NUEVO DIGITAL Internacional - La comunidad islámica de Bielorrusia reniega ahora de la condena a tres años de cárcel impuesta a un periodista del país por publicar las viñetas de Mahoma tras denunciarle ante el KGB por esa misma razón
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La comunidad islámica de Bielorrusia reniega ahora de la condena a tres años de cárcel impuesta a un periodista del país por publicar las viñetas de Mahoma tras denunciarle ante el KGB por esa misma razón

La comunidad islámica de Bielorrusia reniega ahora de la condena a tres años de cárcel impuesta a un periodista del país por publicar las viñetas de Mahoma tras denunciarle ante el KGB por esa misma razón

21.01.08 • 02:17 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

En Bielorrusia, los servicios de seguridad aún se denominan como en los viejos tiempos: KGB. Denunciando fraudes y conculcación de los derechos humanos, los Estados Unidos y la Unión Europea aplican severas sanciones contra el régimen del presidente Alexander Lukashenko, un irredento comunista soviético reconvertido al populismo semicapitalista, y uno de los pocos pero selectos héroes internacionales de Hugo Chávez, junto con Ahmadenijad, Castro y -hasta la, en tiempos electorales en España, providencial crisis PNTC-, Rodríguez Zapatero. Sectores antisemitas se unen con grupos antioccidentales y hasta con organizaciones internacionales paneuropeas para desviar la atención del apocalipsis carcelario desplomado sobre el periodista y editor, Alexander Sdvizhkov, por publicar las viñetas sobre Mahoma. Aseguran que todo se debe a un ajuste de cuentas interno. Hasta los líderes de la comunidad islámica se han asustado de la gravedad de la condena. Sólo hay un pequeño problema: fueron ellos mismos quienes le denunciaron ante el KGB del país. También, como en los viejos tiempos.

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O bien son una mera marioneta de un presidente oligarca y paradictatorial que desea acallar una de las pocas voces críticas internas contra su gestión, o bien son los perros de presa de la ofensiva judicial internacional para estrangular cualquier voz incómoda no ya con el islam, sino con el terror de censuras y autocensuras impuesto por atentados y represalias judiciales contra quienes no se resignan a convertirse en ciudadanos de un semicalifato europeo impuesto ‘de facto’, aprovechando la protección de las débiles y colaboracionistas democracias occidentales, tan tolerantes con quienes no dejan de proclamar a voz en grito que las terminarán destruyendo desde dentro.

'Musulmanes contra la sharia', contra el "islamofascismo"

O bien una cosa, o bien la otra. Pero en una de las dos -o en ambas de las situaciones- ha quedado muy mal parada la comunidad islámica de Bielorrusia, compuesta, según las versiones, por entre menos del uno por ciento hasta el dos o el tres por ciento de la población total del país, masivamente cristiana ortodoxa. El líder de la comunidad musulmana rusa, Ismael Voronovich, ha lamentado la que califica como excesivamente dura condena impuesta al director del diario Zhoda, tres años de cárcel.

Sin embargo, no protestó cuando, con anterioridad, Zhoda fue cerrado por el presidente Lukashenko en castigo administrativo por "incitar al odio nacional y religioso", los mismos cargos que han dado con Sdvizhkov en la cárcel. Ni tampoco protestó cuando el mismo Lukashenko cerró para siempre el díscolo periódico del editor rebelde. Ni mucho menos protestó el líder islámico cuando se presentó la denuncia contra el periodista. Entre otras cosas, porque fue él mismo quien le sirvió en bandeja al presidente bielorruso la cabeza del periodista crítico.

En efecto, fue el propio mufti quien le denunció ante el KGB por republicar las viñetas sobre Mahoma, una denuncia enriquecida con la habitual guarnición de acusaciones sobre racismos, odios religiosos y todo lo demás que muchos periodistas y bloggers ya se están comiendo en Occidente, como, por otra parte, se denuncia desde grupos como el de los “Musulmanes contra la sharia”, quienes, a su vez, en su lucha contra lo que califican abiertamente de “islamofascismo”, deben defenderse de fieles e infieles que les acusan de no ser más que unas marionetas al servicio de los neocon americanos, sea éstos lo que sean, puesto que, en general, el término no pasa de mero adjetivo insultante y descalificatorio por quienes lo utilizan sin el menor conocimiento de su significado.

Un truco "sionista" para vilipendiar a los musulmanes

Precisamente desde este lado, desde el de quienes ven conspiraciones internacionales occidentales para responsabilizar de todos los males a los musulmanes, convertidos en el inocente e involuntario brazo ejecutor de oscuras campañas de propaganda contra la Religión de la Paz, desde este lado es desde donde con mayor afán se está denunciando cómo, en realidad, la condena a Sdvizhkov se debe a un movimiento de represalia del presidente bielorruso que mantiene al KGB, ante quien, sin embargo, y sin protestar lo más mínimo, la comunidad musulmana denunció al periodista, lo que llevó, primero al cierre del periódico, después al arresto del director del medio, y, más tarde, el viernes pasado, a la condena a tres años de cárcel por “incitar la enemistad o la discordia racial, nacional o religiosa”.

Basta escarbar un poco para descubrir que este enfoque inculpatorio de una figura -providencialmente- tan mal vista en Occidente como Lukashenko no esconde más que más y mayor campaña islamista y proislamista, esta vez, ya abiertamente antisemita, esgrimida por quienes, desde la izquierda proislámica, denuncian la supuesta urdimbre "judía" y "sionista" del escándalo de las viñetas sobre Mahoma, que, con la condena del periodista bielorruso, habría alcanzado un nuevo éxito en el vilipendio de los musulmanes, redibujados esta vez como inocentes criaturas bielorrusas en medio de un pulso entre occidentales, y rusos y pro-rusos, con el activo contubernio de judíos y pro-judíos.

La OSCE se apunta al ajuste de cuentas interno

¿Un caso más de las evanescentes teorías conspiratorias para intelectos débiles? Entre las muy escasas -escasísimas- voces de condena contra el encarcelamiento de Sdvizhkov, la de mayor rango ha sido la de la Organización para la Seguridad y Cooperación en Europa, cuyo representante encargado de la “libertad de prensa” se apuntaba al ajuste de cuentas interno como explicación del desarrollo y desenlace del proceso, ignorando la sangrienta crisis internacional que siguió a la publicación de las viñetas, así como el propio origen de la publicación y republicación de los innobles dibujos blasfemos, publicados y republicados precisamente como una forma de protesta contra el terror impuesto por las comunidades musulmanas en trenes y autobuses, y por sus aliados occidentales en los tribunales. Por el contrario, el hombre de la OSCE, Miklos Haraszti, declaraba: “Veo el encarcelamiento de Sdvizhkov y el cierre del Zhoda como parte de una campaña contra un equipo de periodistas independientes, uno de los pocos que aún trabajan en Bielorrusia”.

Ni una palabra de condena contra quienes, desde la comunidad musulmana que ahora tan tolerante y magnánima dice sentirse, pusieron a los pies de los caballos al periodista independiente. En opinión de las máximas organizaciones internacionales europeas, todo no es más que la represalia de un presidente dictatorial contra un humilde periodista. Tirando la piedra y escondiendo la mano, la comunidad musulmana bielorrusa ejecutó la represalia que ahora se descarga contra un periodista, en Santa Alianza con el KGB insepulto de otro dictador más salido de las ruinas del comunismo.



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