La "aversión al riesgo" dispara la percepción de acoso escolar: Un ex asesor del gobierno británico ataca en un duro libro la histeria en torno al 'bullying'
X- CALOUSTE GULBENKIAN FOUNDATION - TIM GILL-'No Fear: Growing up in a risk averse society' (descarga gratuita en pdf - en inglés)
El término ‘bullying’ está tan de moda entre pedagogos y psicólogos como el de ‘arguido’ entre los periodistas para referirse a los McCann o el de 'moobbing' para cualquier tormentoso asunto de trabajo. Términos extranjeros que hacen fortuna y se repiten sin descanso. Alguien encuentra una calificación para cualquier hecho cotidiano, le aplica un nombre, echa a rodar la rueda y entonces brotan ‘expertos’ como setas, algunos tan alucinados como alucinógenos son los hongos que pronto desaparecerán de las ‘cafeterías’ holandesas. Después, miles y miles de reportajes realimentarán la histeria correspondiente hasta que alguien -generalmente en los países donde surgió la quemazón- intente poner orden en el delirio mediático, que, para entonces, habrá empujado a los gobiernos a desvaríos legislativos que seguirán avivando la agitación. ¿Qué hay tras el desasosegado ardor en torno al denominado ‘acoso escolar’? ¿Cuándo se convirtió la burla de los compañeros de escuela en una apocalíptica amenaza para el desarrollo de la criatura, sus descendientes y casi la civilización? Es más: ¿No serán los niños los grandes perjudicados por la sobreprotección de una trastornada turbamulta de pedagogos, psicólogos, políticos y padres? En el Reino Unido, un ‘experto’ acaba de amotinarse en el abarrotado camarote de sus compañeros ‘expertos’.
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“Los niños no son siempre agradables entre ellos, pero la gente tampoco es agradable siempre entre sí. El mundo no es de esa forma. Una de las cosas que corre peligro de perderse es que los niños empleen su tiempo con otros niños fuera de la vista de los adultos mientras hacen crecer un sentimiento de consecuencias sobre sus acciones sin que alguien esté encima de ellos”. Son palabras de Tim Gill, un antiguo asesor del gobierno británico sobre infancia y, actualmente, consejero sobre política infantil para el Partido Conservador. Su libro ‘No Fear: Growing Up in a Risk Averse Society’ (‘Sin miedo: Crecer en una sociedad con aversión al riesgo’) acaba de ser publicado esta semana y ya se ha convertido en una revolución por la contundencia con la que su autor ha entrado a acosar a padres, alumnos y ‘expertos’ en general que califican con el alarmista término de ‘bullying’ lo que no son más que roces y disgustos entre niños, como siempre fue y será.
"Papá, sufro 'bullying'"
Gill quedó él mismo traumatizado cuando su propia hija, una niña pequeña, acudió a él quejándose de que tres niños la habían “acosado” (“bullied”) al reirse de ella mientras jugaba. “Lo que me impresionó fue el uso de la palabra ‘bullying’ para describir eso”, asegura el entonces ya atribulado padre por la sorprendente precisión en el uso de un término ‘técnico’ por parte de una niña pequeña. “(En la palabra) ’Bullying’ es donde se sostiene la victimización y donde se encuentra el poder del desequilibrio. Yo no estoy diciendo que debería permitirse una crueldad desenfrenada, pero sí que una opción fuera preguntar (al niño): ‘¿Puedes solucionar por ti mismo el problema?”.
Para Gill, existe una extremada sobreprotección de los niños que les hace vivir en una vida “envuelta en papel de burbujas” y “entre algodones”, lo que les impide preparar su personalidad para enfrentarse y sobreponerse a las dificultades de la vida. En opinión del autor del libro, demasiados “incidentes” entre niños son calificados de “maltrato sostenido” y terminan convertidos en “incidentes” graves por los adultos al ser calificados de ‘bullying’. “En una atmósfera de creciente atención de los medios y el público, existe un riesgo real de que los adultos reaccionen de forma exagerada y eliminen un comportamiento que, a diferencia del ‘bullying’, desempeña un papel clave en que los niños aprendan por sí mismos a lidiar con las dificultades de las situaciones sociales”.
La "aversión al riesgo" en un "estado-niñera"
Mientras tanto, el gobierno británico se gasta 83 millones de libras investigando el abuso escolar cuando, en opinión de Gill, estarían mucho mejor utilizados en la investigación y el combate del maltrato de los niños en sus propias cosas, puesto que la mayor parte de los niños maltratados lo son por miembros de sus familias. El pánico de los padres a lo que le pueda suceder a sus hijos se ha desbocado por casos como el de Madeleine McCann, pero, según el asesor de los conservadores, los niños no corren ahora mayores peligros que hace veinte años. “Esto no es una llamada incondicional a la desregulación de la niñez: los niños necesitan adultos que les ayuden a mantenerse seguros, y, por supuesto, debemos aceptar esa responsabilidad”, concede Gill. “Pero, antes que tener un estado-niñera, donde la aversión al riesgo domine el paisaje, deberíamos aspirar a una sociedad amigable con los niños, donde en las comunidades se preocuparan unos de otros y de los niños. Y el estado tiene un importante papel que jugar para fomentar esa visión”.
