NUEVO DIGITAL Internacional - Los judíos, un 'bien' en alza: Israel y Rusia, en abierta competencia por atraer a la diáspora hebrea
NUEVO DIGITAL - Internacional

Los judíos, un 'bien' en alza: Israel y Rusia, en abierta competencia por atraer a la diáspora hebrea

Los judíos, un 'bien' en alza: Israel y Rusia, en abierta competencia por atraer a la diáspora hebrea

12.12.07 • 02:23 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

En Moscú acaba de ser inaugurado el primer hospital musulmán del país. Amparándose en el explícito hecho de que los musulmanes -y, sobre todo, las musulmanas- no pueden ser ni mirados, ni tocados ni curados -ni, sobre todo, ni miradas, ni tocadas ni curadas- como el resto de infieles mortales, la nueva clínica contempla unas extremadamente rígidas pautas para pacientes y personal médico, obviamente distintas según se trate de hombres y mujeres en ambos casos. Putin se reunía el mes pasado con el consejo de muftíes de Rusia que ha promocionado el hospital ‘halal’ y destacaba el, en su opinión, “positivo papel” que juegan los musulmanes en el país. No serán los de Chechenia, desde luego, autores de las más insignes y carniceras masacres de la Rusia contemporánea, y a los que el mismo Kremlin califica de semillero de terroristas mientras los combate con no menor saña. En un país donde se teme abiertamente el inminente y aplastante peso demográfico de las hoy ya muy nutridas minorías islámicas, no son precisamente musulmanes lo que Putin quiere atraer a Rusia, por mucho que dore la píldora a los muftíes. Más bien lo contrario.

[Más:]

Lo ‘contrario’ no sólo se deriva de las fuertes restricciones a la emigración musulmana extranjera, en un país donde la nacional apoya abiertamente a los ‘mujaidines’ que lideran el sangriento caos de Chechenia y similares. Rodeada, además, por el cinturón de repúblicas ex soviéticas y no ex soviéticas terminadas en ‘tán’ -y muchas de ellas ya inmersas en situaciones de diverso grado explosivo, consumado o no-, Rusia no quiere más musulmanes que los que ya tiene, en plena expansión merced a sus no menos explosivas tasas de reproducción hasta el punto de hacer predecir a los demógrafos 'mayorías mayoritarias' para las próximas décadas. Además, en el ánimo del Kremlin pesan las graves tensiones sociales que esas minorías provocan por activa o por pasiva, en el primer caso debido no sólo al terrorismo nacionalista-islámico-checheno, sino también por la peste de la delincuencia ‘étnica’ del mismo origen, cuyas no menos letales bandas son combatidas por un imparable crecimiento de movimientos de ‘ultraderecha’, muchos de ellos sincera y declaradamente racistas y de querencias no menos abiertamente violentas, y no sólo contra los musulmanes sino también en la no menos mortal carne de los judíos.

Rusia quiere 'sus' judíos en Israel...

Muchos ven lo del hospital musulmán para musulmanes como una intolerable intromisión de las creencias religiosas en el sistema sanitario así como una claudicación frente a las crecientes exigencias islámicas de formar una sociedad paralela, que algunos, de entre los anteriores, observar como un simple paso intermedio para imponer sus creencias mientras consiguen la suficiente masa crítica demográfica. En el nuevo hospital musulmán de Moscú, las enfermeras y las doctoras no sólo examinarán únicamente a mujeres, sino que éstas deberán estar acompañadas por los maridos de las pacientes o por otras mujeres, se supone que en previsión de más graves desviacionismos médico-sexuales que los que potencialmente se dan entre médicos hombres y mujeres pacientes. Enfermeras y doctoras irán cubiertas de pies a cabeza con un niqab -no un hiyab, como erróneamente afirman algunas noticias rusas, en habitual confusión de vestimentas femeninas islámicas- que sólo dejará en desnudez manos y ojos. Los hombres serán tratados en una sección separada, y siempre por otros hombres, tanto médicos como personal auxiliar.

Pero en este contexto, lo ‘contrario’ a la dorada de píldora muftí es también la política de recaptación de judíos rusos emigrados principalmente a Israel, en especial tras el advenimiento de la Unión Soviética. Así al menos se denuncia desde los servicios secretos israelíes, que han detectado cómo algunas organizaciones ‘culturales’ patrocinadas por Rusia y destinadas a los israelíes de habla o/y procedencia rusa no son más que tapaderas de planes de reabsorción de las comunidades judías que partieron hacia el estado de Israel. Como casi todo en Rusia, el secretismo es absoluto, y todo está rodeado del habitual ambiente asfixiante y clandestino, se supone que en evitación de un grave encontronazo diplomático con Tel Aviv, un gobierno, además, situado en el otro lado del eje ruso-chino-iraní. Pero lo cierto es que Putin no sólo estaría intentando una maniobra de relaciones públicas desmarcando a su país de la infausta memoria de los bien animados históricos y míticos pogromos rusos, sino que el Kremlin perseguiría intenciones mucho más materiales: atraer población de alto nivel educativo y profesional, y sin especiales connotaciones sociales problemáticas. No como otros, por mucho que diga a los muftís. Y eso es algo que Putin está demostrando con hechos.

...e Israel los 'suyos' en todo el mundo

Cientos de profesionales y profesores de entre los tres millones de judíos de habla rusa en Israel -un tercio de los repartidos por el mundo- están recibiendo suculentas ofertas de trabajo, complementadas con la posibilidad de alojamiento gratuito. El problema no es sólo que un país intente arrebatar ciudadanos a otro, sino que, lamentablemente, Israel se encuentra en otro proceso paralelo de atracción de la diáspora judía internacional hacia el interior de sus propias fronteras. Se trata de una política completamente enfrentada en su planteamiento a la de los países musulmanes, que reparten sus poblaciones por el mundo, con explícitos encargos de muchos clérigos islámicos de servir como embajadores de la fe musulmana, tal y como se denunciaba recientemente al reflejar por qué la ‘islamofobia’ poco tiene que ver con el ‘antisemitismo’, por mucho que los musulmanes presenten el espectro de este último como coartada contra el supuesto fenómeno de la primera.

Y en medio de rusos que quieren a 'sus' judíos de vuelta en ‘casa’, y de israelíes que quieren a todos los judíos en general también 'de vuelta' a lo que consideran ‘casa’ por antonomasia, en el propio Israel algunos se preguntaban los últimos días si, entre lo judíos que se desean de vuelta al hogar, se encuentran los etíopes, de color negro como es bien sabido. La polémica saltaba hace unos días a raíz de un reportaje en un medio israelí que denunciaba cómo niños de origen etíope asistían a clases segregadas del resto de niños que tenían como fin contrarrestar el obligado proceso de ‘cristianización’ al que fueron sometidas sus familias antes de llegar a Israel. El problema con las comunidades judías etíopes siempre ha sido sangrante en el país, donde acusaciones de racismo se mezclan con las de discriminación por la situación de los judíos negros africanos, en lo más bajo de la escala social y educativa. Pero esta ‘segregación’ de niños para impulsar su ‘rejudaización’ ha ido demasiado lejos para muchos y trae muya malas memorias entre una población que aún recuerda ominosos fenómenos ‘parecidos’ en tiempos no tan lejanos ni espacios demasiado distantes.



Aumentar tamaño letra Restaurar tamaño letra  Tamaño de letra
Google

NUEVO DIGITAL / Archivo - Selección