Intenso debate sobre la "cristianofobia" en el Reino Unido: Un parlamentario conservador pide que se concedan a los cristianos los mismos "derechos completos de las minorías"
XLos foros abiertos por los grandes medios sobre el tema se remontan a las primigenias persecuciones de Roma, pero también a las más recientes de la Kulturkampf prusiana o a la comunista en la Europa oriental. Amparados en el anonimato de la Red, los lectores se abandonan a amargas reflexiones que mezclan un sentimiento de clandestinidad con la lamentación de los agravios recibidos. Los ataques combinados de la “brigada de la corrección política” junto con religiones (ya no tan) minoritarias como el islam, y sus constantes y agresivas denuncias de “discriminación” por las históricas celebraciones occidentales, están llevando a una escabechina de tradiciones de siglos que son respondidas con ‘ocultas’ celebraciones de catacumba festiva. Un parlamentario tory británico ha abierto un gran debate nacional al pedir “libertad de expresión y de religión” para “todos” en el Reino Unido. El máximo responsable del ejecutivo laborista para la “cohesión de la comunidad” -un sij- le ha contestado que el gobierno “reconoce” la “significativa” importancia del cristianismo en el país.
Seguimiento:
Para muchos británicos -practicantes y no practicantes-, el sentimiento de residir en un subterráneo cultural cristiano comienza a resultar tan alarmante que incluso algunos líderes musulmanes -preocupados por el rencor en plena acumulación- han salido en defensa de una navidad asediada por las feroces propuestas multiculturales de, entre otros, los think-tanks del laborismo. Centros de reflexión política como el Institute for Public Policy Research proponían la eliminación del carácter festivo-religioso navideño de una vez por todas, a la vez que una elevación de la "visibilidad" de las celebraciones de otros credos religiosos, en especial, las del islam, con el fin de evitar peligrosos y potencialmente explosivos sentimientos de agravio.
Sin embargo, son muchos en el Reino Unido los que ya encuentran muy difícil encontrar tarjetas navideñas que contengan la más mínima referencia religiosa en inscripciones o ilustraciones, centrándose ambas en genéricos mensajes civiles de armonía y tolerancia, o en las multiculturales teorías del 'new age' políticamente correcto que ya llevaron a Birmingham a sustutir la navidad por el 'Winterval' hace casi una década.
"Rendir las tradiciones cristianas a los partidos del odio"
Así al menos lo ha denunciado, durante un debate parlamentario, el conservador Mark Pritchard, para quien la “cristianofobia” de la “brigada de la corrección política” está dejando en manos de los partidos “extremistas” (es decir, de la ‘ultraderecha’) los tradicionales mensajes navideños. En concreto, Pritchard se mostraba muy preocupado por el hecho de que las tarjetas navideñas del BNP mostraran “a la Sagrada Familia en la cubierta” junto a las palabras “herencia, tradición y cultura”. “¿Está el gobierno preparado para ignorar y rendir las tradiciones cristianas a los partidos del odio?”, se preguntaba el legislador tory. Para Pritchard “ha llegado el momento de matar al dragón de la corrección política” en un entorno donde “la mayor parte de los cristianos sienten que no están siendo tratados de forma justa” y donde ya es necesario exigir para estos los “mismos derechos completos” de los que disfrutan las “minorías”.
Sin embargo, las acusaciones y advertencias de Pritchard eran calificadas por las filas ‘laicas’ como una forma de “malgastar un precioso tiempo parlamentario”. Keith Porteous Wood, director de la National Secular Society, realizaba esa valoración preventiva antes de concluir que “la cabeza del estado es un cristiano, el primer ministro es un cristiano, y casi todos en el gobierno se autodescriben como cristianos. ¿Cómo demonios puede alguien creer que los cristianos están en desventaja o marginados?”.
"Cristianofobia: Una paranoia religiosa"
“Los cristianos no están siendo marginados de la vida pública; si acaso, están sobrerepresentados”, concluía el líder de la NSS, una organización que, desde su página web, proclama abiertamente su voluntad de “defensa de los ateos, agnósticos y otros no creyentes” respecto a los “ataques de los grupos religiosos”, aunque un simple vistazo a la lista de comunicados de la organización basta para comprender que el “peligro” proviene, casi indefectiblemente, de las confesiones cristianas. En este sentido, el debate sobre la “cristianofobia” es calificado por la organización de “estrafalaria muestra de paranoia religiosa”.
De nuevo focalizando el debate en torno a la representación institucional y oficial, y no en el ámbito social, donde está planteado, la National Secular Society recordaba cómo “26 obispos se sientan en la Cámara de los Lores, e Inglaterra tiene una iglesia oficial”. En medio de este abierto enfrentamiento, el gobierno británico también tenía algo que decir, y lo dijo por boca del secretario de estado para la “cohesión de la comunidad”, Parmijit Dhanda, un sij.
“Reconozco abiertamente la completa e histórica significación (del cristianismo) en nuestro país”, concedía Dhanda. En referencia a cómo activistas cristianos "han trabajado duro en el pasado" para asegurar la libertad de expresión y de religión en el Reino Unido, Dhanda concluía que “la tradición cristiana” ha tenido un “significativo impacto” en “la forma en que esas libertades han sido modeladas”. “Deberíamos percibir esto y celebrarlo”, concluía el alto cargo. Sin embargo, incluso allá por las elevadas esferas de la representación institucional, en los últimos tiempos se están produciendo extremadamente llamativas reacciones por parte de las más altas instancias religiosas británicas.
Arzobispo: El castigo "desproporcionado" a la maestra blasfema
El arzobispo de Canterbury, que hace unos pocos días se despachaba con furia en una revista musulmana atacando el “violento imperialismo” de Estados Unidos que ha llevado al “peor de los mundos”, provocaba de nuevo la estupefacción de muchos al considerar “desproporcionada” la condena impuesta a la maestra en el caso del osito de peluche blasfemo. Algunos comentaristas -no muchos más de dos o tres, para ser exactos- se preguntaban cuál habría sido la condena que el arzobispo habría considerado “proporcionada” para la impía profesora.
Son estas ‘comprensiones’ y ‘acercamientos’ los que grupos de defensa de la tradición liberal cristiana -no necesariamente de inspiración o práctica religiosa- interpretan como alucinadas concesiones, no sólo a la barbarie pura y dura de la furia peluchófoba, sino a la disolución de la sociedad occidental de libertades, atacada por la “brigada de la corrección política”, en cerrada alianza con la artillería de la denuncia profesional de la ‘islamofobia’, y en contra de los grupos que permitieron que ambos pudieran expresarse libremente, aunque ahora por la marginación y el ostracismo del rival.
