Sindicato de profesores: Situación "fuera de control" - El inglés es ya un idioma minoritario en uno de cada veinte centros educativos de primaria y secundaria de Inglaterra
XEn septiembre, datos oficiales mostraron que los niños británicos blancos son ya minoría en los colegios de una de cada cinco ciudades y grandes pueblos de Inglaterra. Alumnos de otros orígenes étnicos son ya en estos momentos mayoría en 29 de los 150 distritos educativos ingleses, incluyendo a los grandes centros de Birmingham, Luton, Slough y, sobre todo, la mayor parte de los municipios metropolitanos de Londres, sin olvidar a Leicester, donde la población general no blanca será mayoritaria a comienzos de la próxima década. Blancos -y comunitarios- son, sin embargo, los polacos, cuyo masivo desembarco en el Reino Unido está provocando que los profesores de algunos colegios hayan comenzado a aprender el idioma nativo de Chopin para intentar entenderse con sus alumnos. Los nuevos datos oficiales conocidos esta semana refuerzan una percepción descrita con inusitado dramatismo por los sindicatos de profesores: el inglés es ya una lengua minoritaria en uno de cada veinte centros educativos de Inglaterra.
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El tema está siendo muy agitado por las organizaciones laborales de los profesores, que intervienen ante el parlamento y los medios de comunicación para denunciar una situación que califican como “fuera de control”. Los docentes recuerdan que educar a cada niño que no sabe inglés cuesta hasta 30.000 libras (42.000 euros) suplementarias al año, y que los colegios necesitan desesperadamente fondos adicionales para afrontar una situación que está minando la calidad del sistema educativo general británico, y amenaza con provocar la quiebra financiera y pedagógica de cientos de centros.
Londres: inglés como segunda lengua
La congregación de los hijos de la inmigración es explosiva en Londres. Veinte de las entidades locales con mayores concentraciones de niños que tienen al inglés como segundo idioma se encuentran en la capital del país. En Newham, nueve de cada diez colegios de primaria tienen mayoría de alumnos que no hablan inglés como primer idioma. La situación es la misma en un tercio de las escuelas de Leicester y de Blackburn, y en un cuarto de las de Birmigham. En 83 centros ingleses de secundaria, más del 70 por ciento de los alumnos ven en el inglés un idioma extranjero. En otros 112, esa proporción de estudiantes es del 51 al 70 por ciento.
En un total de 1.338 colegios de primaria y secundaria, los alumnos con el inglés como idioma principal son ya minoría, lo que equivale a uno de cada veinte centros. En 600 de esos colegios, menos de un tercio de los alumnos se expresan en inglés como primer idioma. En un colegio de Derby, los profesores se encuentran con clases donde los alumnos hablan diecinueve lenguas distintas. Desde la oposición conservadora y desde grupos de denuncia de la inmigración descontrolada se advierte de que la situación no es más que una consecuencia más de una inmigración por completo fuera de control, el mismo diagnóstico que una y otra vez sale de las encuestas sobre el sentir de los británicos nativos en torno a la situación creada en el país.
El debate en torno a un sistema educativo que muchos ven a punto de una quiebra que sólo podría paliarse a base de enormes inyecciones de dinero público no es más que otra de las manifestaciones de la permanente tensión del debate inmigratorio en el Reino Unido. Esta misma semana se volvía a producir un nuevo motín en el 'famoso' centro de retención de emigrantes ilegales de Oxford, 'famoso' por las revueltas que en él se han producido.
Un inmigrante ilegal en el Home Office
Pero, además de problemas sociales y de orden público -ambos mezclados en la caótica situación de seguridad de los colegios británicos, donde se han ‘disparado’ las ventas de chalecos de seguridad con que acuden a clase niños pequeños y adolescentes-, el grado de desembarco masivo de una inmigración fuera de control no sólo infla las estadísticas -y los presupuestos públicos- más allá de toda perspectiva razonable, sino que ha comenzado a avergonzar de forma directa a los propios dirigentes políticos.
Sin ir más lejos, la propia secretaria del interior, Jacqui Smith, tenía que tragarse la amarga píldora de que un emigrante ilegal fuera descubierto nada menos que trabajando como guarda de seguridad en su propio departamento, pidiendo y registrando la documentación a quien deseaba entrar en la sede del Home Office. El que el nigeriano en cuestión trabajara para una subcontrata y permaneciera en su puesto durante año y medio no sólo no ha servido de disculpa, sino que ha reflejado el problema en toda su dimensión. En este entorno, el gobierno laborista del Reino Unido intenta atajar el inmenso coladero de sus fronteras, al menos para los emigrantes no comunitarios. Es decir, los no blancos, que es donde, de nuevo, las organizaciones de ‘derechos humanos’ han comenzado a golpear.
Visitantes: Mil libras de "fianza"
La última medida filtrada ha sido la exigencia de depositar una fianza de mil libras por cada visitante no comunitario que una familia residente en el Reino Unido desee 'patrocinar'. Además, la validez de estos visados temporales será reducida de seis a tres meses. Liam Byrne, subsecretario de inmigración, ha calificado al plan como “la mayor sacudida del sistema inmigratorio británico de su historia”. Distinta valoración realizaba alguna columnista, casada con un albanés, que denunciaba desde las páginas del Times el desembolso familiar necesario que supondrá la visita de sus suegros, aunque se trate de un depósito que será devuelto una vez que los visitantes abandonen el país.
Pero, por mucho que el Reino Unido conceda permisos de asilo político por decenas de miles, es en países ‘calientes’ en términos inmigratorios como India donde la reforma está causando una enorme alarma y donde se airean las protestas y denuncias que, con gruesas palabras, están haciendo públicas organizaciones activistas y sindicatos, unidos en afirmar que este tipo de actuaciones “dan vida a los racistas”.
