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La policía de Los Ángeles renuncia a 'mapear' a los musulmanes de la ciudad sólo días después de hacer público el proyecto

La policía de Los Ángeles renuncia a 'mapear' a los musulmanes de la ciudad sólo días después de hacer público el proyecto

19.11.07 • 04:18 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Ni una semana ha tardado la presión de las fuerzas vivas angelinas -prensa de referencia y organizaciones 'de derechos humanos'- en derribar el proyecto del departamento antiterrorista de la policía local. El jefe del cuerpo lo reconocía con la habitual espectacularidad estadounidense: “In police parlance, it is DOA -Dead on Arrival”. Pero las sonoras siglas no ocultan el no menos resonante testimonio de los expertos antiterroristas independientes que confiaban en la audacia del camino emprendido. Un mando retirado del FBI, especializado en contraterrorismo, lo resumía de una forma no menos gráfica: “En los viejos tiempos, cuando investigábamos la Cosa Nostra, no empezábamos a mirar en los barrios de polacos”.

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La policía de Los Ángeles lo intentó vender como un esfuerzo para identificar y entrar en contacto con las comunidades musulmanas con el fin de que las políticas sociales llegaran a zonas sumidas en la oscuridad oficial. Sin embargo, el que fuera el departamento contraterrorista del cuerpo indicaba bien a las claras cuál era el fin último de ‘mapear’ a los musulmanes de la gigantesca región angelina. Inmediatamente se comenzó a hablar de ‘profiling’ religioso y étnico, acompañadas las agrias protestas con las habituales calificaciones de gruesa sonoridad sin la aérea efectividad de las siglas anglosajonas. “Islamofobia” y “racismo” se convirtieron, de nuevo, en las turbias acusaciones, evocadoras de terribles ecos históricos.

La Cosa Nostra no era cosa de polacos

Incluso Los Angeles Times -que primero recibió la filtración del proyecto, y después, lanzó a las walkirias de la corrección política contra él- se vio obligado a recoger las opiniones de expertos contraterroristas que veían, cuanto menos, “algún valor” en la recolección de “datos”. “Ciertamente, han cortado una oportunidad de acercarse a los objetivos potenciales”, decía en el diario un destacado oficial del contraterrorismo del FBI. “En los viejos tiempos, cuando investigábamos la Costa Nostra, no empezábamos a mirar en los barrios de polacos”, sentenciaba Brian Levin.

Desde los altos mandos de la policía de la ciudad se insiste en que la intención no era una “discriminación racial” (“racial profiling”) sino “conocer nuestra comunidad (...). Entender quién tiene el liderazgo, cuáles son los sitios de culto, dónde están los colegios... Es lamentable que este esfuerzo no haya sido comprendido desde su propia concepción”. Entre quienes no habían entendido “desde la propia concepción” el plan se encontraba nada menos que el propio alcalde de la ciudad, Antonio Villaraigosa. O, al menos, eso ha parecido, puesto que nunca ha condenado públicamente el proyecto.

Mejor en USA que en los países del "miedo"

De hecho, la ‘condena’ de la máxima autoridad municipal venía de su segundo, el vicealcalde Arif Alikhan, casualmente un musulmán. La cadena de opiniones oficiales ha sido tan barroca como la siguiente: Un portavoz de la alcaldía dijo que el vicealcalde dijo que el alcalde le había dicho al jefe y subjefe de policía que el proyecto iba a “causar miedo y aprensión en la comunidad musulmana” y que, por ello, iba a ser “contraproductiva”. El Jefe Bratton, el de la “Dead on Arrival”, lo resumía de una forma más directa, dejando caer más desaliento: “Nosotros vigilamos esta ciudad con el consentimiento y cooperación de la comunidad. No lo hemos tenido aquí, y no seguiremos con este programa”.

Desde la comunidad musulmana se insistía en que las ‘parroquias’ islámicas estadounidenses son muy diferentes de los incendiarios vecindarios de sus hermanos de fe en Europa. Según los líderes de la comunidad islámica, en Estados Unidos, los musulmanes se encuentran muy dispersos y han elegido ser estadounidenses, de forma que no cambian al país de adopción por las tierras de la Umma donde reina el “miedo”. No es lo que dicen las varias operaciones antiterroristas lanzadas contra musulmanes radicales y armados en el país, ni los atentados consumados, abortados o fracasados, ni los propios estudios demográficos de organizaciones abiertamente ‘progresistas’, como el de Pew Research, que desvelaba hace menos de medio año cómo una cuarta parte de los jóvenes musulmanes residentes en Estados Unidos apoya los atentados suicidas “para defender al islam”.

Al final, Mahoma irá a la montaña

Los altos cargos de la policía angelina lo habían intentado explicar: “Buscamos comunidades y enclaves basándonos en factores de riesgo que van a quedar probablemente aislados. Queremos saber dónde están los paquistaníes, los iraníes y los chechenos de forma que podamos acercarnos a esas comunidades”. En su defensa del proyecto ante el Congreso estatal, el segundo de la policía de Los Ángeles había advertido de que los cuerpos de seguridad de Estados Unidos se enfrentan a un feroz, amorfo y desconocido tipo de adversario". Sin embargo, Los Angeles Times contraatacó desde sus editoriales con una agresividad poco habitual escupiendo a una policía de la destacaba una “insensibilidad racial y (una) brutalidad” que se “combinaron para minar la efectividad del cumplimiento de la ley -sin mencionar el orden social- en esta ciudad durante generaciones”.

La “brutalidad” del ataque del diario contra la policía de una de las ciudades más violentas del mundo debió poner furioso a alguien en las alturas periodísticas o locales. En dos días, el diario salía a la calle con un amplísimo reportaje sobre cómo esa misma “brutal, racista e insensible” policía del viernes había conseguido reducir en dos tercios los asesinatos en la ciudad y pasaba a ser ayer domingo un cuerpo que había estrechado comprensivos lazos de vigilancia en el vivero de los cachorros de las bandas. ¿Y todo ha quedado en agua de borrajas? No exactamente. El proyecto de 'mapping' podría ser sustituido por una invitación a cuarenta líderes musulmanes para que desarrollen un programa de diez semanas en la academia de la policía, de forma que puedan conocer el trabajo de los agentes. En otras palabras, si la montaña no va a Mahoma, Mahoma irá a la montaña. Definir quién es Mahoma y quién la montaña en esta historia de 'muertes nada más llegar' queda a gusto del lector.



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