NUEVO DIGITAL Internacional - Los dirigentes de la Mezquita Central de Oxford exigen autorización para emitir desde su minarete las llamadas a la oración islámica dado que "nosotros respetamos las campanas"
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Los dirigentes de la Mezquita Central de Oxford exigen autorización para emitir desde su minarete las llamadas a la oración islámica dado que "nosotros respetamos las campanas"

Los dirigentes de la Mezquita Central de Oxford exigen autorización para emitir desde su minarete las llamadas a la oración islámica dado que "nosotros respetamos las campanas"

27.12.07 • 03:01 GMT • Javier Monjas - Madrid Email
  • Estrategia de escalada en la ocupación de espacios, desde el social al visual y, ahora, el sonoro: Primero la construcción de mezquitas; después, la elevación de minaretes, y, más tarde, la instalación de altavoces para difundir las llamadas a la oración islámica por toda la ciudad

Dos famosos artistas británicos de dos generaciones y géneros distintos han salido del armario con explosivas declaraciones sobre la “deriva” que ha tomado el Reino Unido. Hace veintitantos años, Morrissey cantaba, liderando a los Smiths, ‘La Reina ha muerto’. Pero ahora, a juzgar por sus propias declaraciones, lo que ha muerto es el país en su conjunto, mientras la soberana sigue viva. La estrella del rock señalaba a la “explosión inmigratoria” como la responsable no sólo de que él mismo viva en el extranjero, sino también de que Inglaterra fuera “ahora sólo un recuerdo” tras haber “tirado a la basura” su “identidad básica”. Morrissey demandó a la revista musical que recogió sus palabras bajo la acusación de haberlas malinterpretado. Sin embargo, el periodista mantuvo la exactitud de su trabajo y calificó al cantante de “cobarde” por arrugarse ante el apocalipsis que se le desplomó encima. No se habían apagado las acusaciones de “racismo” contra el ex líder de los Smiths -que vive en Roma-, cuando apareció Shirley Bassey -que vive en Montecarlo- diciendo: “Este ya no es el país donde crecí”.

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Durante una breve y desgraciada incursión artística en su propio país natal, la cantante galesa habría querido tener a su lado al James Bond cuyas películas abrió tantas veces con canciones tan míticas como ‘Goldfinger’ o ‘Los diamantes son para siempre’. A Bassey le robaron su monedero lleno de tarjetas -y de sus datos personales- cuando realizaba unas compras de navidad en Knightsbridge, la hoy lujosa calle próxima a Hyde Park que en la Edad Media era un nido de criminales especializados en desvalijar a los viajeros en ruta hacia Londres. Pero hoy, cuando muchos siglos después Knightsbridge es una zona próspera, la seguridad sigue siendo escasa aunque, esta vez, los desvalijadores ya no son nacionales, en el supuesto de que los nacionales sean los británicos indígenas tradionales. Y Shirley Bassey estalló.

"Nosotros respetamos las campanas"

Esto ya no es Inglaterra, al menos, no es el país donde recuerdo haber crecido. Ya no oyes hablar inglés aquí. Lees sobre cosas terribles, y no sólo sobre drogas, sino también sobre todos esos asesinatos”, decía la septuagenaria cantante. “Cuando vives en un lugar seguro como Montecarlo, puedes caminar hacia casa en cualquier momento de la noche y no tienes que preocuparte por ello. Allí no me siento en peligro. Si conduzco, puedo dejar abiertas las puertas del coche. No haría eso en Londres”, concluye. Los comentarios de los lectores a la noticia no sólo dan la razón a ‘Dame Shirley’, sino que lamentan la ceguera y sordera del gobierno británico a “los ruegos” de los ciudadanos en torno a la situación del país.

Sin embargo, con cada día que pasa, y con cada nueva estadística que rompe las anteriores sobre la dimensión de la violencia criminal, el desplome de la identidad milenaria británica va alcanzando en paralelo nuevos grados de catástrofe, en retroceso y casi en desbandada ante la audacia de las crecientes exigencias de las minorías ya no tan minoritarias en el país. En concreto, el choque se produce, con toda su virulencia, en el caso de los musulmanes, que requieren cada vez mayores prerrogativas que ya no ven como concesiones, sino como simples derechos que ejecutar. El último avance se dirime en la medieval Oxford, uno de los tres o cuatro grandes centros de la sabiduría histórica occidental.

“Cuando tocan las campanas de las iglesias, lo respetamos, pero es también una llamada a la oración. No queremos hacer nada que moleste o agravie a la gente”, decía esta semana un portavoz de la Mezquita Central de Oxford. Sardar Rana se refería a la enorme polémica levantada en la localidad tras la petición de permiso de esta comunidad islámica para situar potentes altavoces en el minarete de su centro religioso con el fin de retransmitir a todo volumen tres de las cinco llamadas diarias a la oración musulmana, al estilo de lo que se puede escuchar en Argel o en la propia Meca.

El espacio sonoro, también "invadido"

Lo que los clérigos islámicos se prestan a discutir es qué volumen pueden emitir las llamadas del muecín, cada una de un par de minutos y proclamando que no hay más dios que Alá y que Mahoma es su profeta. Sin embargo, lo que tienen muy claro y mantienen fuera de toda discusión es que si hay campanas, debe poder haber minaretes con altavoces a todo volumen extendiendo por toda la ciudad las llamadas de la oración islámica. De hecho, un pastor anglicano retirado y colaborador del movimiento Interfaith apoya la petición musulmana, puesto que “en la ciudad de las Agujas (de iglesia) Soñadoras, se oyen muchas llamadas a la oración desde los campanarios, pero todas son cristianas en su origen histórico y en sus intenciones”.

Miles de ciudadanos de Oxford ya se han rebelado contra una perspectiva de vida bajo los estridentes y chirriantes cánticos en árabe de un muecín a todo volumen resonando por toda la ciudad. En un caliente consejo municipal en el ayuntamiento de Oxford que discutía el asunto, unos afirmaron que unas campanadas no equivalen en absoluto a una llamada a la oración donde se repite una y otra vez las supremacistas oraciones islámicas. Otros se negaban a que su espacio privado se viera “invadido” por lo que algunos otros calificaban de “extremadamente desagradables, más bien molestas, y muy extrañas a la mentalidad occidental” llamadas a la oración musulmana, tal y como las habían experimentado en países del orbe islámico. “Si un pastor evangélico cristiano propusiera emitir sermones tres veces al día a todo volumen, entonces se producirían enérgicas protestas”, apuntaba otro.

La ofensiva de los minaretes en Europa

Nada de esto parece impresionar a los clérigos musulmanes, indiferentes a las irónicas y amargas sospechas expuestas en el periódico local de que todo esto no es más que “un simple intento de utilizar la ley inglesa para convertir al islam en la religión pública de East Oxford”. Por el momento, mientas en España la ofensiva está aún planteada en la construcción generalizada de mezquitas, en la Europa donde ya llevan décadas construidas de forma masiva, la batalla se venía dando en los últimos años por la construcción de altos, muy altos minaretes, en medio del miedo de algunos gobiernos sobre las "consecuencias" de no conceder los permisos.

En Oxford se ha dado una nueva vuelta de tuerca, como claro indicio de que los minaretes no sólo se construyen para que sobresalgan sobre los edificios civiles, y, en ocasiones, sobre las propias iglesias, sino también para que las llamadas a la oración a toda la potencia de sus varios altavoces lleguen al espacio auditivo de toda la sociedad, una vez que conquistaron su espacio visual y quién sabe si, como comienzan a decir algunos cantantes británicos, también otros muchos más allá de toda reconquista.



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