NUEVO DIGITAL Internacional - Irán desembarca en Nicaragua, la última sucursal de la franquicia islamobolivariana - La inteligencia occidental advierte sobre la posible entrada de Hezbollah en el patio trasero de Estados Unidos
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Irán desembarca en Nicaragua, la última sucursal de la franquicia islamobolivariana - La inteligencia occidental advierte sobre la posible entrada de Hezbollah en el patio trasero de Estados Unidos

Irán desembarca en Nicaragua, la última sucursal de la franquicia islamobolivariana - La inteligencia occidental advierte sobre la posible entrada de Hezbollah en el patio trasero de Estados Unidos

24.12.07 • 03:14 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Sorprende la agresividad de Irán en su ofensiva por convertirse en el contrapoder -o antipoder- de Occidente en el mundo. Es tan osada que, en su expansión hacia el corazón mismo del Gran Satán, hace parecer a Chávez y a su bolivariana ‘troupe’ no mucho más que un pelotoncillo de simples peones. Con el explícito fin de actuar ‘desde dentro’, Ahmadineyad ha pedido la creación de ‘think-tanks’ en Estados Unidos que enseñen lo que el presidente iraní describe como auténtica dimensión del “islam puro”. Sin embargo, la auténtica dimensión del “islam puro” la muestran una y otra vez los ayatolas que rigen el país, y donde el presidente iraní no es más que otro actor de reparto en la comparsa del ‘regreso’ mundial al islam por las buenas, por las malas o por ambas a la vez. Rasul Jalizadeh, portavoz del líder supremo de la revolución, el ayatola Ali Jamenei, lo decía bien claro el viernes pasado: “En una docena de años, Europa será un continente islámico. La islamización del continente europeo es inminente y este paso favorece la llegada del Mahdi”. Pero mientras regresa el gran imán del chiísmo para establecer la definitiva justicia universal, Irán se afana en preparle una cómoda residencia en la Nicaragua sandinista, cada vez más cerca del Washington donde los ayatolas han jurado que un día no muy lejano se sentarán.

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Jalizadeh advertía desde Teherán que ya se ha dado a los europeos “el mensaje y los valores” para que “abandonen sus actuales creencias y se conviertan al islam chiíta”. Ni tan siquiera al islam en general o al sunita en particular como una posible opción entre las menos malas. Al chíita, lo que viene a reforzar la idea presente en muchos think-tanks occidentales de que, por mucho que se realicen desde Teherán llamadas a la “unidad de la Umma” contra sus “traicioneros enemigos”, la Europa que arderá en el futuro no será la del choque entre las débiles y dominadas sociedades occidentales con la tercera y definitiva oleada de conquista islámica de Europa, sino la del enfrentamiento a muerte por el control y la hegemonía de la Europa ya ‘creyente’ entre las dos corrientes mayoritarias musulmanas que, catorce siglos después del fallecimiento de Mahoma, aún discuten entre ellas a carnicería limpia quién tiene el derecho a cumplir sobre la tierra el ‘regreso’ universal al islam ordenado por el profeta.

"El futuro pertenece a la Umma"

En un lenguaje de un expansionismo supremacista radicalmente claro y explícito, el propio líder supremo de la revolución dejaba claro que “el futuro pertenece a la Umma musulmana” y que la “cercanía de ese futuro” dependerá de “la responsabilidad o capacidad que tengamos”. Mientras en Estados Unidos, la Casa Blanca estudia cómo sobreponerse al “cuasigolpe de estado” dado por los servicios secretos estadounidenses en el desmentido de las ansias armamentísticas atómicas de Teherán -lo que los ayatolas denominan una y otra vez su “capacidad” para oponerse a los “poderes dominantes”-, la pinza ‘creyente’ se va cerrando lenta pero inexorablemente no sólo sobre Europa, sino también sobre el Gran Satán americano. Tras Venezuela y sus hoy pequeños satélites cubano y boliviano, la marcha del ‘anschluss’ islámico iraní bajo la franquicia bolivariana ha alcanzado a la nueva Nicaragua sandinista del viejo y fracasado sandinismo de Daniel Ortega.

Las producciones de la radio y la televisión iraní ya preparan su desembarco masivo en Nicaragua. En una gira que le llevó también a Cuba y a Venezuela, el máximo responsable de la entidad difusora de la revolución islámica visitaba Nicaragua y se entrevistaba nada menos que con el propio Daniel Ortega para dejar claro, en una sibilina insinuación, que “las conquistas de la televisión pública iraní son propiedad de todas las naciones revolucionarias en todo el mundo” y que, por tanto, “Irán está dispuesto a compartir su experiencia técnica y artística con sus amigos”. Pero no es precisamente la llegada de la propaganda iraní al corazón de la ‘nueva’ Latinoamerica ‘revolucionaria’ lo que más preocupa en Washington.

Nasrallah, defenestrado para la nueva Hezbollah

Además de las extremadamente malas memorias que el trinomio Estados Unidos-Irán-Nicaragua despierta en el país y en el partido de Bush, e, incluso, más allá de los desembarcos de armas chiítas en la Nicaragua sandinista, lo que más preocupa al gobierno estadounidense es la capacidad que adquirirá Irán de extender de forma inmediata y global cualquier conflicto que afecte a sus propias fronteras nacionales, previsible y potencialmente iniciado por la brigada antinuclear antiiraní de la Casa Blanca. Con su extremadamente meridiana presencia geoestratégica en Nicaragua, Irán controla la capacidad de desestabilizar Centroamérica y actuar desde sus refugios en el subcontinente bolivariano, en el mismo patio trasero de Estados Unidos. Y, para ello, incluso el más bienintencionado despistado buenista no puede dejar de sospechar que, junto con el desembarco iraní en Nicaragua, vendrá el desembarco de la división armada subrepticia de la revolución islámica iraní. O sea, Hezbollah, siempre de la mano de las embajadas iraníes para contrabandear armas y disponer de sólida base logística.

De hecho, según informan algunos medios árabes de referencia, Irán habría comenzado una renovación dentro de Hezbollah con el fin de dejar preparada a la organización para los próximos retos que se la tienen reservada como ‘brazo guerrillero’ de la revolución islámica mundial. Desde el Asharq Alawsat se advierte de que Hassan Nasrallah habría perdido el control del brazo armado de Hezbollah, y de que esa defenestración vendría ordenada desde el propio líder supremo iraní, Ali Jamenei, muy disgustado con la forma en que el hasta ahora líder de la organización armada chiíta en el Oriente Próximo llevó su enfrentamiento con Israel en la última guerra del Líbano.

Miami: también corazón del antisandinismo

Por mucho que los discursos oficiales de Teherán elogien la “sin igual y épica victoria” de Hezbollah sobre Israel, lo cierto es que Tel Aviv golpeó tan duro a la organización de Nasrallah que no sólo bajó los humos de forma contundente a la delegación terrorista iraní en la zona -hasta el punto de que el propio Nasrallah, en medio de las descalificaciones del chiísmo libanés, admitiera que nunca habría provocado a Israel si hubiera sabido que la respuesta hubiera sido la que fue-, sino que, desde Teherán, la guerra también se vio como una gravísima acción fallida que ha provocado la destitución del Nasrallah como líder militar de la organización y su sustitución por su hasta ahora segundo.

Pero no sólo Washington está seguro de que Irán abrirá delegación de Hezbollah en Nicaragua como ya antes lo hizo en Argentina -con sanguinario acto de presencia en Buenos Aires- y ahora lo está haciendo en la América Latina bolivariana. La oposición nicaragüense en la diáspora ya ha comenzado a organizarse no sólo para luchar contra el sandinismo, sino, sobre todo, para luchar contra la invasión iraní de Nicaragua. Desde el mismo Miami que alberga al anticastrismo, el antisandinismo también se organiza para exigir a Washington que siga más de cerca la peligrosísima deriva nicaragüense. Sin embargo, esta vez, la nueva Contra sabe que el enemigo más temible no se encuentra en Nicaragua, sino en medio del continente asiático, donde extraños clérigos musulmanes mueven las piezas del triunfo islámico mundial, y donde el país centroamericano no es más que otro peón en el acoso y derribo del Gran Satán infiel que deberá hincar la rodilla de una forma u otra, tal y como está profetizado, ante el islam chiíta triunfante del fin de la historia.



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