NUEVO DIGITAL Internacional - Qatar permite la apertura de su primera iglesia cristiana en una decisión calificada de "nauseabunda" y "repulsiva" por políticos y periodistas del país
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Qatar permite la apertura de su primera iglesia cristiana en una decisión calificada de "nauseabunda" y "repulsiva" por políticos y periodistas del país

Qatar permite la apertura de su primera iglesia cristiana en una decisión calificada de "nauseabunda" y "repulsiva" por políticos y periodistas del país

20.02.08 • 03:00 GMT • Javier Monjas - Madrid Email
  • Ghazi al-Gosabi, ministro de Trabajo de Arabia Saudí, sobre emigrantes en el Golfo: “No queremos ver el día en que nos veamos forzados a permitir a trabajadores extranjeros que estén representados en nuestros parlamentos o en nuestros ayuntamientos”.
  • Ali Bin Abdullah Al Ka’abi, ministro de Trabajo de los Emiratos Árabes Unidos, sobre emigrantes en el Golfo: “En algunas zonas del Golfo, no puedes saber si estás en un país árabe musulmán o en un distrito asiático. No podemos llamar a esto diversidad. Ninguna nación del mundo podría aceptar la erosión de su cultura en su propia tierra”.

No tendrá ningún tipo de ornamentación religiosa en el exterior. Ni torre. Ni aguja. Ni mucho menos, cruz, expresamente prohibida su exhibición por las leyes específicas para ‘dhimmis’. Se han dado garantías de que no se hará proselitismo desde ella. Es más: están prohibidas las conversiones. Pero, si las incendiarias opiniones que se escuchan en el país no fuerzan a lo contrario, el próximo 15 de marzo un significativo cardenal de apellido ibérico y con dominio de una veintena de idiomas llegará desde el Vaticano para inaugurar la primera iglesia de Qatar en siglos. Sin embargo, hay dos problemas. Uno humano. Y otro divino.

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El humano es que prácticamente todos los cristianos del país son emigrantes, y existen ya peticiones -al máximo nivel político- de expulsiones masivas debido a que los extranjeros estarían amenazando la “identidad” de la zona, ya que sobrepasan en mucho a los propios nativos. Y el divino es que, además, el Corán prohíbe expresamente la convivencia de dos religiones en la Península Arábiga. Así que, mientras miles de emigrantes tienen pesadillas con maletas y regresos forzados, los teólogos islámicos liberales están haciendo filigranas para encajar a la intrusa iglesia católica en los santos y exclusivos desiertos de Alá, que, si no lo remedia algo o alguien, además verán la llegada de un mínimo y tímido pelotoncillo formado por algún que otro templo protestante y ortodoxo tras la avanzadilla abierta por los fieles romanos.

Corán: Dos religiones en Al Jazira son multitud

De los países árabes del Golfo, sólo Arabia Saudí quedará con prohibición expresa y penada de iglesias, y no parece que cambien las cosas allí a un ritmo fácilmente perceptible, a pesar de la reciente autorización a las mujeres para que puedan conducir coches (en ND), eso sí, siempre que sean mayores de 35 años y vayan acompañadas de un pariente masculino adulto si salen de sus ciudades de residencia. La reciente decapitación de un egipcio por “brujería” tras ser denunciado por manejar “hierbas”, “convocar a diablos” y “colocar en el baño el Corán”, o el arresto de una mujer de negocios que fue sorprendida por agentes de la Comisión de la Promoción de la Virtud y para la Prevención del Vicio tomando café en un Starbucks de Riad con un colega masculino que no era su pariente directo, son sólo algunos de los últimos casos en el Barrio Sésamo del parque temático musulmán saudí bendecido por el Toisón de Oro español (en ND).

Sin embargo, muchos en la Al Jazira árabe creen que la construcción de iglesias está expresamente prohibida en el Corán, con lo que queda más bien poco margen de maniobra y mucho aplicar las estrictas leyes sobre dhimmitud que el propio libro santo ordena para quienes, profesando una de las religiones de la Escritura, sean autorizados a mantener su fe a cambio de rendir sometimiento a la mayoría musulmana. En efecto, el Corán, en la Sura 3, ayat 85, afirma que “si alguien desea una religión diferente del islam, no se le aceptará, y en la otra vida será de los que pierdan”. Dentro de la apertura que algunos sectores islámicos están llevando a cabo en las medievales monarquías de la región -como en Abu Dhabi (en ND)- e, incluso, en países rígidamente wahabíes, como el propio Qatar, los estudiosos creen que la orden divina sobre una religión exclusiva en tierras y cielos se aplica sólo al Hiyaz, es decir, la región occidental saudí bañada por el Mar Rojo donde se encuentran las dos ciudades santas de La Meca y Medina.

Decisión "repulsiva" y "nauseabunda"

Pero la cosa no convence a muchos en el país. Ex ministros y periodistas están sacando la artillería pesada contra una decisión calificada de “repulsiva” y “nauseabunda” en medios de comunicación locales. “La cruz no debería ser levantada bajo el cielo de Qatar ni las campanas deberían tocar en Doha”, decía un columnista en incendiaria pero manipulada retórica, puesto que ni habrá cruces bajo el cielo de Qatar -como mucho, bajo un techo de Qatar-, ni, mucho menos, agitarán las campanas el ardiente aire de la fiel atmósfera del país. Otros creen que el culto cristiano debería ser una cuestión privada, mientras otros más exigen un referéndum sobre la construcción de iglesias “para asegurarse de que son socialmente aceptadas”.

En cualquier caso, todo parece indicar que el próximo 15 de marzo, el trabajo de años del Vaticano y las décadas que los cristianos en el país se han pasado rogando por un templo vayan a culminar en el primer culto celebrado en la Iglesia de Nuestra Señora del Rosario, que ha costado 15 millones de dólares, desembolsados por católicos de toda la Península Árabe, en su inmensa mayoría emigrante filipinos, indios y libaneses. La ceremonia será presidida por el Cardenal Iván Días, arzobispo de Bombay, nombrado hace un par de años por Benedicto XVI como Prefecto de la Congregación para la Evangelización, y hombre de abrumadora vida viajera, además de control de una veintena de idiomas bajo el capelo, una de ellas el árabe, que deberá utilizar para tranquilizar la desatada desazón islámica.

Inmigrantes: la "erosión de la cultura en la propia tierra"

Y es que, al final, van a tener razón quienes, en las cúpulas del poder de la Península Arábiga, aseguran que la cruzada más peligrosa contra el islam no es la de los países occidentales, sino las de los cientos de miles de emigrantes infieles que acuden a trabajar en los países de la zona, los cuales multiplican en número -varias veces- a los propios residentes de la región, "amenazando la identidad" de los países para los que trabajan. Así que, mientras esos líderes claman contra la “islamofobia” occidental y contra la opresión “racista” a las comunidades islámicas en Europa, los prebostes regionales exigen expulsiones de millones de emigrantes foráneos -mayormente, cristianos- y una contundente limitación en el tiempo que estarían autorizados los nuevos a permanecer en tierras exclusivas de Mahoma.

Así lo reclamaban a finales del año pasado varios ministros de Bahrain y de los Emiratos Árabes Unidos, avanzando un plazo máximo de estancia en la zona de seis años, en propuesta que acaba de ratificar el ministro de trabajo saudí. “En algunas zonas del Golfo, no puedes saber si estás en un país árabe musulmán o en un distrito asiático. No podemos llamar a esto diversidad. Ninguna nación del mundo podría aceptar la erosión de su cultura en su propia tierra”, decía el ministro de trabajo de los Emiratos. “No queremos ver el día en que nos veamos forzados a permitir a trabajadores extranjeros que estén representados en nuestros parlamentos o en nuestros ayuntamientos”, acaba de remachar su colega saudí, exponiendo ideas que en Europa deben sonar de distinta manera, sonando las palabras de idéntica forma.



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