NUEVO DIGITAL Internacional - La sharia, "inevitable" en el Reino Unido: El escándalo provocado por el Arzobispo de Canterbury hace emerger casos criminales juzgados ya en exclusiva por 'tribunales' islámicos
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La sharia, "inevitable" en el Reino Unido: El escándalo provocado por el Arzobispo de Canterbury hace emerger casos criminales juzgados ya en exclusiva por 'tribunales' islámicos

La sharia, "inevitable" en el Reino Unido: El escándalo provocado por el Arzobispo de Canterbury hace emerger casos criminales juzgados ya en exclusiva por 'tribunales' islámicos

10.02.08 • 13:12 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Aún no se sabía, pero la corrosión provocada por el islam en el Reino Unido había llegado al propio Arzobispo de Canterbury. La pasada semana, desde Nuevo Digital, se informaba sobre cómo la carcoma del multiculturalismo, centrado en los abiertos desafíos de la minoritaria pero cáustica comunidad musulmana, había llevado a un insólito nivel de enfrentamiento interno dentro de la Iglesia de Inglaterra en un contexto en el que incluso el propio gobierno británico reconocía, a efectos de prestaciones sociales, a los matrimonios polígamos islámicos. El mensaje ofrecido a una comunidad musulmana que -nacida o no nacida en el país, y según encuestas y estudios (en Nuevo Digital: 1 y 2)- prefiere de forma abrumadora ser gobernada por la sharia, es que no hará falta sino continuar la presión. Pero los grupos y grupúsculos terroristas, pseudoterroristas y filoterroristas también habrán sabido extraer sus propias conclusiones: cuando hasta las cúpulas ya caen, minados sus cimientos, quizás no haya sino añadir a la presión de la resistencia civil alguna que otra sacudida más al árbol para que otros recojan las nueces desprendidas en una persistente lluvia fina de renuncias y concesiones. El siguiente es el último parte de un Choque de Civilizaciones en el que el Reino Unido malresiste como puede, la última pero implacable escaramuza que vuelve a resucitar las profecías de Gadafi sobre cómo -esta vez sí- Europa caerá bajo el islam “sin espadas, sin armas, sin conquistas”.

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En realidad, el arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, no hizo sino levantar el velo a una evidencia: la comunidad islámica ni se integra ni se integrará, en abierto rechazo, si no desafío, de la “ley de la tierra” británica. “Hombre acostumbrado a estar de rodillas”, como se le calificaba con sarcástico y agrio insulto desde algún artículo de la prensa londinense de calidad, Williams no hacía más que intentar buscar una salida a la desesperada: incorporar a la ley civil democrática británica los aspectos menos atrozmente indigestos de una ley tribal del desierto de hace trece siglos con el fin de que el ciudadano musulmán “elija jurisdicción”. El arzobispo ve “inevitable” la sharia rigiendo una parte de la ley británica. De hecho, es tan inevitable que ni se ha evitado. Ahora se sabe cómo incluso casos criminales relacionados con musulmanes son ya resueltos en ‘tribunales’ islámicos, sin pasar por las cortes legales. El arzobispo podría haber intentado también neutralizar el protagonismo de uno de sus más afamados y rebeldes obispos, el de Rochester, que denunciaba hace unos días la "imposición" del islam en el Reino Unido y cómo ya hay zonas "vetadas" a los no musulmanes (en ND). De paso, Williams elevaba el perfil religioso del debate ante la presión laicista, pero lo hacía de una forma espectacularmente peligrosa: mi propio templo resistirá mejor apoyado por otros templos. Aunque esos templos estén ocupados por gentes que han jurado destruir el mío.

Cuando el Reino Unido colonial también defendía sus "costumbres"

Por el momento, la furibunda reacción que se ha registrado en el Reino Unido a las propuestas del arzobispo de Canterbury parecería que no deja lugar a dudas. Un editorial del Telegraph le ha llamado “inepto”; un artículista del mismo diario, “idiota”; una conocida columnista musulmana progresista ha calificado de “abominables” sus propuestas; el antecesor de Williams en el arzobispado las conceptuaba de “desastrosas”, y su colega en la cúpula de la iglesia católica británica, el cardenal Murphy-O’Connor, exigía que los extranjeros cumplan con “la ley de la tierra” británica. De hecho, en el propio Sínodo General de la Iglesia de Inglaterra se levantaban voces extremadamente agresivas contra Williams, mientras todo hacía prever que en la reunión de este lunes del máximo órgano rector de la organización muchos le esperarán con los cuchillos levantados exigiendo dimisión.

Los tabloides de Londres -con unos titulares de una inusitada virulencia para el máximo representante religioso de la iglesia oficial del país- han organizado hasta campañas en las que han recolectado decenas de miles de correos electrónicos “aporreando” al obispo y exigiendo que se marche. En Australia, la poderosa iglesia anglicana local rechazaba la propuesta, en idéntica actitud de la adoptada por el gobierno de Canberra. En Nigeria, donde mucho saben de las carnicerías islámicas en propia piel (en ND 1, 2 Y 3), el primado del país, Peter Akinola, calificaba las 'ideas' de Williams como "alarmantes y desafortunadas en grado sumo". En el propio Times de Londres, columnistas calificaban a Williams de “peligroso”, se llamaba a la “resistencia” contra el arzobispo, y se recordaban las palabras del comandante de las tropas británicas en tiempos coloniales contra los indios que protestaban por la prohibición de la incineración de viudas: “Es vuestra costumbre quemar viudas. Muy bien. Nosotros también tenemos una costumbre: cuando los hombres queman a una mujer viva, les anudamos una cuerda alrededor de sus cuellos y los colgamos. Construid vuestra pira funeral y, tras ello, mis carpinteros construirán las horcas”.

"Una receta para el caos social" que ya se cocina

En efecto, la reacción ha sido violentísima. Pero el debate ha sido abierto. No importa que la policía haya desvelado lo que se esconde tras la propuesta de que la sharia regule el matrimonio entre musulmanes. Y que lo que se esconde son 17.000 mujeres víctimas cada año de delitos violentos -incluyendo el asesinato- cometidos para lavar el “honor” familiar, en medio de un océano de matrimonios concertados y celebrados por teléfono, donde niñas terminan atadas a hombres a los que no conocen en la otra punta del mundo, muchas veces disminuidos psíquicos, matrimonios que, sólo a veces, terminan ante un tribunal islámico. De hecho, desde el gobierno británico se esté alertando de cómo, representando la comunidad musulmana pakistaní no menos de un 3 por ciento de la población total, ostenta el triste honor de dar a luz a uno de cada tres niños con enfermedades genéticas físicas y mentales de entre todos los que nacen el Reino Unido, consecuencia de sus endogámicas costumbres de casar a primos en primer grado generación tras generación. Nada de esto importa. Con el debate abierto ya en toda su extensión, incluso el gobierno de Londres ha dejado abierta la puerta a “estudiar caso por caso” alguna propuesta de incorporar la sharia al ordenamiento jurídico civil británico.

Sin embargo, ya en estos momentos, asuntos civiles relacionados con matrimonios o herencias se resuelven en tribunales islámicos. Las organizaciones islámicas claman que también los judíos ortodoxos tienen sus propios tribunales para solucionar algunos problemas, pero se olvidan de añadir que esas ‘cortes’ judías están por completo subordinadas al sistema legal británico y, en ningún caso, exigen leyes paralelas a su acomodo. De hecho, en medio del escándalo provocado por las propuestas de Williams, se acaba de saber cómo los tribunales islámicos están yendo mucho más allá de dirimir casos de conflictos económicos, o de casar y descasar a voluntad. Y lo que se acaba de saber es que la policía ya está renunciando a llevar ante el juez casos criminales relacionados con ciudadanos musulmanes, tras dejar los casos y los ciudadanos en manos de las cortes islámicas reunidas en la trastienda de un café o en cualquier domicilio o mezquita. Todos los partidos políticos han machacado al arzobispo acusándole de que sus alternativas son “una receta para el caos social”. Sin embargo, la receta ya se está cocinando desde hace mucho en el Reino Unido. Y el caos es el de cada día, cuando cada día se desprende más lienzo de los ajados muros del Reino Unido, ahora no sólo desunido, sino resquebrajado y carcomido hasta en la propia iglesia que le dio y garantizó su ya caducada y brillante unidad de siglos.



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