NUEVO DIGITAL Internacional - Imagen de Estados Unidos en el exterior: Ortega y Gasset, citado por la alta diplomacia estadounidense como prototipo de antiamericanismo
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Imagen de Estados Unidos en el exterior: Ortega y Gasset, citado por la alta diplomacia estadounidense como prototipo de antiamericanismo

Imagen de Estados Unidos en el exterior: Ortega y Gasset, citado por la alta diplomacia estadounidense como prototipo de antiamericanismo

05.11.07 • 03:36 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Y no sólo Ortega. También Oscar Wilde. Añejas poses de ‘superioridad’ europeísta son convertidas en categoría por la alta diplomacia de Estados Unidos, cada vez más atascada en su quizás imposible esfuerzo de relaciones públicas internacionales. La reciente dimisión de Karen Hughes no sólo ha vuelto a recordar sus torpes deslices sino también la escasísima finura de quien era la máxima embajadora de la marca estadounidense en el exterior. Unas pocas horas después de que Condeleezza Rice asistiera compungida a la renuncia voluntaria de otro más de los destacados personajes del ‘Círculo de Texas’ que abandona al presidente Bush, otra mujer, en Europa, intentaba explicar “lo que Estados Unidos está haciendo para mejorar su imagen en el extranjero”. Era entonces cuando Ortega, europeísta con décadas de adelanto a la concepción política de una Europa unida, pero, sobre todo, radical defensor de los valores occidentales, era puesto en la picota por quienes, precisamente, más alianzas intelectuales de alto nivel pudieran encontrar en los libros del filósofo español.

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¿Existen las misiones imposibles? Sin duda. Benedicto XVI se reúne esta semana con el rey Abudlá de Arabia Saudí. Por un lado, el hombre que incendió el tan delicado y sensible como explosivo orbe musulmán con su discurso de Ratisbona; por el otro, el jerifalte que reina como un déspota podrido de dinero en un país que confisca las biblias y los crucifijos al traspasar sus fronteras mientras siembra la Europa occidental con las más extremistas y sanguinarias exigencias del islam wahabista contra los infieles. Ratzinger vino a decir en su conferencia que el islam es intrínsecamente violento; sus palabras fueron protestadas por devotos musulmanes incendiado iglesias y matando cristianos mientras, desde Riad, se seguía bombeando las principales mezquitas británicas de propaganda exigiendo decapitaciones, lapidaciones y ejecuciones de apóstatas surtidos e infieles en general.

"Musulmanes, ¡alcanzad el cielo!"

Desde Estados Unidos se reconoce ya que el esfuerzo de relaciones públicas con el mundo islámico ha sido tan amplio en intenciones como fracasado en resultados. Mientras, en el Israel de la guerra contra Hezbollah se preguntaban qué podían hacer para mejorar la imagen de un país que se defiende de unos vecinos que han jurado echarle al mar -si no borrarle de la faz de la Tierra-, en Estados Unidos, Bush ya había nombrado una superembajadora de relaciones públicas internacionales, y lo había hecho en la persona de una de sus más íntimas colaboradoras, perteneciente al denominado ‘Círculo de Texas’ que ha acompañado toda la carrera política del presidente norteamericano. Pero Karen Hughes no sólo no mejoró las relaciones con las extraordinariamente volátiles comunidades musulmanas en todo el mundo sino que afrentó a entornos muy próximos a Occidente en general, y a Estados Unidos, en particular, mientras, además, avergonzaba en su propio país con declaraciones de lengua rápida de gatillo y lenta en la salivación de las potenciales reacciones.

Incluso desde diarios inequívocamente occidentalistas como el Daily Star de Beirut se masacran sin piedad las muestras de torpe arrogancia que Karen Hughes fue sembrando por un mundo musulmán que, sin embargo, debía acercar a los puntos de vista de Estados Unidos. “Nunca entendió que su estilo de animación (“cheerleading”) de arrogancia cultural y moral (‘¡Adelante, musulmanes, adelante!’, ¡Alcanzad el cielo! Podéis ser modernos y democráticos si lo intentáis con fuerza’) era parte del problema y no parte de la solución”, escribe un columnista del diario libanés.

"El circo de la diplomacia estadounidense"

Desde casa, el Washington Post recordaba los torpes intentos de Hughes de ganarse a las conservadoras opiniones públicas islámicas declarando “Soy una mamá, adoro a los niños”. La potente agencia Arab News la calificó de “dolorosamente incompetente” mientras Al Jazeera la etiquetaba como “la payasa de la carpa de entrada en el circo de la diplomacia estadounidense”. Precisamente desde la corresponsalía de Arab News en Washington se recordaba el amplio acuerdo en los despachos nobles de la capital federal sobre cómo la imagen del país no sólo no ha mejorado sino que, en muchos casos, ha empeorado tras la gestión de Karen Hughes, poco ayudada por incendiarias declaraciones como las de Donald Rumsfeld denunciando la aversión de los musulmanes "al trabajo físico".

Prácticamente horas después de que la superembajadora de relaciones públicas anunciara el abandono de su cargo ejecutivo en las proximidades de la secretaria de estado (aunque permanecerá como asesora de Condoleezza Rice), en la sede londinense de la Chatham House, la vicesecretaria para Asuntos Europeos y Euroasiáticos se despachaba con una conferencia en la que intentaba reflejar los esfuerzos estadounidenses por hacer entender su política y su imagen en el exterior. Según el texto de la conferencia, publicado en la web del propio Departamento de Estado, Collen Graffy reconocía la “burbuja” en la que se vive en Washington y la imperiosa necesidad de “escuchar” lo que se dice en el exterior para escapar a ella. Hablando en un think-tank británico e intentando presentar los esfuerzos de defensa de los valores occidentales, Graffy no encontró mejores citas que las añejas condescendencias de Oscar Wilde y José Ortega y Gasset para ilustrar el antiamericanismo europeo.

Vargas Llosa: Los "despropósitos" de Ortega

“Y entonces está el famoso novelista europeo que escribió que ‘América es el único país que pasó de la barbarie a la decadencia sin una civilización entre medias’, o el eminente filósofo europeo que dijo que América no podría reclamar grandeza porque no tiene historia, tiene poca experiencia, y no ha sufrido aún de verdad”, dijo el jueves pasado la máxima responsable de la diplomacia estadounidense en la región euroasiática. En todo caso, a pesar de los esfuerzos de algunos estudiosos por reconciliar la conexión de Ortega con Estados Unidos y destacar las alabanzas del germanófilo y europeísta filósofo al país norteamericano, ciertamente el autor de ‘La rebelión de las masas” se hundió miserablemente en la incomprensión, en la falta de perspectiva y en la carencia de previsión sobre lo que Estados Unidos iba a representar en el siglo XX. Ha sido precisamente Mario Vargas Llosa quien, analizando precisamente el más conocido y visionario ensayo de Ortega, resaltó “las predicciones fallidas (en torno a Estados Unidos) en un libro repleto de profecías cumplidas”. El novelista hispano-peruano destacaba los “despropósitos” de Ortega al ver en los estadounidenses el prototipo de “hombre-masa” y predecir la incapacidad del país de desarrollar una ciencia como lo hizo Europa.

Sin embargo, con la ultradefensa de los valores occidentales que Ortega llevó en su desarrollo al de una Europa unida, los puntos de vista que el filósofo español traladó al ámbito europeo se demuestran como una ocasión perdida de aprehender sensibilidades que se encuentran en la base de la construcción intelectual de la América liberal, en un desarrollo que, los más destacados discípulos de Ortega, como Julián Marías, sí supieron conectar directamente con Estados Unidos. Por lo demás, cuenta la leyenda creada por el propio Wilde que el escritor británico, al acudir a Estados Unidos invitado a una gira de conferencias, afirmó en la aduana: “No tengo nada que declarar salvo mi genio” -frase ahora convertida hasta en reclamo de provocativa papelería de consumo estadounidense- y cómo el exquisito creador fue mejor recibido en una localidad minera que en las grandes ciudades y sus grandes periódicos donde se ridiculizó su esteticismo como clásico de la decandente Europa, ya por entonces vieja y caduca a los ojos estadounidenses.



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