NUEVO DIGITAL Internacional - NIE sobre Irán - Halcones USA: "Un cuasigolpe de estado"; Espionaje británico: "Han sido engañados por los iraníes"; Medio Oriente árabe: "El inicio de la alianza Washington-Teherán"
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NIE sobre Irán - Halcones USA: "Un cuasigolpe de estado"; Espionaje británico: "Han sido engañados por los iraníes"; Medio Oriente árabe: "El inicio de la alianza Washington-Teherán"

NIE sobre Irán - Halcones USA: "Un cuasigolpe de estado"; Espionaje británico: "Han sido engañados por los iraníes"; Medio Oriente árabe: "El inicio de la alianza Washington-Teherán"

10.12.07 • 03:28 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

¿Están actuando en libre flotación los servicios de la (in)inteligencia estadounidense contra Bush? ¿De qué (exacto) grado de control (preciso) dispone el presidente de Estados Unidos sobre sus servicios de (des)información? ¿Se mezcla la (falta de) competencia del espionaje con su permeabilidad a (oscuras) maniobras (de conspiración) contra los poderes (y controles) democráticos de Estados Unidos? El problema no son las preguntas. El problema son los paréntesis. Demasiados, y todos inquietantes. Demasiadas ocultaciones, confusiones y falsas pistas que impulsan decisiones políticas gravemente erróneas. Desde el primer (supuesto) programa nuclear del Irak de la primera guerra del Golfo, al segundo (supuesto) programa nuclear del Irán de la segunda, pasando por el (más supuesto aun) programa de armas de destrucción masiva de Saddam Hussein junto con la espita del 11-S, las teorías de la conspiración han pasado de ser formuladas por estrafalarios paranoicos de limitada competencia, a ser insinuadas a grito abierto por, precisamente, las oscuras mentes que habrían urdido las maquinaciones según los primeros.

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¿Por qué y con qué autorización se ordenó la destrucción de las cintas que mostraban los interrogatorios de agentes de la CIA a dos detenidos por terrorismo islámico? En ello están los propios investigadores internos de la agencia de información y otros del Departamento de Justicia que, juntos, intentarán determinar el papel jugado por José A. Rodríguez Jr., jefe del Directorado de Operaciones de la agencia hasta 2005, que es quien habría ordenado la eliminación de unos testimonios grabados sobre interrogatorios que, supuestamente, habrían pasado la línea roja del Congreso y de la Casa Blanca sobre la ‘dureza’ permisible a los agentes para extraer información de sospechosos de Al Qaeda.

Bolton: "Un cuasigolpe de estado"

De hecho, tanto el Departamento de Justicia como la propia Casa Blanca recomendaron a la CIA que no destruyera esos testimonios. ¿Por qué se eliminaron entonces? Dos líneas coexisten en las sospechas: una, la de agentes que intentaron aventar el humo de la 'smoking gun' en “torturas” desautorizadas; dos, la de quienes, desolados, ven ahora cómo la desaparición de las cintas va a dificultar gravemente la acusación legal de los detenidos. ¿A quién se está salvando de la quema, a los agentes, o a los propios terroristas? Preguntas sin respuestas para muchas otras preguntas con potenciales respuestas aun más inquietantes.

El asunto de las cintas destruidas de la CIA es uno más de los periódicos escándalos que sacuden la política estadounidense, a merced de sus servicios de información, que algunos ven como servicios de incompetencia, y otros, como, simplemente, brazos ejecutores de secretas conspiraciones de la más turbia política de trastienda. El último en apuntarse a la teoría del ‘golpe interno’ ha sido nada menos que John Bolton, el hombre que encabezaba la delegación de Estados Unidos en las Naciones Unidas en los tiempos de la preparación de la ofensiva contra Irak. En declaraciones a Der Spiegel, Bolton calificaba de “un cuasigolpe de estado” las explosivas revelaciones de hace una semana por las que la inteligencia estadounidense afirmaba que Irán había detenido su programa nuclear nada menos que en 2003, con el corolario implícito de que Bush lo sabía al menos desde agosto.

Espionaje británico: "Les han engañado"

Bolton ve en el informe NIE (National Intelligence Estimate) una influencia de “la política disfrazada de inteligencia” El anterior embajador estadounidense ante las Naciones Unidas es unánimemente descrito como un “halcón” de la Casa Blanca, y en ese entorno se recogen sus declaraciones. De hecho, a comienzos de este mismo año, -y dentro del enfrentamiento con la monitorización iraní de la Agencia de la Energía Atómica, que no veía tantos indicios de alarma en Teherán como Washington se empeñaba en señalar-, el propio Bolton sentenciaba que “un cambio de régimen o el uso de la fuerza son las únicas opciones disponibles para prevenir que Irán consiga la capacidad de (producir) armas nucleares, si es lo que quieren”. ¿Pero qué hace un halcón de la Casa Blanca reconociendo de forma humillante que no controla a sus propios servicios de inteligencia? Cons, neocons y postneocons no sólo maldicen el informe, sino también la división que ha conseguido introducir en el lado republicano del Congreso. Maniobra perfecta... ¿de quién?

Además de las amplias incógnitas de futuro que deja abiertas el NIE, las posibles intenciones políticas tras el “cuasigolpe de estado” coexisten con el otro término de la ecuación que va indisolublemente unido a las agencias estadounidenses de información: su incompetencia. De hecho, así se está filtrando desde el espionaje británico, para el que sus colegas americanos han sido, simple y llanamente, engañados por Teherán, sabiendo los técnicos y militares nucleares iraníes que tenían los teléfonos más pinchados que un muñeco para la enseñanza de la acupuntura, y organizando, de acuerdo con esa constatación, toda una campaña de desinformación y confusión para consumo interno de la CIA, por mucho que esta estuviera reclutando, por su parte, a desertores del lado iraní con ordenadores bien surtidos.

Desde la inteligencia británica se recuerda con desolación cómo el momento del anuncio del NIE ha sido el peor -o el mejor, si se presta oído a los ‘ocultos cálculos’- para minar por completo el entorno político nacional e internacional de presión para imponer mayores sanciones a Irán. Y se desliza el otro factor imprescindible en las teorías de la conspiración: Israel, cuyo gobierno quedaría ahora con las manos libres para actuar por su cuenta sobre Irán.

Conspiranoia árabe: "Washington y Teherán, aliados"

Pero es más: en los medios políticos y periodísticos del Oriente Medio comienza a correr la especie de que la sorprendente envainada de Estados Unidos mostraría bien a las claras un repentino acuerdo entre Washington y Teherán para repartirse la influencia en Irak y, de forma consecuente, formar un frente unido contra el bloque árabe. Estados Unidos ganaría el mejor aliado frente a la hidra musulmana radical en la encarnación del siempre victimista país chíita con ganas de revancha y de expansión frente a la aplastante superioridad sunita árabe. De hecho, en el bloque árabe, entre los infinitos jeques saudíes y los pseudodemocráticos regímenes del entorno a izquierda y derecha, causan mucha mayor desazón las ansias imperialistas de Irán que las de Estados Unidos de control en la zona.

Washington rompería así el espinazo musulmán dividiendo por la parte donde más le duele: en su división sectaria sunita-chiíta, la más sanguinaria, la que más mata en las personas de los mutuos rivales en el favor de Alá, que se odian mucho más entre sí de lo que lo hacen sobre los infieles, sorprendidos por cómo el caos no hace sino aumentar, y cómo la solución podría venir por los siempre insospechables caminos divinos y sus no menos caóticas divisiones y rencillas.



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