La coartada del antisemitismo en la fabricación de la "islamofobia" - Uriya Shavit, historiador en la Max Planck Society: "El miedo europeo al islam no está equivocado"
X- Uriya Shavit, en el Wall Street Journal: “Para los judíos, la tierra prometida siempre fue Israel", mientras que los inmigrantes musulmanes son considerados por los clérigos islámicos como “los embajadores de la nación islámica, los pioneros a los que se ha confiado una misión sagrada”, y, por ello, “Londres no es diferente de La Meca, o París, de Medina”.
- Robert Redeker, en NUEVO DIGITAL (23/01/07): "La islamofobia, el arma de los islamistas contra la laicidad" (traducido al español)
- Mansur Escudero, presidente de la Junta Islámica, a los miembros de su organización: “Debemos ir de lo pequeño a lo grande, sin prisas, ya que nuestras tareas no son coyunturales, sino para siempre” (pdf), en NUEVO DIGITAL (28/12/06) - Córdoba, cabeza de puente - Los conversos musulmanes españoles 'recuerdan' al Papa en su reivindicación de la Catedral de Córdoba que "España es Al-Ándalus y Al-Ándalus es España"
Europa está en deuda con el islam. Es más, Occidente en su conjunto no existiría sin el islam. Nunca habría salido de la (supuesta) "oscuridad de la Edad Media". Profesores árabes y musulmanes de todo el mundo -con especial acritud los que enseñan y residen en los propios países occidentales-, aliados con la izquierda atea o agnóstica pero abiertamente pro islámica -y, en consecuencia, antisemita (o viceversa), según se recuerda incluso desde la 'intellingentsia' universitaria izquierdista en Estados Unidos-, calientan a las audiencias fuera y dentro de la Umma con análisis sesgados donde el victimismo y las acusaciones de “islamofobia” se mezclan con las de “racismo” y advertencias sibilinas de que no habrá paz hasta que Europa no reconozca su “deuda”, y permita que el islam se integre en el continente, como anda advirtiendo de forma clara y contundente la ‘alta intelectualidad’ iraní en los medios de la ‘alta intelectualidad’ española, poniendo solución a seguir el "híbrido histórico formado (en España) por la religión musulmana y el catolicismo”.
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La utilización de palabras gruesas de tan pavoroso sonido como recuerdo no sólo es utilizada por el islam. Desde muchos sectores próximos a Israel se califica de antisemitismo cualquier crítica a la poderosa omnipresencia del lobby judío en Estados Unidos o a cualquier aspecto de las políticas israelíes. Sin embargo, desde hace algunos años, pero muy en especial a partir del 11-S, y ante la brutalidad de los hechos consumados, las organizaciones islámicas han incorporado a su discurso la equiparación de la “islamofobia” ("el fascismo del siglo XXI", según los conversos españoles) con el "antisemitismo”, una sorprendente afinidad en la condena de la persecución de un pueblo como el judío, por otra parte ya condenado a la maldición desde el mismo libro revelado islámico.
Naciones Unidas: Carácter judeo-cristiano de Europa, "muy discutible"
Alá, que, en el Corán, afirma haber convertido a los “impíos” en “monos y cerdos” (7:166), identifica con claridad la parte del impío zoo que “saldrá perdiendo” (5:53): Judíos y cristianos, “amigos unos de los otros” (5: 51), los que “corrompen la tierra” (5:64). Sin embargo, una y otra vez, líderes islámicos en todo el mundo, en especial, en Europa, afirman que la “islamofobia” lleva la marca del “antisemitismo”, y que el primero no es más que una derivación del segundo, por lo que, a la menor crítica al supremacismo islámico, se agitan los espectros de un nuevo Holocausto, con los gobiernos de Londres, París o Berlín casi pensando ya en presupuestar crematorios para millones de inocentes musulmanes.
Pero, ¿qué tiene que ver el antisemitismo histórico europeo con la “islamofobia”, a cuya denuncia se han apuntado con creciente fruición las altas autoridades internacionales de vigilancia del “racismo”, entre otras, precisamente el “relator” de las Naciones Unidas contra el racismo, Doudou Diene, un senegalés casualmente musulmán, que acaba de declarar que el carácter judeo-cristiano de Europa es “muy discutible”?
Uriya Shavit publicaba recientemente en la revista israelí Azure un extenso estudio -republicado en el Wall Street Journal- en el que se metía a fondo en las ‘comparaciones odiosas’ entre la islamofobia y el antisemitismo. Shavit es un historiador e investigador del islam en Europa para la Minerva Foundation, subsidiaria de la Max Planck Society, organización financiada con fondos públicos alemanes, y considerada como una de las entidades de investigación líderes en todo el mundo, si no la principal.
Emigrantes: Los "embajadores de la Nación del Islam en Europa"
Shavit -que también hacía público el año pasado un extremadamente contundente análisis sobre los “orígenes saudíes” de Al Qaeda- reconoce, de entrada, la “tentación de dibujar paralelismos” entre el antisemitismo de la Europa de antes de la Segunda Guerra Mundial y la “islamofobia” que, incansablemente, denuncian los musulmanes en el mismo continente. Pero, ¿en qué se pueden comparar ambos fenómenos y, sobre todo, en qué se pueden comparar las reacciones de los europeos históricos ante judíos y musulmanes como vecinos?
El historiador, judío él mismo, recuerda que Mahoma no sólo funda una religión sino también la “Nación del Islam”, la Umma, y que toda la humanidad tiene como único destino reconocer que, como dice la profesión de fe islámica, “no hay más dios que Alá y Mahoma es su profeta”. Por ello, Shavit destaca cómo “una de las estrategias más populares adoptadas por las autoridades religiosas musulmanas (...) ha sido representar a los emigrantes como embajadores de la nación islámica, como los pioneros a los que se ha confiado una misión sagrada” de conquista religiosa, mientras que, para los judíos, “el territorio siempre ha sido la tierra de Israel y sólo la tierra de Israel”, el único lugar donde “un Templo Judío podía ser fundado” y el mismo territorio donde el sionismo siguió jugando el papel histórico, a partir de entonces, también político.
"El deber de imponer el dominio de la nación islámica"
Sin embargo, para el Islam, “Londres no es diferente de La Meca o París de Medina. Todos esos (lugares) son el domino de Alá, y, en consecuencia, también el domino de la nación islámica”. Tal es el clima ‘intelectual’, pero, para el historiador, la realidad también está acompañando a los hechos. Mientras que los judíos nunca mostraron una voluntad de extensión y dominio, más allá de la furibunda propaganda histórica antisemita, los clérigos islámicos -y muchos de los dirigentes políticos del orbe árabe y musulmán- son muy claros en su voluntad de tomar -por las buenas o por las malas- el control de las tierras infieles, empezando por la española, que es peor que infiel dado su carácter de “apóstata” tras expulsar al islam de sus tierras, como una y otra vez denuncian en sus amenazantes comunicados organizaciones terroristas y semiterroristas de variado pelaje musulmán.
“La nación islámica se nutre de aspiraciones hacia una hegemonía global, una aspiración que promociona a través de los medios de comunicación, mientras que, a sus seguidores, estén donde estén, se les exige que trabajen para cumplir esas aspiraciones”, afirma Shavit. “No hay forma de escapar a una conclusión obvia: Desde un punto de vista ideológico, el miedo europeo al islam no está equivocado: el creyente musulmán residente en el continente está expuesto a una ideología que le impone un deber religioso y político de hacer proselitismo con los cristianos y e imponer el dominio de la nación islámica allá donde sea posible, incluyendo a la propia Europa”.
La lección de las "minorías radicales" en Europa
El que sea una minoría relativa de entre los musulmanes en Europa la que abrace sin titubear los mandatos supremacistas del islam lleva a recordar cómo no debería ser ignorada la “advertencia que la historia ha dado a Europa”: Que “las ideas peligrosas no deben ser ignoradas sólo porque tienen muy pocos leales”. En este sentido, el historiador recuerda que la idea que tiene un musulmán en su mezquita es diferente de la que tiene un judío en la sinagoga. Shavit recuerda que un musulmán “representa un miembro ‘potencial’ de una imaginada comunidad que concibe a Occidente como musulmán, y al islam como el nuevo orden mundial”. “Temer tal eventualidad no es pura xenofobia; está firmemente enraizada en la realidad”, concluye el historiador.
