Guerrilla de reglamentos ciudadanos contra Washington: Pequeñas localidades estadounidenses, en rebeldía contra la emigración ilegal y las leyes federales que la toleran
X¿Por qué la Casa Blanca ha iniciado una cruda ofensiva contra la secesión de muchas pequeñas localidades que han decidido ejecutar por su cuenta competencias federales, mientras los candidatos republicanos y demócratas luchan entre ellos, todos contra todos y a brazo partido, para dirimir quién será más inflexible con la emigración ilegal? ¿Qué tiene que ver la modificación de la normativa municipal sobre el pintado de las fachadas de una localidad, con un pastor alemán condenado a muerte, y cuya petición de indulto se encuentra sobre la mesa del gobernador de Nueva Jersey? ¿Por qué nada menos que la Asamblea del estado discute el caso del perro y modifica leyes en favor de 'Congo'? Una nueva revolución se ha declarado en forma de escaramuzas reglamentarias ciudadanas contra el poder de la nueva metrópolis ciega y sorda, ahora no situada en ultramar, sino en Washington, en el mismo Distrito de Columbia donde se aprueban leyes cada vez menos acatadas en cada vez más ciudades.
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Barack Obama y Hillary Clinton compiten entre ellos por ver quién es más 'progresista', quién facilitará más coberturas públicas a las capas sociales más inferiores, y quién se ganará a las minorías étnicas, en especial, a la negra y a la hispana. Pero por algo no pasan: por ir tan a la izquierda que se alejen del país conquistado a la derecha, el que tiene frontera y llega a penetrar en la rígida nación republicana, donde la lucha es aun más cerrada por el mensaje más claro y la descripción más oscura del problema. Y la senadora candidata lo ha dicho por activa y por pasiva, en sonoros y triunfantes discursos, y en apacibles entrevistas de búsqueda de complicidades: ni por asomo contempla cobertura sanitaria pública para emigrantes ilegales. Más a la derecha, mejor ni hablar.
Ilegales: Al amparo de la trampa federal
Pero con el trasfondo de la abortada reforma sobre inmigración que ha dominado una guerra política más feroz aun que la que se libra en torno a Irak, en los barrios, en las pequeñas localidades la cuestión se vive de otra manera muy distinta. “Tenemos dos hospitales en el condado, y ambos tienen las salas de urgencia atestadas con filas de lo que creemos son en su mayor parte inmigrantes ilegales, que están allí para recibir asistencia médica rutinaria. Y la razón de que vayan a urgencias es que saben que, por mandato de la ley federal, los hospitales deben tratarles si la persona dice que es una emergencia, aunque no lo sea”, dice Corey Stewart, presidente del Consejo de Supervisores del condado de Prince William, la máxima autoridad local en esta pequeña localidad de Virginia, próxima a Richmond, uno de los grandes e históricos centros tabaqueros del país, y ya acosada por la violencia de las bandas latinas.
Prince William, un nombre que se ha hecho famoso en la prensa de todo el mundo (excepto en la española, casi por completo incompetente en su ciega mirada a las increíbles turbulencias sociales en el exterior del país de Zapatero, Rajoy y Carod Rovira). Pero donde el nombre del condado maldito resuena en toda su intensidad es en los medios hispanos de Estados Unidos y latinoamericanos al sur del Río Bravo. “Más de 240 arrestos en Prince William”, dice Univisión entre contundentes ladillos que informan sobre la “mano dura” desatada sobre el condado. “Es una decisión firme: Me voy de Prince William”, confiesa en El Comercio ya desde el titular Luis G. Domínguez, ex candidato a sheriff, al justificar su renuncia por “el peligroso grado de xenofobia (de) consecuencias imprevisibles”, un periódico en español que sirve a la zona, cuya influencia alcanza hasta el Distrito de Columbia y que habla del gobierno local de Prince William como del centro de un montón de ciudades “racistas” muy 'crecidas' por la rebelión.
Prince William, contra el Supremo federal: Ni urgencias para ilegales
Otros doce condados vecinos se han unido a Prince William a la hora de acordar la negación de asistencia sanitaria de urgencia a inmigrantes ilegales -rebelados contra la doctrina del Tribunal Supremo que la ordena, convertida en ley-, y en que las policías locales se inmiscuyan en una competencia federal como es la de la inmigración, y se estén dedicando ya a la petición de documentación a potenciales inmigrantes irregulares con el fin de entregarlos a las autoridades federales para su deportación. ¿Y cómo se identifica a un potencial inmigrante ilegal? 'Obviamente', por el color de su piel y por sus rasgos faciales étnicos. No sólo las organizaciones de ‘defensa de los derechos humanos’ han puesto el grito en el cielo. Las propias autoridades del mismo ramo están analizando la situación generada en Prince William, con todos los visos de desembarcar con todo el peso de la ley estatal y federal.
Sin embargo, la rebelión contra las grandes leyes estatales y federales se ha extendido ya por todos los Estados Unidos, donde los pueblos y las ciudades contemplan, con desolación, la incapacidad de sus políticos para ponerse de acuerdo y actuar contra una masiva emigración ilegal que no deja de romper contra el país. La ‘tea party’ de la rebelión local contra la autoridad federal fue abierta, con toda su espectacularidad, en el caso de Farmers Branch, en la corona metropolitana de Dallas. Pero lejos de solucionarse el desafío a cara de perro entre autoridades locales y federales, con organizaciones hispanas muy activas en la guerra -también en el lado de quienes con mayor saña se oponen a la emigración ilegal latina-, en Farmers Branch las cosas van a peor, con un grave enfrentamiento entre la comunidad ‘local’ y la extranjera aposentada por las bravas en su territorio.
Farmers Branch: Fachadas contra emigrantes ilegales
La presión estatal y federal logró que los propietarios de las casas no estuvieran obligados a pedir la documentación a los potenciales inquilinos para comprobar la legalidad de su estatus en el país, como había aprobado el consejo municipal de Farmers Branch, en decisión revocada por un juez fedeal. Así que los activistas antiemigración ilegal buscan y rebuscan cualquier tipo de truco que permita llegar con el acoso reglamentario a donde no llegan con el acoso legal declarado ilegal por tribunales y altas autoridades allende Washington. Por ejemplo, se ha propuesto endurecer la normativa sobre el pintado de las fachadas de las casas. ¿Por qué? Porque los inmigrantes suelen repintarlas con colores chillones, sin respetar las uniformidades de distritos históricos antiguos donde se asientan, y devaluando así el valor del resto de propiedades. ¿Van a meterse las autoridades federales y las organizaciones de ‘derechos civiles’ en la normativa sobre el pintado de las fachadas de las casas de un suburbio victoriano de Dallas?
No se van a meter. Ya lo han hecho. Ven -con razón- que tras el interés por la armonía histórica de colores y decoraciones se desarrolla una nueva escaramuza de la guerrilla contra los ilegales. Y eso es competencia federal. “¿Van a preocuparse los políticos de Washington y los jueces federales en cómo pintamos nuestras fachadas?”, se preguntan en Farmers Branch. Sí, como los ingleses regulaban los más mínimos detalles de las colonias. El mismo grito de rebelión contra las metrópolis políticas sigue resonando en Estados Unidos, ahora contra Washington, en una guerra que más hacia el sur llevó al resurgimiento de la guerrilla fronteriza de patrulla de los Minuteman, hace dos siglos y cuarto contra los ingleses, ahora contra los ilegales y los compatriotas federales que los consideran fuera de la ley, casi terroristas, forajidos, cuatreros de personas.
'Congo', un 'héroe' canino condenado a muerte
A los gritos libertarios a se les han unido los ladridos de un perro. Famoso también en medio mundo. Menos en España. Congo, un pastor alemán residente en Princeton, Nueva Jersey. Unos inmigrantes ilegales llegan para cortar el césped de una casa de la localidad. El dueño advierte que no se bajen del coche hasta que no ate al perro. Los hombres no hacen caso, penetran en el recinto vallado y Congo corre hacia ellos. Uno de los emigrantes, aterrado, se parapeta detrás de la propietaria, la agarra por el cuello y la tira al suelo. La mujer comienza a chillar. Congo salta enfurecido sobre el hombre, que, a su vez, golpea al perro.
Congo le deja para cinco días de hospital y para la apertura de un debate que ha llegado a la mesa del gobernador y a los escaños del parlamento del estado. Giovanni Rivera, el inmigrante hondureño, demanda a la familia. El seguro de los propietarios le indemniza con 250.000 dólares por los daños físicos y morales de la agresión. Además, el juez que supervisa el caso considera que Congo es peligroso y le condena a ser sacrificado. Una oleada de solidaridad con Congo se desata por todo el país, con miles de blogs y sitios en Internet cerrando filas con un perro ya, para entonces, custodiado en un refugio para animales.
"Salvad a Congo; muerte a la escoria ilegal"
El perro “sólo hizo lo que debía” al atacar a la “escoria ilegal” de la inmigración irregular, se dice en la ciudad y en Internet. “Es una desgracia que Congo no trabaje con las patrullas de fronteras. Quizás habría menos ilegales entrando en nuestro país”, se dice desde los mismos foros. “Hemos creado una subcultura en este país (por la que) un inmigrante ilegal es como un subhumano, y eso es un precedente peligroso”, dice el abogado de Rivera. En la Asamblea de Nueva Jersey, el caso de Congo se discute para aprobar de forma urgente un endurecimiento de los requisitos que permiten el sacrificio de perros peligrosos. Se trata de salvar a Congo como sea, con acciones centralizadas desde blogs de apoyo al pastor alemán. “Estaba allí para proteger a mi familia, y nosotros tenemos que protegerle ahora a él”, dice Guy James el propietario de Congo.
Sobre la mesa del gobernador de Nueva Jersey se amontonan las peticiones de indulto para Congo como si se tratara de algún raro y famoso caso de humano condenado a muerte. Nadie sabe si la recién decretada abolición de la pena capital en el estado será suficiente para salvar a Congo o sólo afectará a los humanos, enfrentados a cara de perro también allá fuera, al otro lado de los barrotes del corredor donde caminan los hombres muertos. "Un cortador de césped es herido, y el torrente de simpatía va al perro", titula el New York Times. Así están las cosas en Estados Unidos.
