Yihad de amenazas, cruzada de autorreproches: Fuertes enfrentamientos internos en la Iglesia de Inglaterra por la actitud a adoptar ante los crecientes desafíos de la comunidad musulmana
XSon una minoría, pero la capacidad de corrosión que los musulmanes han conseguido llevar al Reino Unido se extiende ahora, implacable, al interior de la propia Iglesia de Inglaterra. Obispos contra obispos, fieles contra obispos, obispos contra fieles y fieles contra fieles son los frentes abiertos en la guerra intestina anglicana, y con unas organizaciones musulmanas que no cejan en un diario e inclemente bombardeo de reclamaciones, agravios y denuncias, mientras los más ofendidos y ultrajados de sus creyentes realizan una oscura cobertura del descontento militante islámico a base de una artillería de amenazas de muerte que ya ha llevado a algún destacado y crítico obispo a vivir bajo permanente protección policial. Los siguientes son los diversos y virulentos frentes internos de guerra abiertos en la Iglesia de Inglaterra, aquella que un día amalgamó al país y que hoy sucumbe, entre agrias recriminaciones mutuas, ante líderes musulmanes que consideran a los más incómodos y rebeldes obispos como una “amenaza para la paz”. Una “amenaza para la paz” que, por cierto, algunos creyentes islámicos, precisamente amantes de la paz, han jurado eliminar por la vía rápida.
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Tras denunciar que, en el Reino Unido, no sólo existen ya zonas vetadas a los no musulmanes, sino que, además, se da un riesgo cierto de agresión física y verbal para los no islámicos que intentan entrar en ellas, el obispo de Rochester recibió tantas amenazas de muerte que la policía ya ha puesto en marcha planes de protección especiales ante unas advertencias que son tomadas “muy en serio” por los cuerpos de seguridad. De nada han servido las ya habituales aclaraciones 'ad-hoc' en estos casos, como las realizadas por el propio Michael Nazir-Ali en el sentido de que no quería ofender a los musulmanes en su conjunto, sino sólo denunciar el riesgo del extremismo islámico y atacar a un multiculturalismo que ha provocado “desastrosas consecuencias”. En este sentido, Nazir-Ali destacaba, además, que sería “crucialmente importante para todos la libertad de discutir libremente” todos estos temas. Pero, obviamente, esa libertad hace ya tiempo que no se da. Las organizaciones islámicas han puesto en el disparadero a Nazir-Ali en medio de una yihad de acusaciones contra el obispo por “amenazar la paz”. Sin embargo, esta vez las agrias recriminaciones no sólo han llegado de las oleadas de acusaciones y victimismos musulmanes. También en su propia iglesia, el rebelde obispo de Rochester se ha visto bajo el ataque de una cruzada de santas pero agrias indignaciones.
Imán, al secretario del Interior, en Londres: "¿Cómo se atreve usted a venir a zona musulmana?"
Una gran parte de la jerarquía de la Iglesia de Inglaterra, con el arzobispo de Canterbury a la cabeza, ha condenado las declaraciones del obispo de Rochester como inflamatorias y "amenazadoras de todo lo que hemos hecho para acercarnos al islam británico", justamente lo que Nazir-Ali consideraba y considera una ininterrumpida secuencia de concesiones y rendiciones. Nadie por el momento, -ni jerarquía anglicana, ni organizaciones musulmanas- ha desautorizado, condenado o denunciado las amenazas difundidas por Internet que predicen cómo el obispo “no vivirá mucho” si sigue "criticando" al islam. De nada le sirven al contestatario prelado de Oxford el apoyo de miembros aislados de la comunidad islámica que, una vez salidos del gueto extremista, denuncian cómo ese mismo gueto se extiende por todas parte y cómo, en efecto, en el Reino Unido ya existen zonas vetadas a los no musulmanes, las famosas “no-go areas” que evidenció Nazir-Ali. Un antiguo seguidor de los Hizb ut-Tahrir -abiertos defensores de la "destrucción de Occidente" y de la instauración de un califato "de Londres a Ankara"- ofrecía en el Sunday Times múltiples ejemplos en este sentido, uno de ellos -muy conocido en su tiempo y altamente simbólico-, el protagonizado hace un año por el entonces responsable del interior británico, John Reid, quien, durante un discurso sobre el extremismo islámico en Leytonstone, en el este de Londres, fue interrumpido por un conocido imán al grito de “¿Cómo se atreve usted a venir a una zona musulmana?”.
Coincidiendo con todo este ambiente se abría en toda su crudeza el asunto de la exigencia de los musulmanes de Oxford de emitir a través de altavoces situados en el minarete de la Mezquita Central tres llamadas diarias a la oración, en compasiva reducción de las cinco obligatorias, ahorrando a la ciudad las que se registran de madrugada y por la noche. Algunos residentes de Oxford lamentan la “dictadura islámica” en la que vivirán bajo las llamadas a la oración musulmana desde el minarete, resonando por toda la denominada ciudad de las “agujas (de iglesia) soñadoras”. Otros, sencillamente, se quejan del estruendo y de la polución acústica del imán clamando a través de potentes altavoces que no hay más dios que Alá. Pero lo que no se esperaban muchos es que fuera el propio obispo de Oxford el que defendiera la iniciativa, entre llamadas a que sus fieles se “relajaran” y “disfrutaran de la diversidad de la comunidad”. “Creo que tenemos muy buenas relaciones con la comunidad musulmana aquí en Oxford y estoy personalmente muy feliz por el hecho de que la mezquita llame a los creyentes en East Oxford”, declaraba John Pritchard, quien, además, no ahorraba críticas a su colega Nazir-Ali y dejaba claro su deseo de “distanciarse” de la posición del obispo de Rochester.
Rebelión cristiana contra el obispo de Oxford
Pero, esta vez, la cólera llegó de sus propios fieles y de los ciudadanos en general, que no estaban dispuestos a “relajarse” y “disfrutar la diversidad” de su obispo. Las acusaciones de rendición de la ortodoxia cristiana al supremacismo islámico fue de lo más templado que tuvo que escuchar un relajado obispo Pritchard que pronto tuvo que dejar de estarlo. "Esto no tiene nada que ver con mi ortodoxia sobre el carácter único de Cristo", se defendía Pritchard. "No es un caso de venderse a sí mismos, (sino) de cómo demostramos fe y amor, no excluyendo a personas, sino ganando a personas para el amor de Cristo". Pero la tierna homilía no convenció ni a los reverendos de su misma parroquia. Destacados clérigos del propio Oxford, como el rector de la iglesia más concurrida y exitosa de la localidad, se distanciaban, a su vez, de su superior y denunciaban que las llamadas a la oración islámica desde los minaretes a toda la ciudad eran “in-inglesas (‘un-English’)”. El reverendo Charlie Cleverley, en abierta rebeldía de las directrices de Pritchard y en referencia a las llamadas a la oración desde los minaretes, no sólo denunciaba el “molesto ruido que afectará a los habitantes que tengan que oirlas”, sino que preveía el mismo riesgo de “guetización” que ya denunciaba, como consumado, el obispo rebelde Nazir-Ali. “Cuando una zona como esta se encuentra sometida a una llamada a la oración, puede obligar a la gente a salir de ella, y a animar a las familias musulmanas a trasladarse dentro de ella”, con el riesgo de “guetización” de Oxford como un riesgo evidente “en unos pocos años”.
Mientras tanto, la vida sigue. Una adolescente pakistaní de quince años era casada hace unas semanas mediante un “matrimonio telefónico” y reclamada en el Reino Unido, donde la esperaba su nuevo marido entre promesas de una vida mejor en Europa. Pero cuando llegó, el novio resultó ser un cuarentón, estar parado y, además, tener la edad mental de un niño de cinco años. La madre del novio decidió dedicarla entonces a la prostitución pero, sospechando que la chica puede intentar escapar, invitó a todos los miembros masculinos de la familia a que la violaran. Cosa que hicieron. Después, la adolescente consiguió huir y acudió a la policía. Mientras tanto, el Consejo de la Sharia del Reino Unido -que ha comenzado a exigir rango legal y oficial para sus decisiones- considera de total y absoluta validez el matrimonio a los ojos del islam. Todos saben la pena para la esposa que abandona al marido. La policía recuerda que existe una cifra negra de ‘asesinatos por honor’ que nadie sabe a cuánto asciende, enmascarada por muertes supuestamente de violencia doméstica y por las complicidades del silencio de las comunidades étnicas que la amparan. La adolescente sin nombre ni rostro vive ahora en una casa refugio social protegida, en su propio gueto de miedo, en el gueto multicultural de quienes ya han sido derrotados en tierra que imaginaron de libertad.
