colegios se encuentran en pleno caos mientras se cuentan ya por decenas de miles los británicos que, cada año, prefieren viajar al extranjero -India principalmente, pero también Hungría, Turquía, Alemania, Malasia, Polonia o España- a someterse tanto a operaciones quirúrgicas imperiosas como al tratamiento de simples problemas bucodentales.

'Scotland 10, England 0'

Desde Escocia, todo este rencor se devuelve de forma harto altanera. Desde el poderoso e independentista Partido Nacional Escocés se anima a los ingleses a copiar su gestión de los servicios públicos. El SNP, por sus siglas en inglés, insertaba recientemente anuncios publicitarios en los periódicos regionales en los que se podía leer un extremadamente desafiante ‘Scotland 10, England 0’ en referencia a la gestión de los servicios públicos básicos. En la conferencia anual de los nacionalistas escoceses, celebrada el pasado fin de semana, Alex Salmond, el primer ministro escocés, se burlaba abiertamente de los laboristas en Londres -que, este año, perdieron por primera vez en medio siglo las elecciones al norte de Edimburgo- al deslizar su esperanza de que el país perdone su euforia por los éxitos escoceses. Ni tan siquiera se sofocaron las risas de la afrenta contra los ingleses en la convención independentista gobernante desde Edimburgo.

Fue aparecer en la edición electrónica del Observer/Guardian la información sobre el golpe de mano constitucional en el Reino Unido y llegar las ondas sísmicas al Times, donde la edición dominical del Sunday Times ya avanzaba en Internet cómo, a pesar de lo que se dijera desde el diario laborista de la competencia, David Cameron no habría apoyado la reforma necesaria para estrangular lo que se ve como injusto desequilibrio de las fuerzas políticas en el Reino Unido por el alto poder no simétrico de los nacionalistas escoceses. En todo caso, ni con mucho el tema se encuentra cerrado. La ‘West Lothan question’ sigue aleteando por los altos techos de Westminster como una amenaza para un Reino cada vez menos unido, en una Europa donde los Balcanes extienden ya su letal influencia mucho más al oeste de Kosovo, desde Cataluña y el País Vasco español, a Escocia y a la Bélgica del separatismo flamenco, ya en pleno cenagal político por el enfrentamiento con la mitad francófona valona.



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