NUEVO DIGITAL Internacional - Barham Salih, viceprimer ministro de Irak: "Lo que he visto en las mezquitas británicas no sería tolerado en Irak; sería ilegal"
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Barham Salih, viceprimer ministro de Irak: "Lo que he visto en las mezquitas británicas no sería tolerado en Irak; sería ilegal"

Barham Salih, viceprimer ministro de Irak: "Lo que he visto en las mezquitas británicas no sería tolerado en Irak; sería ilegal"

24.01.08 • 15:06 GMT • Javier Monjas - Madrid Email
  • Líderes musulmanes británicos exigen "rango legal" para la sharia en el Reino Unido aunque, mientras tanto, ya la aplican en casos de divorcios o disputas financieras

Proviene de la resistencia kurda agrupada ahora en la iraquí Alianza del Kurdistán. Es el segundo del gobierno de Irak tras Maliki. Vive y trabaja en Bagdad. Comprende, acepta y navega en el avispero étnico y sectario de su país, en medio de las constantes “carnicerías” -como él mismo las llama en la prensa internacional- dispuestas por los sujetos más charcuteros del islam. No es, desde luego, un estómago delicado que no haya visto y oído cosas fuertes en su vida. Pero lo que Barham Salih oyó y vio en las mezquitas del Reino Unido logró estremecerle. Según acaba de confesar ahora, las masivas descargas de odio antioccidental que constató en los templos islámicos del Reino Unido, serían, simplemente, perseguidas en Irak. El desconcierto ha cundido entre los líderes musulmanes británicos. Esta vez lo han tenido imposible para responder con la habitual cantinela de la “islamofobia” que, por otra parte, tanto y tan bien compran las organizaciones de la Unión Europea contra el “racismo” y la “xenofobia”, y a las que un vicepresidente iraquí quizás pudiera enseñar un par de cosas.

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Pero incluso para un musulmán iraquí, lo que oyó en las mezquitas de Lancashire es algo que sólo supone pronunciado en las zonas tribales de Pakistán o en los refugios alqaedistas de Irak, allí donde se preparan para el “martirio” los saudíes, libios, sirios y magrebíes que -algunos vía España- terminan en la máquina yihadista de hacer picadillo. Salih nunca lo había escuchado en el territorio salvaje de su país. Demasiado radical para Irak. Son cosas que se dicen en la clandestinidad. Ahora confiesa haberlo oído y visto en las mezquitas británicas, en los templos legales y protegidos de la multiculturalidad inglesa, dirigidos por imanes que, a su vez, cobran jugosas subvenciones del estado británico, ante quien presentan su mejor 'Cara A' para recibir un cheque que se gastarán, entre gritos, amenazas y apocalípticas descargas de odio, con su 'Cara B'. Lo que vio y oyó, lo vio y oyó en 2005, cuando realizaba una visita al Reino Unido invitado por el entonces jefe del interior, Jack Straw. Salih y Straw fueron juntos y vieron lo mismo juntos. Pero uno vio y comprendió, y el otro no. Y eso que, por entonces, aún no pedían los imanes y los líderes religiosos "rango legal" para la sharia, tal y como lo hacen ya ahora de forma abierta, aunque dejando claro que sólo se trataría de las "leyes personales" islámicas, y no de las "penales", tales como "lapidaciones hasta la muerte o cortar la mano", como aclara -"con una sonrisa"- el seij Suhaib Hasan.

"Furiosas reacciones" entre los líderes musulmanes

“No me sorprende que ustedes, los británicos, se enfrenten a tantos problemas con los extremistas después de lo que he visto en esas mezquitas de Blackburn. Lo que vi no sería tolerado aquí en Irak. Sería ilegal”. Esta fue la confesión que el viceprimer ministro iraquí realizó durante una cena en Bagdad al ministro de cultura en la sombra, Tobias Ellwood, y que ahora ha salido a la luz durante un debate sobre terrorismo en el Parlamento británico. Las organizaciones islámicas británicas han reconocido su “estado de shock” por las declaraciones de Salih. Algunos con una doble vida de ‘demócratas’ y ‘tolerantes’ en su dimensión pública, pero incendiarios cuando son sorprendidos -'en su salsa', en sus sermones de las mezquitas- por las cámaras ocultas de alguna cadena de televisión, líderes musulmanes de todo pelaje y condición han terminado reconociendo los “devastadores efectos sobre nuestras comunidades” que una declaración como esa tendrá en el país, proveniente de un respetado líder iraquí musulmán.

Harris Bokhari, de la Muslim Association of Great Britain, afirmaba: “Es una declaración sorprendente dado que él no conoce en realidad el estado de las mezquitas en este país”. “No puedo comentar la situación en Irak o si son pasivos o extremistas. Todo lo que sé es que las mezquitas del Reino Unido son lugares muy amigables y abiertos. No entiendo lo que dice”, remataba el líder musulmán. “Ocurrencias como esta no ayudan en el trabajo que hacemos en las mezquitas y en la comunidad”, declaraba, a su vez, Sohail Nawaz, cabeza de un grupo de “apoyo a las minorías étnicas”. “La gente que aterriza en nuestro país, regresa (al suyo) y hace declaraciones como estas no entiende el daño que hacen. Ocurrencias como esta llevan a la islamofobia”, concluía Nawaz. De hecho, el desconcierto ha sido tan amplio que el primero en salir al quite en defensa de la comunidad musulmana británica ha sido el propio Jack Straw. “La inmensa mayoría de la gente de fe musulmana en Blackburn quiere llevar vidas pacíficas y armoniosas”, ha dicho el entonces responsable de la cartera de interior, y hoy de la de justicia, en apoyo de las “furiosas reacciones” que la prensa local de Lacanshire, y muy en especial, de Blackburn, estaba recogiendo de los imanes locales, los más directamente imputados en lo que el viceprimer ministro iraquí vio y oyó.

Obispo de Oxford: "Relájense y disfruten"

Sin embargo, mucho no tiene que tenerlas consigo el gobierno británico sobre cómo piensa y siente “la inmensa mayoría de la gente musulmana” cuando no hace ni dos días que el propio ejecutivo de Londres lanzaba una amplia campaña de petición de colaboración ciudadana para combatir la imparable extensión del islamismo de planteamientos más brutales, no ya en las mezquitas, sino, también en las propias universidades. Reclutar a mujeres musulmanas como informadoras, pedir delaciones sobre el extremismo de estudiantes, profesores e invitados, o sugerir la construcción de capillas ‘multirreligiosas’ con el fin de que los musulmanes no tengan reductos de uso particular y abuso universal son algunas de las medidas que Londres proponía. “Hay una amenaza real y grave, y todos debemos asumir nuestras responsabilidades para protegernos a nosotros mismos”, declaraba el máximo responsable de educación, Bill Rammell, en tono mucho más inquietante. Retrato robot del extremista musulmán, según el gobierno británico: "Probablemente joven -generalmente, menos de 30 años-, y hombre, aunque está creciendo el número de mujeres que apoyan y participan en el extremismo violento".

Todo este ambiente tan violentamente enrarecido se producía sólo días después de que el obispo anglicano de Rochester -nacido pakistaní y, por tanto, protegido también de las acusaciones directas de “racismo”- denunciara que ya hay zonas en el Reino Unido donde les está vetada la entrada a los no musulmanes, unas declaraciones que, junto con la denuncia de la presión de los líderes islámicos, no ya para erigir minaretes, sino para llamar a la oración desde ellos a través de altavoces que soportarán toda la población, eran recibidos con más furia por la comunidad islámica británica. Por la comunidad islámica, y también por algunos de sus propios colegas de iglesia cristiana. El propio obispo de Oxford, donde se ha planteado el último pulso respecto a las llamadas a la oración desde los minaretes, apoyaba sin titubeos la exigencia islámica mientras pedía a los alarmados ciudadanos que se oponen al plan que se “relajen” y “disfruten” de “la diversidad de la comunidad”.



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