El avispero por montera: Europa patrocina su primer estado musulmán en Kosovo, pero también bloquea la expulsión de los yihadistas wahabíes de Bosnia
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Se atribuye a Napoleón el dicho de que no hay que molestar al enemigo cuando se equivoca. Con la atención desviada en las nuevas y bulliciosas algarabías sobre las viñetas de Mahoma, la ya consumada construcción desde dentro del primer estado musulmán europeo en Kosovo, y con Bosnia y Turquía esperando en la recámara al asalto de Bruselas, desde la internacional musulmana se mantiene un sabio silencio, tan sólo roto por declaraciones con sordina tras audiencias privadas en la retaguardia de los creyentes que dejan ver, en toda su crudeza, las agendas ocultas escritas por la osada diplomacia de Alá (en ND). Al ultragarantismo legislativo, judicial y ejecutivo europeo ya se ha unido también el religioso, tras la defensa de la sharia realizada por nada menos que la cabeza de la Iglesia de Inglaterra. De hecho, organizaciones y tribunales de 'derechos humanos' ya funcionan en Europa como los mejores embajadores de los peores emisarios islámicos. No sólo ha ganado en Europa el terrorismo islámico de Kosovo. También lo está haciendo en los tribunales europeos el yihadismo saudí en Bosnia
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Hay dos tipos de países musulmanes: las teocracias a la saudí o a la iraní, y las democracias o pseudodemocracias a la turca o a la marroquí, respectivamente. Los primeros maniobran desde la retaguardia e inyectan sus incendiarios clérigos allí donde pueden, pero siempre de forma más o menos encubierta. Los segundos ya se saben miembros 'de facto' del club occidental y desafían a las claras a quienes exigen los derechos que creen merecer. Lo hacen a veces bajo amenaza, como obraba Erdogan en la tierra española de la Alianza de las Civilizaciones al advertir que no habrá paz sin una Turquía de pleno derecho en la Unión. Eso por el lado político. Pero también a través de lo que abierta y explícitamente consideran como la 'quinta columna' de sus millones de emigrantes en tierra europea. Y no desde las lejanías de Ankara o Estambul, sino también en propia tierra alemana, donde Erdogan se permitía retar al país que alimenta a segundas y terceras generaciones de turcos que, ni por asomo, piensan en el regreso a Turquía, y a las que el primer ministro turco -por tanto, teóricamente un dirigente extranjero a ellas- se permite ordenar -en Colonia- que no se dejen asimilar por la sociedad alemana.
Erdogan: "No a la asimilación" de los turcos en Alemania
Y para poner el dinero donde ponía la palabra, según el dicho americano, Erdogan también exigía a Angela Merkel universidades donde se enseñe en turco, dentro de un modelo donde ningún niño aprenda antes a hablar alemán que la lengua de sus antepasados, por muy lejanos que vayan quedando en la Asia Menor. Y, para ello, Turquía se muestra, generosamente, dispuesta a enviar profesores para mantener la ‘etnicidad’. 'Integración, sí; asimilación, no' es la nueva y descarnada consigna de Turquía en su peregrinaje de exigencias, desafíos y amenazas por la Europa a la que aspira a entrar y en donde sólo encuentra como respuesta cabezazos de aquiescencia cuando no estruendosas ovaciones como la que cerró sus amenazantes advertencias ante el magro, pero significativo, auditorio de la Alianza de Civilizaciones en Madrid.
Pero no es el único puente de plata tendido por la clase política europea a un islam que, desde dentro y desde fuera, sabe -con el Arzobispo de Canterbury a la cabeza- que el futuro continental es, de forma “inevitable”, musulmán. La cuestión es si ese futuro es ‘también’ musulmán, o es ‘sólo’ musulmán. En los Balcanes hay mucha gente que no sólo piensa ya en el nuevo califato balcánico, sino también en el califato europeo. Son los miles de guerrilleros que combatieron frente a los musulmanes bosnios en las guerras regionales, que después se quedaron, y que ahora no son más que la avanzadilla del wahabismo saudí en la región. Con un Kosovo musulmán ya independiente, y a pesar del creciente nerviosismo entre los ultraserbios pseudonacionales de la semibosnia República Srpska, el propio gobierno de Sarajevo consideraba como la más directa amenaza para su seguridad la presencia de estos miles de yihadistas a quienes -en fervorosa alegría religiosa entre creyentes, y abierta corrupción entre funcionarios y militares- se concedió ciudadanía bosnia, mientras se les permitía mantenerse como un miniestado de guerra santa donde tomaban su primer descanso los maletines repletos de dinero desembarcados por los píos enviados saudíes a la ya tambaleante Europa.
Derechos humanos europeos para yihadistas wahabíes en Bosnia
Y en esto volvieron a aparecer los grupos y jueces de derechos humanos, los otros batallones del grotesco ejército político europeo. Organizaciones ‘humanitarias’ de todo tipo -la mayor parte de ellas, subvencionadas- se ‘movilizaban’ para exigir a Sarajevo que paralizara la expulsión de los yihadistas ante la posibilidad de que se vieran amenazados sus derechos humanos en los países del Norte de África y del Medio Oriente de donde procedían, y donde no los quieren volver a ver ni en pintura, abrumados como están -desde Marruecos y Argelia, a Irak y Afganistán- en la resistencia a sus propias guerras santas salafistas. Pero no sólo los grupos de derechos humanos ponían el grito en el cielo (mayormente, islámico) ante la 'inhumana expulsión' de miles de brutales guerreros de Alá, los mismos que maceraron a los serbokosovares antes de que los bombarderos de la OTAN los pusieran en la barbacoa. El propio Tribunal Europeo de Derechos Humanos exigía a Bosnia hace un par de semanas que bloqueara la expulsión del peor de todos ellos, el líder de los guerreros santos en el corazón de Europa, el muy honorable y barbado Imad Al Husayn.
Husayn es más conocido como Abu Hamza, en siniestra coincidencia con el basilisco radical del afamado Abu Hamza británico, el muy ostentoso, muy orgulloso y muy siniestro líder del odio islámico en el Reino Unido con su gancho pirata y su ojo tuerto, y, así mismo, hasta ahora bien resguardado por un sinnúmero de legislaciones de asilo y de derechos humanos. El Abu Hamza bosnio no sólo ha utilizado todo tipo de recursos judiciales para apelar su orden de expulsión, sino que conseguía que el propio Tribunal Europeo le amparara ante las supuestas amenazas a su integridad física y moral que podrían derivarse de su regreso a Siria, no por su radicalidad islámica -fomentada y bienvenida en la política exportadora de Damasco-, sino por no haberlo hecho bajo las órdenes directas de las autoridades nativas. Por lo que la benemérita corte de Estrasburgo ordenaba la continuación del asilo al menos mientras no se agotaran las infinitas vías judiciales locales, nacionales y supranacionales a la que Abu Hamza está apelando en defensa de sus derechos cívicos y humanos, y a pesar de que los Acuerdos de Dayton habían ordenado la expulsión de todos los guerrilleros extranjeros de la zona.
En este contexto, de Arabia Saudí a Irán se calla con el proceso -declarado en Turquía y Kosovo, soterrado en Bosnia- de lo que ven como una nueva y extremadamente poderosa punta de lanza en la penetración islámica de Europa fomentada desde su propio interior. Uno más de los poderosos ‘caballos de Troya’ que, lenta, pero inexorablemente, muchas mentes calenturientas de desierto sueñan para el futuro califato sobre la ansiada y esquiva doncella histórica (en ND), de Algeciras a Estambul, como bien, pero inocentemente, venia a predecir la canción, y mientras los colegas albanokosovares del yihadismo bosnio hacen tiempo con sus ultraviolentos raids de asaltos a los domicilios privados de la ya bien raptada Europa Occidental de los cruzados.
