NUEVO DIGITAL Internacional - Una adolescente de dieciséis años, asesinada 'por honor' en Canadá por su propio padre tras negarse a llevar el pañuelo islámico
NUEVO DIGITAL - Internacional

Una adolescente de dieciséis años, asesinada 'por honor' en Canadá por su propio padre tras negarse a llevar el pañuelo islámico

Una adolescente de dieciséis años, asesinada 'por honor' en Canadá por su propio padre tras negarse a llevar el pañuelo islámico

21.12.07 • 03:25 GMT • Javier Monjas - Madrid Email
  • El Ministerio de Educación de Turquía demanda en los tribunales a un famoso pianista y compositor que confesó a un periódico alemán cómo el triunfo islamista le hacía plantearse el abandono del país

Es el último episodio de la tensión entre la modernizadora élite laica turca y una población general cada vez más desbocada hacia el islamismo. Pero es también la última muestra de la ‘democracia a la turca’, en un momento en que acaban de abrirse dos nuevos capítulos en las negociaciones para la incorporación del país a la Unión Europea. Un pianista de fama mundial acaba de ser demandado por el gobierno de Ankara por criticar el masivo triunfo del partido de Erdogan. Mientras el primer ministro turco continúa basando su posición en la “aportación” que el islam puede realizar a Europa y a Occidente, en Canadá acaban de tener otro ejemplo de que algo no funciona en la ecuación. Esta vez, el nombre del error es Aqsa Parvez: dieciséis años, guapa, enormes ojos oscuros, cuerpo precioso, y coqueta, muy coqueta. Un pequeño problema: no quería llevar pañuelo islámico. Su propio padre la estranguló y el hermano intentó encubrir el drástico correctivo.

[Más:]

Hay ya un buen puñado de fotografías de Aqsa repartidas por Internet. Desde luego, le gustaba posar. Incluso hacerse fotografías a sí misma ante un espejo. O dejarse retratar con unos grandes pendientes de aros y su flequillo cuidadosamente recortado hasta los ojos para darle un toque pícaro a la mirada. O poniendo cara de dura y mujer fatal. O exhibiendo figura con el pelo negro y liso cayéndole sobre un prometedor pecho. O mucho más ceñida y cimbreante, con su mp3 y su gorrita de béisbol, por delante de su mochila rosa. Desde luego, nada que hiciera las delicias de su padre, quien, previsiblemente, nunca tuvo acceso a las fotos, con toda la pinta de haberse tomado en la intimidad de su cuarto o en la calle, en los momentos de alegría con sus amigos. Quería ser como las demás chicas canadienses. Al menos, como las demás chicas canadienses que no llevan hiyab, diferenciarse de algunas de sus compungidas compañeras que intentaron asistir a un funeral, al final vetado a todos excepto a lo que quedaba de la familia fuera de la cárcel.

A Muhammad Parvez, taxista pakistaní de 57 años, llegó a su límite con la negativa de su hija a llevar el hiyab, la prenda islámica que cubre la cabeza y el cuello de la mujer para vetar la vista masculina de la contemplación de unas partes que, desnudas, son como “carne dejada a los animales”. Sus compañeras de instituto dicen que intentó durante meses acostumbrarse al pañuelo, pero que, al final, desistió de llevarlo. Con anterioridad, Parvez ya había estado refugiada en centros de acogida ante la gravedad de los enfrentamientos con su familia. También vivió durante algunos días con amigas.

La 'doble vida' de las adolescentes musulmanas en Occidente

El último y definitivo asalto, lo perdió. Aunque aún no se conocen detalles de la autopsia, algunas filtraciones apuntan a que Aqsa no murió estrangulada, sino a golpes. De hecho, los servicios médicos, avisados por el padre, la recogieron aún viva. Aqsa estuvo luchando por vivir durante varias horas, hasta que al final se rindió. El abogado de Muhammad ha exigido que se controle la salud de su cliente en la cárcel porque está delicado del corazón. “La rebelión de los adolescentes es algo que existe en todas las familias de Canadá, y no es privativa de una cultura. La violencia doméstica tampoco es única de los musulmanes”, ha dicho un represtante de la rama canadiense del Consejo Islamo-Americano. “La muerte por estrangulamiento de la señora Parvez fue el resultado de la violencia doméstica, un problema que ocurre en toda la sociedad canadiense, y que ignora el color (de la piel) o el credo”, ha dicho por su parte la presidenta de la Asociación de Servicios Sociales Islámicos.

Los observadores, incluso dentro de la propia sociedad musulmana, indican que las chicas canadienses con familias islámicas desarrollan una esquizofrénica doble personalidad, de la que Aqsa era un ejemplo. Intentan mantener la apariencia de buenas y pías musulmanas en el entorno familiar, pero, cuando salen con sus amigos, se comportan como cualquier chica occidental, las cuales, sin embargo, no tienen que ‘vestirse y desvestirse’ en los callejones o en las habitaciones de sus amigas para adecuarse al entorno en el que se encuentren. Aqsa se ponía el hiyab cuando regresaba a casa, y se lo quitaba cuando salía de ella y se encontraba a una prudente distancia.

Del 'asesinato por honor' al 'suicidio por honor'

Los ‘asesinatos por honor’ se han disparado en Occidente entre la inmigración musulmana como consecuencia del seguimiento de las costumbres que imponen por las bravas el mandato coránico de “modestia” para las mujeres. Uno de los casos más dramáticos fue el de la joven kurda Banaz Mahmod, asesinada a golpes por su padre y por su tío, y enterrada en un vertedero, en medio del silencio cómplice de la comunidad kurda londinense. Banaz terminaba así la triste y sórdida historia de su vida, en castigo por lo que su padre y tío consideraron “deshonra del honor de la familia”, y cuya traducción para oídos más infieles, venía a equivaler a ‘por abandonar al marido que la pegaba y violaba, y con el que la casaron a los diecisiete años, y relacionarse con otro joven del que estaba enamorada’.

Sin embargo, con la presión occidental sobre el caso -aunque no precisamente por parte del feminismo europeo-, la práctica del ‘asesinato por honor’ ha comenzado a ser perseguida en algunos países, los más occidentalizados, entre ellos Turquía, donde el problema es endémico. De esta forma, el ‘asesinato por honor’ se ha transformado en ‘suicidio por honor’, donde es la propia mujer la que es impelida a matarse a sí misma, en un último acto de abnegación y lavado de su impureza, con el fin de no comprometer el futuro de padres, hermanos u otros parientes, tradicionalmente encargados de ejecutar las 'condenas' a muerte. Las Naciones Unidas mantienen una amplia investigación en este sentido, en especial, en Turquía, donde la ‘occidentalización’ y las leyes de castigo de los ‘crímenes por honor’ han coincidido con un sorprendente y sospechosísimo incremento de suicidios de mujeres jóvenes.

El "desafío" a la "provocadora" Francia

No es más que otro ejemplo de la esquizofrenia en la que también se debate una Turquía, emparedada entre las élites laicas occidentalizantes, y una masiva clase media y baja de querencias cada vez más islamistas, como ha demostrado el arrasador triunfo del partido del primer ministro Erdogan en las últimas elecciones. Precisamente esta semana se ha abierto la negociación sobre dos nuevos capítulos en las negociaciones para la entrada de Turquía en la Unión Europea, en medio de un cierto triunfalismo de la prensa turca, que ve signos de esperanza en el “desafío” de Bruselas hacia Francia, cuyo presidente es acusado de "provocador" por la más alta diplomacia turca dada la postura de Sarkozy de proponer un estatus especial para Ankara que evite su incorporación de pleno derecho a la Unión.

En medio de este ambiente, se producía el enésimo ejemplo de que aún queda mucho para que se igualen los estándares políticos turcos -sin mencionar los sociales- a los de la Europa comunitaria. Un famoso pianista y compositor turco declaraba a un periódico alemán que “estaba pensando en trasladarse a cualquier parte” después de que “los islamistas hayan ganado”. “Nosotros somos un 30 por ciento, y ellos son un 70 por ciento”, concluía Fazil Say. Las declaraciones de alguien que es considerado una figura nacional han dolido mucho en el país. Tanto, que el propio Ministerio de Educación ha demandado al artista ante los tribunales. Columnistas del diario progubernamental Zaman querían recordar que “la democracia ha ganado, no los islamistas”, y que un artista no debería expresarse en términos de “nosotros y ellos”.

Compositor: 'No quise decir lo que dije' sobre Turquía

Say ha reculado para, en realidad, reafirmar la posición de origen. “Mis afirmaciones fueron mal traducidas. No abandonaré Turquía. Dije que ‘me siento como abandonando el país’, pero eso no significa que me vaya ir de forma inmediata a cualquier parte. No quise decir que Turquía sea un mal sitio”. Esta última afirmación ha sido apoyada entusiásticamente por el ministro de Cultura y Turismo turco, que ha preferido no recurrir a los tribunales, como sí lo ha hecho su colega de Educación. El ministro de Educación añadía que, en Turquía, un intelectual o un artista no debe temer nada. El periodista Hrant Dink, asesinado por una banda nacionalista, no opinaría lo mismo, caso de que pudiera. Quien sí puede opinar es el Premio Nobel, Orhan Pamuk. Lo hizo después de librarse por los pelos de condenas en los tribunales como consecuencia de las opiniones expuestas en sus libros.

Tras el asesinato de Dink, Pamuk decidió abandonar Turquía y exiliarse en Estados Unidos, preocupado por las bandas nacionalistas que luchan por la supremacía contra las enormes cantidades de dinero islámico inyectadas en los estratos más ocultos de una Turquía contemporánea que muchos ven "antieuropea, antiamericana, antikurda, antiarmenia, antiliberal, antitodo".



Aumentar tamaño letra Restaurar tamaño letra  Tamaño de letra
Google

NUEVO DIGITAL / Archivo - Selección