NUEVO DIGITAL Internacional - El obispo anglicano de Rochester denuncia la "imposición" del islam en el Reino Unido mediante la creación de zonas exclusivas para musulmanes y las llamadas a la oración desde los minaretes
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El obispo anglicano de Rochester denuncia la "imposición" del islam en el Reino Unido mediante la creación de zonas exclusivas para musulmanes y las llamadas a la oración desde los minaretes

El obispo anglicano de Rochester denuncia la "imposición" del islam en el Reino Unido mediante la creación de zonas exclusivas para musulmanes y las llamadas a la oración desde los minaretes

08.01.08 • 03:30 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

“Ahora es menos posible para la Cristiandad ser una fe pública en el Reino Unido”. Son palabras del obispo Michael Nazir-Ali en un artículo publicado el pasado domingo por el Sunday Telegraph que ha desencadenado una espectacular guerra santa de santas condenas islámicas contra el jerarca anglicano. A pesar de que el arzobispo de Canterbury cargaba, recientemente y con inusitada virulencia, contra el “violento imperialismo” de Estados Unidos que ha llevado al “peor de los mundos”, una parte de la iglesia anglicana continúa activa en la línea de frente contra un país que considera ya “rendido” al multiculturalismo y, muy especialmente, al islam. Nazir-Ali, pakistaní de padres católicos conversos desde la fe musulmana, considera que la situación ha alcanzado tal dimensión que prevé un futuro próximo en el que, de la Iglesia de Inglaterra, “no quedará al final más que la sonrisa del Gato de Cheshire”, en medio de estruendosas llamadas a la oración musulmana desde los altavoces de los minaretes, dominantes ya sobre las dos mil mezquitas incrustadas en las ciudades británicas.

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Lo de las llamadas a la oración de los minaretes mediante potentes altavoces, al estilo de lo que sucede en cualquier ciudad del Próximo o Medio Oriente, es el nuevo frente de guerra abierto por el islam británico. Mientras en las zonas donde la ofensiva se encuentra en sus inicios -como en España- se presiona para la construcción de mezquitas, y en los países donde ya se construyeron hace años se comina a la elevación de minaretes bajo amenazas de "consecuencias" si no se cede -como en Alemania, Suíza, Italia o la propia España-, en el Reino Unido, donde unas y otros ya se elevan desde hace décadas, la presión llega ahora en la forma de exigencias de retransmitir a toda la ciudad las llamadas a la oración islámica, con tal estrépito de altavoces a toda potencia que están siendo muchos vecinos de religión musulmana quienes han comenzado a protestar por el estruendo de la diaria declaración -cinco veces al día e impuesta a todo ciudadano, musulmán o no- de que “no hay más dios que Alá y Mahoma es su profeta”.

Organizaciones musulmanas: "Acción contundente" contra el obispo

Michael Nazir-Ali denuncia en su artículo la existencia de zonas “vetadas” a los no musulmanes (“no-go areas”) donde la “adherencia” al extremismo islámico no sólo marca la “aceptabilidad” del vecino, sino también su propia seguridad personal. “Aquellos con una religión o raza diferente pueden encontrar difícil vivir o trabajar ahí debido a la hostilidad contra ellos. Se han realizado intentos de imponer un carácter ‘islámico’ en ciertas zonas, por ejemplo, insistiendo en la amplificación artificial de la Adhan, la llamada a la oración”, escribe el obispo. “Por supuesto, tal amplificación era desconocida a través de la mayor parte de la historia, y su uso levanta toda clase de cuestiones sobre los niveles de ruido, y sobre si los no musulmanes desean ser invitados al credo de una religión concreta cinco veces al día a través de altavoces”.

Las organizaciones musulmanas del país han exigido la inmediata dimisión del obispo, al que acusan de “agitar el alarmismo”. Entre comparaciones con el BNP, los líderes islámicos acusan a Nazir-Ali de “promover el odio hacia los musulmanes” y de “distorsionar la realidad”. “Si la Iglesia de Inglaterra tiene un ápice de justicia, debería tomar una contundente acción (contra el obispo)”, se decía desde la Ramadhan Foundation. Por el contrario, en una línea que contrasta con el perfil bajo (o inexistente) de otras confesiones -católica incluida-, los obispos anglicanos han cerrado filas en apoyo de Nazir-Ali, confirmando el hecho de que no ser musulmán es ya un peligro directo para la seguridad e integridad propia en muchas zonas del Reino Unido.

Ochenta millones de libras en mujeres (musulmanas)

Destacada ha sido también la reacción del Partido Conservador, cuyo secretario en la sombra de asuntos exteriores, ha desautorizado al prelado afirmando: “No estoy seguro de dónde están esas zonas vetadas. No reconozco esa descripción”. A la misma descalificación se unían los liberales demócratas, cuyo líder, Nick Clegg, calificaba el artículo de "extraordinariamente inflamable". Diarios a la izquierda del espectro político, como el Independent, apuntan que “sólo un pequeño número de las más de dos mil mezquitas del Reino Unido tienen permiso para retransmitir la llamada a la oración mediante altavoces”. “Las que lo hacen están generalmente en ciudades con grandes poblaciones musulmanas, como Bradford, Blackburn y Birmingham, y sólo se les permite durante las horas diurnas y siempre que mantengan bajo el volumen”, añade el diario, quien, de paso, describe a Nazir-Ali como “un notablemente conservador obispo, no ajeno a la polémica”.

Mientras tanto, la vida continúa. A pesar de las desautorizaciones de políticos a izquierda y derecha contra el “alarmismo” de los obispos anglicanos, el gobierno laborista continúa con la estrategia de las buenas palabras y promulga su deseo de que “los musulmanes jueguen un mayor papel en la vida civil”. Sin embargo, a la vez, Londres prepara muchos más alarmistas planes de acción para combatir la vasta extensión del radicalismo violento islámico por todo el país. El último ‘plan’ de Londres pasa por el gasto de 70 millones de libras con que apoyar la formación de mujeres musulmanas, darles perspectivas de “liderazgo”, y generar “jueces, concejales y directoras de colegio” de las hoy sumisas -pero no menos radicales que sus compañeros- fieles femeninas de un islam británico que ya parece haber decidido la apertura de una nueva batalla en la declarada y explícita guerra de las mezquitas -sermones a puerta cerrada y libros a la venta abierta- por acabar con éxito el tercer -y, para ellos, definitivo- intento de poner a Europa mirando a La Meca.



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