El islamismo terrorista comienza a explotar a fondo su última arma perfecta para el ataque definitivo: las mujeres-bomba
X- NUEVO DIGITAL (01/03/07) - La OTAN lo denuncia en Afganistán, y la prensa, en Irak: Mujeres y niños son utilizados como escudos humanos por talibanes e insurgentes iraquíes
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¿Qué se teme menos que a un hombre en Irak? Una mujer. ¿Qué es lo que va cubierto con un amplio manto que nadie puede tocar? Una mujer. ¿Qué es lo que pasa las líneas de vigilancia con menos problemas que un hombre? Una mujer. ¿Cuál es la víctima perfecta que enervará los ánimos y animará a más hombres a vengar la venerable desesperación de quien, con su acción, parece recordar que es una mujer quien hace lo que debería hacer un hombre? En efecto: una mujer. En Irak, los últimos atentados protagonizados por mujeres hacen temer que el islamismo terrorista haya decidido explotar a fondo la opción del bombazo femenino ante el acoso combinado de las tropas aliadas y de unas tribus sunitas que ya no admiten los océanos de sangre propia y ajena con que los autocalificados como guerreros de Alá llevan a cabo su santa misión. Sin embargo, lejos de mostrar fortaleza, la utilización de mujeres lleva también un mensaje clásico en la historia musulmana: del ‘llora como una mujer lo que no supiste defender como un hombre’, al ‘mata como una mujer lo que los hombres no son capaces de matar’, la carnicería también lleva ahora un nombre de mujer.
Seguimiento:
Con el precedente inmediato de la ‘intifada’ palestina, imitada por todo grupo y grupúsculo del Próximo Oriente, y con el florecimiento de las tamiles que han llevado a cabo no menos de sesenta ataques suicidas en el último cuarto de siglo pasando por la suicida yihad de los niños en Pakistán, Afganistán e Irak, mujeres y niños han sido utilizados desde hace años no sólo como suicidas-homicidas, sino también como inmejorables escudos humanos contra unas tropas occidentales que deben decidir en décimas de segundo si barren a la criatura y a su madre tras el que se parapeta el mujaidín de guardia o permiten que éste les barra a ellos, generalmente prefiriendo la última opción, dados los resortes morales con que los aliados combaten a quienes no están frenados por ningún límite.
Sin embargo, en la actualidad, el acoso a los militantes en sus reductos provoca que las células terroristas puedan haber llegado a la conclusión de que también ha llegado la hora de explotar a fondo la enorme y potencial quinta columna formada por los millones de mujeres que viven y pasan al lado del enemigo. De esta forma, en los mercados y calles de Irak, una mujer es vista ya también como una potencial arma mortífera, literalmente a punto de reventar, aunque, también literalmente, intocable e incacheable. A falta de jóvenes caballeros vírgenes que esperen en el paraíso a las ‘mártires’, de lo que nada dice la tradición islámica, los analistas observan con detenimiento cuáles son las motivaciones de las mujeres para volarse en mil pedazos, matando, de paso, todo lo posible.
El nuevo frente de las mujeres-bomba
De los últimos atentados protagonizados a finales de año por mujeres autodetonadas contra tropas de Estados Unidos y de Irak, una parecía vengar la muerte de sus dos hijos en Al Qaeda, pero otras parecen mostrar las mismas inclinaciones ideológicas que sus colegas masculinos en la explosión. Profesores árabes en universidades estadounidenses que analizan el ‘extremismo’ musulmán destacan cómo una mujer suicida-homicida no sólo constituye un dramático signo publicitario de desesperación humana, sino un inmejorable argumento propagandístico a la hora de reclutar a más hombres, especialmente en sociedades donde se ve como extremadamente humillante para los varones el que sean precisamente las mujeres quienes muestran más valor que ellos.
De esta forma, el ejército de Estados Unidos no sólo ha llegado a la conclusión de que se prepara para combatir un nuevo, oculto y letal enemigo interior donde antes sólo veía mujeres yendo a la compra o cuidando niños, sino que ha comenzado también a adoptar medidas de contrainsurgencia para el nuevo frente. Ya el pasado mes de octubre, antes de los últimos atentados femeninos de noviembre y diciembre, los estadounidenses habían adiestrado a una veintena de mujeres de entre sus filas para que actúen como guardias de seguridad e intenten filtrar a sus compañeras de sexo iraquíes, una de las cuales llegó a entrar en un edificio oficial con un cinturón de explosivos sin que, obviamente, un ejército de primera línea formado por hombres hubiera soñado siquiera con cachearla.
Con unas indumentarias que, en el mejor de los casos tienen la forma de los amplios mantos iraquíes, y, en el peor, la de los burkas afganos, la vestimenta islámica femenina tiene ya también un condicionante de poder ofensivo letal que añadir a su poderoso y polémico sentido ideológico, ya en la vanguardia de la yihad cruenta en el Oriente Medio después de haber liderado la incruenta del Oriente Extremadamente Próximo en Occidente con sus velos y sus pañuelos.
