Serbia advierte de que Estados Unidos y la Unión Europea patrocinan una base para el islamismo y la delincuencia internacional en el corazón de Europa: Kosovo, del avispero de los Balcanes al avispero de las Civilizaciones
XVuelven los Balcanes. En realidad, los Balcanes nunca se marchan. Ya sean los imperios, los sistemas políticos, los nacionalismos o las religiones los que, por separado o en confuso tropel, combaten entre sí o todos contra todos, ahí están los Balcanes para ofrecer el avispero perfecto. La independencia de Kosovo auspiciada de forma implacable por Estados Unidos es vista por muchos europeos como un nuevo aguijón clavado en el corazón de Europa desde lejanos despachos en Washington, por otra parte, no muy hábiles en las recomposiciones geoestratégicas del mundo. Bruselas sigue el guión y, además, abona la factura de la ira serbia ofreciendo a Belgrado la zanahoria de la Unión Europea. No sólo los rencores y los agravios comparativos vuelven a transpirar de odio la región. No sólo las mezquitas barren de la faz kosovar a las iglesias ortodoxas. Por el momento, España también paga ya con una ETA y un nacionalismo vasco radical y no radical que han tomado explícita nota del ‘otro proceso’. Las explosivas minorías musulmanas en Rusia, Filipinas o India también levantan acta del éxito kosovar. Y también lo hacen sus carniceros movimientos guerrillero-terroristas.
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Washington está feliz. No va a perder la oportunidad de controlar a la única comunidad musulmana del mundo abiertamente proamericana, mucho más que la turca, donde las clases populares cada vez oscilan más hacia el islam político más o menos inmoderado, pero siempre antiamericano y mirando hacia los Orientes más o menos próximos. Desde Washington, el tablero con las fichas de los musulmanes buenos se juega en Europa. Para Kosovo, la independencia. Para Turquía, la Unión Europea. Uno, europeo por geografía de mapa anacrónico. La otra, europea por geoestrategia de calzador crónico. Y, ambos, arrojando oscuras nubes sobre una Europa que calla, consiente, e intenta reforzar unos diques que ya muestran graves resquebrajamientos por demasiadas juntas a base de desmentirlas, con el wahabbismo acechando las zonas de contacto musulmán entre Kosovo y Bosnia, como bien se advierte desde think-tanks españoles (pdf).
Eslovenia: "Bosnia, peor que Kosovo"
Desde Bruselas se suda por cerrar un acuerdo preferencial con Belgrado que sirva de teórica antesala a la apertura de un proceso formal de incorporación a la Unión. Independencia de Kosovo y firma del Acuerdo de Asociación y Estabilización con Serbia van a coincidir prácticamente en el tiempo, bajo una presidencia eslovena que conoce de sobra cómo se las gastan sus vecinos en la región y que ya advierte de que “Bosnia supone una amenaza más grave que Kosovo”. Es decir, además de Kosovo, 'también' la cada vez más tensa situación entre las partes croata-musulmana y la serbia de la república, malamente recosidas en Dayton, y con esta última cada vez más ultrajada por la primera. Algo así como las muñecas rusas, unas dentro de otras, pero todas idénticas. Y todas más o menos rusas.
De nuevo, el déjà vu. Serbios ultrajados y humillados dentro y fuera de Serbia. En Kosovo. En Bosnia. En la propia Serbia, donde aún se recuerdan los tres meses de inclementes bombardeos de la OTAN en 1999, también con aviones españoles descargando a placer sobre Belgrado. La iglesia ortodoxa serbia desgrana amargas quejas sobre cómo el lugar donde ella misma y el país nacieron va a pasar a manos de los herederos de los invasores otomanos, “violando sin vergüenza todas las normas de Dios y de la justicia humana” e “insultando nuestros sentimientos y nuestra dignidad”, como decía esta semana, en su mensaje de la navidad ortodoxa, la propia jerarquía de los cristianos orientales, los que faltaban en la partida a muerte entre el Occidente de raíz judeocristiana, y el Oriente de estaca musulmana que, esta vez, triunfa "sin espadas, sin armas, sin conquistas", como predecía Gadafi hace año y pico viendo todas las puertas europeas abiertas de par en par.
El déjà vu de las muñecas rusas
Desde Serbia se advierte de lo que ya los propios europeos están ya bien advertidos: de que la ‘Gran Albania’ se convertirá en el portaaviones de los nacionalismos más envenenados, de las organizaciones islámicas terroristas más charcuteras, y de las organizaciones criminales internacionales más internacionalmente criminales del mundo, una base desde donde atacar a Europa desde su mismo suelo, -desde donde lo hacen ya para financiar sus grupos guerrillero-terroristas-, desde la misma plataforma que, amorosamente, se creó para ellas desde un Washington al que no importa, de paso, dar una lección a Rusia en su hijo mimado serbio. La cosa está clara, y así se proclama, de forma harto retorcida -y más hartamente cínica-, desde las redes blogueras más ultrawashingtonianas: los Estados Unidos deben apoyar a los albanos étnicos contra Serbia y Rusia porque la alternativa sería “la vuelta del poder ruso, enriquecido por la energía, y proclive a reestablecer un mundo bipolar en el que sólo los Estados Unidos y Moscú contaran”.
Pero bajo las bulbosas cúpulas ortodoxas de Serbia, y bajo sus cirílicas inscripciones en decadencia ante el empuje de la inscripción latina, las cosas se ven de muy distinta forma. “En 1999, los Estados Unidos convirtieron a la OTAN en un agresor atacando a un país soberano que no combatía otra cosa que el terrorismo de financiación islamista. Los Estados Unidos y la OTAN bombardearon Serbia durante 78 días por el ‘crimen’ de repeler a la insurgencia del Ejército de Liberación de Kosovo de la República de Albania en tierras ancestrales serbias. Se pretendía robar el 15 por ciento del territorio serbio; la limpieza étnica de la población serbia y de otras minorías; la erradicación de la Cristiandad mediante la demolición de los monasterios y las iglesias serbias, y su sustitución por mezquitas, en su mayor parte wahhabíes saudíes; la declaración unilateral de independencia, con el reconocimiento de los Estados Unidos, de algunos de la Unión Europea y de los países islámicos, seguidos varios años después de un referéndum por el que (Kosovo) se uniría a Albania porque los ciudadanos de Kosovo y Albania son una sola nación”.
Por el momento, el guión parece estar siendo seguido con toda meticulosidad, a falta de la posible culminación de la unificación albano-kosovar, en realidad, la más pequeña de las muñecas rusas. Sin embargo, el ‘proceso’ está haciendo estallar aun más las costuras de una región que, semitranquila o incendiada, no deja de inflamar todo lo que toca, esta vez -una vez más- con la complicidad de los mismos europeos que -también una vez más- pueden volver a lamentar los cálculos equivocados de las excesivamente magnánimas intenciones.
