NUEVO DIGITAL Internacional - La 'defensa de Occidente', en manos de 'creyentes no creyentes': Las iglesias de Inglaterra y Roma se unen contra el laicismo aun a costa de abrir la puerta de Europa al islam
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La 'defensa de Occidente', en manos de 'creyentes no creyentes': Las iglesias de Inglaterra y Roma se unen contra el laicismo aun a costa de abrir la puerta de Europa al islam

La 'defensa de Occidente', en manos de 'creyentes no creyentes': Las iglesias de Inglaterra y Roma se unen contra el laicismo aun a costa de abrir la puerta de Europa al islam

12.02.08 • 17:35 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

No es que no sean practicantes. Ni que las jerarquías eclesiásticas les cojan lejanas y ajadas. Es que ni tan siquiera son creyentes. Una confusa pero cada vez más potente amalgama de agnósticos, ateos y paracreyentes de bajo perfil se convierten en la vanguardia de los valores occidentales frente al agresivo acoso del islam. ‘Yo no soy creyente, pero creo en la civilización judeocristiana’. Eso es lo que se oye, lo que se lee en los activos y virulentos foros en Internet, o lo que se confiesa en correos electrónicos privados al periodista. La ‘defensa occidental’ aliada de las jerarquías eclesiásticas se encuentra en estos momentos reducida a unos pocos y localizados focos tradicionalistas, con raíces decimonónicas, cuando no tridentinas. El Papa Benedicto XVI y el Arzobispo de Canterbury dialogan o abiertamente franquean la puerta al Islam en Europa. Para ellos, el enemigo no es la ley del desierto, sino la ley del siglo. En el Choque de las Civilizaciones, los sumos sacerdotes habitan una cama común. Pero dentro del armario no se encuentran quienes los amantes desearían encontrar.

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Durante el fin de semana adquirieron mucha relevancia. Los medios británicos las citaban por doquier. Eran las voces críticas dentro del Sínodo anglicano contra la invitación del Arzobispo de Canterbury a abrir la puerta a la sharia en el ordenamiento jurídico civil. Pero cuando el lunes, Rowan Williams entró a la que se preveía como tormentosa sesión sinodal, los aplausos atronaron entre vítores. Las “aclaraciones” de la cabeza anglicana sobre lo que quiso decir -es decir, lo que dijo, reforzado con más (brillante) retórica- fue recibido con mayores muestras de entusiasmo por quienes sólo unas horas antes parecería que iban a exigir su cabeza cortada con un alfanje. Había quedado claro que no iba a ser la propia Iglesia de Inglaterra quien arrojara la primera piedra en la lapidación de Williams. Sutil, pero de forma extraordinariamente nítida, la primera y extrema agresividad de alguna prensa contra el arzobispo se fue transformando en ‘serenas explicaciones’ sobre las propuestas de un prelado que, si de algo se le podía acusar, era de ser “culpable de inocencia”, como aseguraba la BBC, encabezando con entusiasmo el apoyo a la constitución legal de ‘tribunales islámicos’, descritos en sus reportajes de forma harto bella en la apología de su eficacia.

"Un ataque estratégico contra el laicismo"

La cuestión es que en el Reino Unido hay 1.600 mezquitas. La cosa está clara: Europa ya es islámica (en ND). La cuestión es si, más allá de los vociferantes imanes y de los heroicos soldados yihadistas de aplicación coránica directa, el islam es el enemigo… o un potencial aliado contra el peor de los monstruos para ambas religiones del libro: el secularismo, el laicismo. La tremenda brecha abierta por el Arzobispo de Canterbury no sólo ha enraizado en un debate en el que el propio gobierno británico ha dejado abierta la puerta a considerar “caso por caso” las propuestas. La cuestión es que se confirmaba cómo la audaz intervención de la cabeza anglicana iba dirigida en primer lugar y sobre todo, a intentar afianzar el propio poder de una iglesia estatal que va perdiendo los apoyos en una sociedad donde, para Williams, el problema no es el multiculturalismo, sino el unisecularismo. Francotiradores agazapados en algunas columnas peridistícas tenían claro cuál era el objetivo del arzobispo y cuál el suyo. “Un ataque estratégico contra el laicismo desde la cabeza de una institución anticuada”, se decía desde un lado. El secularismo ha llevado la religión al ámbito privado “y eso es algo que la trivializa”, se contestaba desde el otro, aun reconociendo, como se repite hasta la saciedad bajo las bellas cúpulas eclesiales, que “en el combate entre los principios de la moderna democracia y las doctrinas de la fe, la democracia y el imperio de la ley secular debe siempre ganar”.

¿Siempre? No será desde luego para el islam, donde cualquier musulmán considerará 'siempre' por encima a la sharia respecto a las constituciones civiles, como musulmanes españoles han dicho de forma ferozmente nítida en repetidas ocasiones. “Los musulmanes españoles podemos considerar al Acuerdo de Cooperación (con el estado español) como nuestra pequeña Constitución. Esta se integra dentro de otra mayor, la Carta Magna, la Constitución española. Y las dos están incluidas, para nosotros los musulmanes, en la Constitución por excelencia, la normativa legal de la Umma, la noble Sharia”, han dicho los conversos de Junta Islámica (en ND), por mucho que nacieran ciudadanos de un estado de derecho -y por mucho de que de él vivan a base de subvenciones, según denuncian algunos de sus rivales correligionarios. En el caso de las refractarias comunidades musulmanas provenientes de las ásperas teocracias y semiteocracias del Oriente Medio, la supremacía de la sharia llega al paroxismo que, una y otra vez, dejan ver las encuestas sobre la exigencia de ser gobernadas por la ley del desierto antes que por los códigos civiles (en ND 1 y 2).

'¿El islam? El peligro es el laicismo'

¿Y sólo la Iglesia de Inglaterra? Para una vez que el Papa Benedicto XVI cita a un oscuro personaje medieval crítico con el islam se arma la de Las Navas de Tolosa. Con resultado bien distinto tras la batalla, con la imagen de un pontífice rezando silencioso, en justa expiación, en una mezquita turca, antes de proclamar que el "islam es una religión de paz y tolerancia" (en ND), por mucho que un centenar de cristianos en varios países de mayoría islámica hubieran caído como moscas ante la no menos justa ira islámica, que, a pesar de todo, sigue exigiendo sangre derramada por unos dibujos publicados. Pero lo que Roma siempre ha fustigado -desde la primera encíclica del actual pontificado-, como ahora Canterbury, no ha sido el supremacismo islámico, sino el “relativismo” y el “secularismo” de los tiempos modernos, contra los que ha estado advirtiendo a cualquiera que pisara tierra vaticana, real o putativa.

Hace un par de semanas se lo recordaba a los obispos eslovenos, como bien se encargaba de recoger la radio vaticana en información ampliamente rebotada por medios católicos de todo el mundo. No hacía ni días que Benedicto XVI se había visto obligado a cancelar su prevista visita a la Universidad de La Sapienza, fundada precisamente por otro papa hace siete siglos, pero ahora en manos de la aguerrida muchachada laico-pacifista de la pedrada y el cóctel molotov. El mensaje era recibido de forma inmediata, ‘urbi et urbi’, en todo el mundo católico: “Los censores del laicismo silencian al Papa”. La apertura de “diálogo” con el islam, sin embargo, continúa su marcha (en ND), por mucho que los otros ‘mártires’, los que mueren sin matar, continúen muriendo bien matados -y en silencio- en los países de la Umma (en ND).

La cama común de los sumos sacerdotes

El enfrentamiento a cara de perro entre la Iglesia católica española y el no menos agresivo ejecutivo socialista que ejecuta al país se enmarca en el mismo ámbito, con una Conferencia Episcopal de perfil clamorosamente bajo frente a las cada vez menos tímidas exigencias islámicas -pañuelos mediantes-, pero con un frente de guerra estabilizado en las trincheras frente al Palacio de la Moncloa, lo habite quien lo habite ahora, y lo habite quien lo habite a partir de las elecciones de marzo. En este contexto, no deja de resultar extraordinariamente llamativo que sean cada vez más amplios sectores de opinión indiferentes, cuando no hostiles, a las jerarquías católicas quienes defiendan la ‘resistencia’ contra el islam. En el Choque de las Civilizaciones, las camas han comenzado a acoger a extraños compañeros que desde hace siglos luchaban a tumba abierta. Pero dentro del armario, no se encuentran quienes los amantes esperarían y desearían encontrar. Y son esos los que saldrán cuando comiencen las disputas de las extrañas parejas en la cama común de los sumos sacerdotes.



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