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Líderes musulmanes británicos salen en defensa de la Navidad tras el abrasivo informe en favor del multiculturalismo elaborado por el principal think-tank laborista

Líderes musulmanes británicos salen en defensa de la Navidad tras el abrasivo informe en favor del multiculturalismo elaborado por el principal think-tank laborista

09.11.07 • 03:37 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Noviembre. Luces navideñas instaladas desde finales de octubre y tradicional ataque multiculturalista/laicista contra las fiestas hasta enero. Eterno retorno, anuales escaramuzas desde Estados Unidos a Europa. Sin embargo, cada vez son mayores los signos de que las frenéticas embestidas de corrección política de las falanges revisionistas y autoculpabilizadoras -que ya han entrado a saco en los colegios- no son tan bien recibidas por aquellos a quienes desean complacer. Los líderes musulmanes más centrados -y hábiles- comienzan a percibir el enorme resentimiento que levantan estos embates entre una población a la que se impone la renuncia a sus costumbres y festividades de siglos -y milenios- en virtud de una voluntad de ‘no ofender’ a los inmigrantes de otras religiones y costumbres. Un informe elaborado por el think-tank de cabecera del laborismo británico acaba de provocar la madre de todos los terremotos políticos y sociales al proponer una serie de medidas de una extremada radicalidad en busca de “una nueva identidad británica” para un país que “ha dejado de ser cristiano”.

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El informe aún no ha sido publicado, pero algunas copias ya corren en manos de parlamentarios y periodistas. Desde el Institute for Public Policy Research, que ya ha logrado colocar como decisiones de gobierno algunas de sus más polémicas propuestas, se afirma que las conclusiones del estudio están siendo manipuladas por los conservadores, y que la ultraderecha va a seguir sacando tajada electoral del rencor contra ‘los otros británicos’. Lo último es indiscutible: el British National Party no tardaba ni horas en lamentar los colegios del país donde los niños ya no celebran las Navidades “por miedo a ofender al personal de otras culturas”, aunque también aclara que no se opone a que cualquiera celebre sus propias tradiciones. Sin embargo, el ‘turmoil’ ha sacudido a partidos y medios de todos los colores, menos a los del laborismo, que se ha mantenido silencioso bajo un Gordon Brown que escucha con atención la cháchara multiculturalista, y en el recuerdo de un (muy cristiano y, quizás, muy católico) Tony Blair que terminó aborreciéndola pero que enviaba tarjetas de “felicitación de estas fiestas” y no tarjetas navideñas.

“Va a ser muy duro eliminar las Navidades”

De lo que no se le puede acusar al Institute for Public Policy Research es de no venir avisando. Hace casi justo un año, el think-tank ya establecía cómo el Reino Unido se estaba vaciando de británicos y se llenaba de inmigrantes procedentes del Tercer Mundo. Lo que viene a decir ahora es que el Reino Unido ya ha dejado de ser exclusivamente cristiano y, por tanto, eso significa que, en términos generales, ya no es cristiano, por lo que “la imparcialidad dicta que demos reconocimiento público a las culturas minoritarias y a (sus) tradiciones”. “Si vamos a continuar festejando las Navidades -y va a ser muy duro eliminarlas de nuestra vida nacional incluso si queremos hacerlo-, entonces las organizaciones públicas deberían festejar también otras grandes festividades religiosas”, afirma el estudio filtrado a la prensa. Sin embargo, lo que más encrespó los ánimos fue la llamada a “degradar” las Navidades con el objetivo de no incomodar a otras culturas y religiones, y favorecer así las relaciones entre las razas. Incluso desde los grandes medios de referencia, el lenguaje utilizado por varios articulistas ya abandonaba por completo la serenidad del análisis publicado y se dejaba caer en explosivos titulares del tipo “Dejemos de pretender que todas las religiones son iguales”, como se clamaba a toda pastilla y con extremada irritación desde el Times de Londres.

Sin embargo, la de las Navidades era sólo una entre el aluvión de propuestas para asentar el “nuevo carácter británico”. También se proponen políticas para “asegurar el acceso” de las minorías étnicas a un ámbito rural “predominantemente blanco”; se recomienda una revisión del sistema británico “imperial” de títulos y condecoraciones -quizás, con la mente en las furibundas condenas árabes y musulmanas al nombramiento de Salman Rushdie como caballero del Imperio-; se pide expulsar a los obispos anglicanos de la Cámara de los Lores; se sugiere que concluya la educación religiosa “sectaria”; y, por último, y como gran fin de fiesta, se plantea que la ‘provocativa’ Union Jack -sometida, como la Cruz de San Jorge inglesa, también a una dura ofensiva multiculturalista y ‘buenista’ incluso en los campos de fútbol- deje de ondear en los mástiles británicos en favor de “otras banderas”. La reacción a tales propuestas esta vez llegó también desde las filas menos previsibles pero cada vez más preocupadas con el creciente e imparable resentimiento de un país que se autocastra a sí mismo.

"Los jóvenes musulmanes, desilusionados con el Reino Unido"

“No nos satisfaría que se quite importancia a cualquier festividad. No creemos que la igualdad se consiga quitando importancia a nadie”, decía un destacado imán de Leicester, por cierto, la primera ciudad británica que, a comienzos de la próxima década, dejará de ser predominantemente “blanca”. Ibrahim Mogra pertenece al denominado Christian Muslim Forum, una influyente organización que agrupa a imanes y obispos y en donde se ha iniciado una ofensiva conjunta para mantener viva la Navidad, de forma que no suceda como, por ejemplo, en Birmingham. En la ciudad inglesa, ya desde 1998, las festividades cristianas pasaron a denominarse Winterval, una palabra que funde los términos ‘winter’ y ‘festival’ y que denomina acontecimientos multiétnicos y multireligiosos de todo tipo alrededor del solsticio de invierno, acontecimientos que duran desde octubre a enero del siguiente año, y que engloban, como una festividad más, a las Navidades -puro "marketing de San Pablo", según el laborista Guardian-, entre un cúmulo de celebraciones que van desde las inspiradas por religiones monoteístas a las basadas en politeísmos africanos e, incluso, en creencias paganas.

Desde el think-tank, todo el revuelo organizado ha herido la sensibilidad de los autores del estudio. Uno de ellos salía al paso del torbellino de acusaciones para desmentir que en el informe -aún no publicado, pero sí filtrado- se pidiera “degradar” las Navidades. Sin embargo, Rick Muir destacaba que “muchos jóvenes musulmanes estén profundamente desilusionados con los aspectos de la política y la sociedad británicas” para justificar políticas “progresistas” que “cumplan con la diversidad de identidad de las culturas minoritarias”, aunque “eso no signifique fiestas equivalentes para todas las religiones”. En un texto aun más políticamente correcto que la sarta de propuestas filtradas a la prensa, el autor del informe intentaba dejar claro que el multiculturalismo no debería entrar en colisión con la búsqueda de nuevas “actitudes e identidades” para el Reino Unido. Muchos se temen que, ante el enorme revuelo organizado con las propuestas que se contemplaban para alcanzarla, la versión definitiva vaya a ser profundamente modificada para no provocar aun más rechazo por parte de quienes deberían beneficiarse con la ya casi molesta quinta columna de ruidosos pero incansables 'comeflores' que, sin embargo, ha conseguido ya eliminar decoraciones navideñas por todo el país para no ofender la diversidad étnica del Reino (anteriormente) Unido y ahora profundamente resquebrajado por cuitas intraterritoriales e interreligiosas.



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