NUEVO DIGITAL Internacional - Malasia rectifica su decisión de prohibir el "uso" de la palabra ‘Alá’ a los no musulmanes a pesar de ser el término utilizado para el Dios único por todas las religiones del país
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Malasia rectifica su decisión de prohibir el "uso" de la palabra ‘Alá’ a los no musulmanes a pesar de ser el término utilizado para el Dios único por todas las religiones del país

Malasia rectifica su decisión de prohibir el "uso" de la palabra ‘Alá’ a los no musulmanes a pesar de ser el término utilizado para el Dios único por todas las religiones del país

02.01.08 • 11:06 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Lo han intentado, pero las críticas internacionales han provocado una marcha atrás en días. “Sólo los musulmanes pueden usar la palabra ‘Alá’. No podemos tolerar que otras religiones la utilicen porque confundiría a la gente”, se dijo, con el inicio de la navidad, desde el ministerio malayo de seguridad interior. El problema surgió con una orden explícita para que un periódico católico dejara de utilizar la palabra 'Alá' bajo la amenaza -de rancia tradición bolivariana- de revocación de la licencia con la que todos los medios -los impresos, incluidos- deben operar. “El término ‘Alá’ se utilizaba para referirse a Dios por los cristianos de lengua árabe mucho antes de que siquiera existieran los musulmanes”, se dice desde el lado ‘infiel’. Además, con la llegada de los invasores musulmanes a lo que es hoy Malasia, ese término se introdujo en el malayo para designar a la divinidad única en cualquier otra religión. Durante una semana todo eso no importó. Pero no fue ni es la única medida con que la relativa mayoría islámica impone sus normativas supremacistas al resto del país infiel.

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Cristianos, hindúes y budistas se temieron una nueva vuelta de tuerca en la implacable represión a la que son sometidos por la mayoría musulmana del 60 por ciento de la población, que designa gobierno, y, éste, abrumadoras normativas de discriminación para el 40 por ciento restante no musulmán. Coincidiendo con la polémica del intento de imponer un copyright sobre la palabra ‘Alá’, el Tribunal Supremo del país dictaminaba que una mujer hindú no tiene derecho ni posibilidad ninguna de revocar la conversión al islam de su hijo de dos años, al que su ex marido ‘convirtió’ unilateralmente después de convertirse él mismo, con lo que el niño ya cae, automáticamente, fuera de cualquier jurisdicción no musulmana, incluida la de la propia madre. La mujer se teme ahora que una nueva ‘conversión’ recaiga a plomo sobre su otro hijo, de cuatro años, con lo que también lo perderá de forma automática. En este contexto, el sentimiento de derrota y de que no hay nada que hacer frente al supremacismo islámico ha comenzado a hacer mella en el movimiento de protesta de la minoría hindú, cuyos dirigentes reconocen ya que luchan "una batalla perdida".

Alá, antes de los musulmanes

Comentaristas árabes que vigilan desde Occidente la extensión del extremismo musulmán denuncian las "dos fases" de la imposición de la dictadura política islamista sobre los no musulmanes. Primero, se ejecutan las leyes musulmanas sobre los musulmanes, indicando a los no islámicos que las cortes islámicas nunca tendrán jurisdicción sobre ellos. Pero, en poco tiempo, los tribunales que se rigen por la sharia comienzan a aplicar también el peso del Corán y sus interpretaciones sobre los 'infieles' en tierra declarada ya 'fiel'. Esa es la segunda fase, como en el caso de los sucesivos pasos en torno a la ocupación del espacio inmobiliario, después visual y más tarde sonoro por parte de las mezquitas, cuya construcción se exige por parte de las comunidades musulmanas -y de quienes las apoyan activamente desde la izquierda-, para, más tarde reclamar la elevación de altos minaretes, y terminar con la última vuelta de tuerca en la exigencia de la emisión, a través de altavoces, de las llamadas de la oración islámica que, con su mensaje de que “no hay más dios que Alá y Mahoma es su profeta”, resonará a partir de entonces por toda la ciudad por muy de mayoría cristiana de siglos que sea, como está sucediendo estos días en Oxford.

Malayos cristianos insisten en que el Dios único de su religión es llamado en Malasia desde hace siglos 'Alá Bapa', 'Tuhan Alá' o, simplemente, Alá, y que, a iniciativa precisamente de los musulmanes, ahora sabemos ya que hay dos dioses únicos, uno musulmán, de nombre exclusivo y "con copyright", y otro el de los demás. En declaraciones al diario indio DNA que dieron la vuelta al mundo -saltándose España y sus medios-, desde el ministerio de seguridad malayo se intentaba convencer a la opinión pública doméstica e internacional de que compartir la palabra ‘Alá’ sólo provocaba “confusión” entre ‘ellos y nosotros’, además de potenciales problemas de, precisamente, seguridad interna. El diario católico amenazado tiene ediciones en inglés, chino y tamil, y sólo utiliza la palabra ‘Alá’ para referirse a Dios, precisamente, en su cuarta edición en malayo, donde la palabra importada de los emigrantes musulmanes árabes que llegaron al país en siglos pasados fue utilizada por el resto de religiones, sabiendo o no sabiendo, que 'Alá' ya designaba a la divinidad única entre los cristianos árabes centurias antes de que apareciera por allí Mahoma y los echara a afilado golpe de cimitarra. Desde la oposición se aseguraba cómo, ni tan siquiera en el virulento Oriente Medio, la palabra 'Alá' está prohibida a los cristianos.

De los ciudadanos infieles al ministro infiel

En días, el periódico sobre el que recayó el veto de la palabra, extendida después al resto de la población, interpuso una demanda a los tribunales. Pero en unos pocos días más, el gobierno ha decidido dar marcha atrás en su intento. Una carta a la dirección del rotativo comunicaba la renovación de la licencia sin exigencia de condición adicional alguna. El gobierno de Kuala Lumpur ya podrá prestar ahora mayor dedicación a la crisis provocada por la publicación de un vídeo del ministro de sanidad sanando su soledad en un hotel con una joven señorita amiga a la que casi triplicaba la edad. El político ha dimitido finalmente después de resistirse a hacerlo desde que fuera grabado hace unos pocos días. Varios altos miembros de la formación en el gobierno se han visto obligados a dimitir en los últimos años por escándalos sexuales. El ya caído en desgracia político -aunque ya con el perdón de su esposa- retó a los periodistas a “discutir” su “vida privada”. Eran los momentos en que el islámico gobierno al que pertenecía pretendió regular el lenguaje privado de los ciudadanos infieles. Infieles, aunque de distinta y distante forma que él.



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