NUEVO DIGITAL Internacional - Estados Unidos exige a la Unión Europea "mil millones de dólares" para Kosovo, mientras recrudece la presión sobre Serbia y la extiende a los serbios de Bosnia
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Estados Unidos exige a la Unión Europea "mil millones de dólares" para Kosovo, mientras recrudece la presión sobre Serbia y la extiende a los serbios de Bosnia

Estados Unidos exige a la Unión Europea "mil millones de dólares" para Kosovo, mientras recrudece la presión sobre Serbia y la extiende a los serbios de Bosnia

06.03.08 • 19:42 GMT • Javier Monjas - Madrid Email
  • Joseph DioGuardi, ex representante demócrata y presidente de la Liga Civil Albano-Americana, al entregar un millón de dólares para la campaña del republicano John McCain: "Él hizo todo lo que le pedimos, incluyendo armar al Ejército de Liberación de Kosovo".
  • Comunicado de la Agencia de Estados Unidos para el Desarrollo Internacional (USAID), sobre suspensión de colaboración con los serbios de Bosnia: "El gobierno de Estados Unidos no provee apoyo financiero o técnico a ningún partido político de Bosnia (y) Herzegovina que sea nacionalista o esté basado en la etnia".

A comienzos de 1999, con las ciudades serbias aún humeantes tras los bombardeos de la OTAN, en las cancillerías occidentales se elevaba un nuevo debate en medio de su implacable voluntad de apretar las tuercas a Belgrado: ¿Deberían la Unión Europea y los Estados Unidos financiar al Ejército de Liberación de Kosovo? Tirando de hemeroteca, se puede recordar que un senador demócrata tan significativo como Joe Lieberman (en ND 1 y 2) -con Bill Clinton entonces aún en el poder- no sólo defendía con entusiasmo esa opción, sino que introducía en el Congreso estadounidense una denominada Ley de Autodefensa de Kosovo que contemplaba “la provisión de ayuda a las fuerzas militares kosovares (sic)” que, de esa forma, “tendrían una oportunidad justa de luchar por sus familias y por su futuro”. “Los Estados Unidos de América y el Ejército de Liberación de Kosovo defienden los mismos valores y principios. Luchar por el ELK es luchar por los derechos humanos y por los valores estadounidenses”, declaraba Lieberman al Washington Post el 28 de abril de 1999 en medio de una concurrida marcha por la “independencia de Kosovo” organizada por otro demócrata, el ex representante Joseph DioGuardi, líder entonces, como hoy, de la Liga Civil Albano-Americana, el bien financiado y muy efectivo lobby albanés en Estados Unidos.

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Pero la Ley de Autodefensa de Kosovo era un proyecto bipartidista, y tenía otro devoto impulsor, este, desde las filas republicanas: el entonces ya candidato a la nominación presidencial republicana y que, ahora, tras las dos legislaturas de Bush hijo, ya tiene al alcance de la mano tras fracasar en aquella ocasión. En efecto, John McCain era por entonces otro de los grandes defensores de armar al ELK y ahora, a tenor de sus contactos con el lobby albanés en Washington, no parece que vaya a cejar en su cerrado apoyo a la independencia de Kosovo, con los entonces líderes guerrilleros -carniceros terroristas, para otros- encumbrados en la autoproclamada independencia del territorio serbio. Malas, muy malas son las perspectivas de Belgrado de alcanzar interlocución comprensiva en Washington si McCain se hace con la Oficina Oval. En plena vorágine de campaña por la nominación, McCain abandonaba los mítines y corría a Washington a recoger el millón de dólares recaudado por DioGuardi para el hombre que, según el lobbysta albanés, “hizo todo lo que le pedimos, incluyendo armar al ELK”.

Washington Post: "Los matones de Serbia"

Mientras los rastros de las contribuciones directas de la Liga Civil Albano-Americana van siendo recogidos por los ficheros públicos -al menos, en las que se pueden consultar y han sido registradas-, y con una evidente exclusividad de McCain como receptor del dinero albanés en Estados Unidos para un candidato federal a la presidencia, la presión no ceja ni por un instante en un Washington prokosovar que sigue apretando tuercas hoy con la misma contundencia que hace una década, aunque, por el momento al menos, sin recurrir a las armas. No le hace falta. Desde la presidencia del Comité de Relaciones Exteriores del Senado, el senador demócráta Joseph Biden insistía esta semana en el trinomio Milosevic-Serbia-Rusia para justificar -con el pasado del oligarca serbio hace dos años muerto, y hace ocho, derrocado, y agitando el fantasma de Moscú- una política estadounidense destinada a minar la voluntad de Belgrado de “mantener a Kosovo como un ‘souvenir’ territorial de la pasada gloria imperial de Serbia”. Pero tampoco son necesarias mayores armas que las políticas y las periodísticas combinadas en la demonización de Serbia.

El propio Washington Post titulaba nada menos que con un “Los matones de Serbia” un extremadamente duro editorial con el que reaccionaba al parcial incendio de la embajada de Estados Unidos en Belgrado durante la manifestación que siguió a la declaración unilateral de independencia en Kosovo y al inmediato reconocimiento del hecho consumado por parte de Washington. Lo peor del editorial iba dirigido al “venenoso nacionalismo” de Kostunica, a quien se relacionaba directamente, en métodos y acción, con Milosevic. Pero desde la prensa serbia más moderada se tomaba nota de la inclemente y ya casi eterna voluntad de presentar a Serbia en los medios de comunicación occidentales como el anticristo de los Balcanes, en un gravísimo problema de inercia de medios que bien conoce Israel (en ND), masacrado cuando responde a las agresiones, pero nunca defendido cuando es atacado, puesto que, como en el caso de Serbia, el ataque en propia carne será interpretado como justa represalia de los eternos oprimidos y maltratados.

Estados Unidos castiga a los serbobosnios

Pero Washington no sólo presiona a Belgrado. También la Unión Europea -cuyos principales socios siguieron en casi minutos el reconocimiento estadounidense al nuevo pseudoestado balcánico- está sintiendo el apremio de unos Estados Unidos que exigen a Bruselas poner sobre la mesa la mitad de los 2.000 millones de dólares que el Kosovo independiente necesitaría para no colapsar desde el primer momento. El resto del dinero sería aportado por los propios Estados Unidos junto con el Banco Mundial y el Fondo Monetario Internacional. Desde Washington se recuerda, con tono agrio, que “no podemos simplemente asumir que Kosovo se encuentra con el piloto automático y mirar para otra parte”. Por tanto, Europa debe hacer que Kosovo sea económicamente viable, y, para ello -y para empezar- debería desembolsar esos “mínimos” 1.000 millones.

Por si fuera poco, la presión antiserbia se ha extendido a Bosnia, donde Washington ha cortado toda colaboración con la parte serbobosnia debido al nerviosismo en la República Srpska con lo que está sucediendo en Kosovo, nerviosismo que se ha manifestado en declaraciones separatistas dentro de la inflamable federación bosnia. Un comunicado de la USAID, la estadounidense Agencia para el Desarrollo Internacional, decía, para justificar su decisión, que “el gobierno de Estados Unidos no provee ayuda financiera o apoyo técnico a ningún partido político de Bosnia (y) Herzegovina que sea nacionalista o esté basado en la etnia”.

También Bruselas aprieta el nudo sobre Belgrado

Desde Banja Luka, la cúpula serbobosnia ha rechazado el intento de “presión” o exigencia de “obediencia” que ven en la retirada de la colaboración estadounidense. Además, en Serbia -y muy, especialmente, entre los serbokosovares- una declaración como la estadounidense rechazando cualquier influencia étnica o nacionalista en la creación de una entidad política en los Balcanes habrá sonado especialmente sarcástica. Al poco edificante panorama se añade una Unión Europea que continúa colaborando con su pincho particular en el tridente que completa la prensa tradicional y unos Estados Unidos no menos tradicionales en su política balcánica, cada vez más contestada, no obstante, desde sectores conservadores ya en abierta rebelión contra las altas directrices para las que trabajaron un día no muy lejano (en ND).

En este escenario, Bruselas aumenta la presión sobre Belgrado para que se defina en su voluntad europeísta, y lo hace con una especie de ultimátum por el que la Unión amenaza con la posibilidad de retirar la zanahoria de la pertenencia al club a cambio de olvidarse de una vez por todas del asunto kosovar. La presión de Bruselas se produce después de que el Partido Radical del primer ministro Kostunica, apoyado por los socialistas herederos de Milosevic, presentara una resolución para congelar cualquier negociación sobre el acceso a la Unión mientras el club europeo no reconozca la soberanía serbia sobre Kosovo, Con el apoyo ruso jugando a la contra de Serbia en la escena internacional, la congelación serbia en Europa podría no ser nada en relación con las llamas de rencores que vuelven a levantarse sobre los atribulados Balcanes de las etnias y sus inflamables fronteras.



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