NUEVO DIGITAL Internacional - Londres ordena un "recuento nacional" de niñas y adolescentes musulmanas tras un informe del Home Office en el que se cifran en "al menos 3.000" las obligadas cada año a acatar matrimonios forzados
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Londres ordena un "recuento nacional" de niñas y adolescentes musulmanas tras un informe del Home Office en el que se cifran en "al menos 3.000" las obligadas cada año a acatar matrimonios forzados

Londres ordena un "recuento nacional" de niñas y adolescentes musulmanas tras un informe del Home Office en el que se cifran en "al menos 3.000" las obligadas cada año a acatar matrimonios forzados

09.03.08 • 18:45 GMT • Javier Monjas - Madrid Email
  • Hamid Karzai, presidente de Afganistán, en el Día Internacional de la Mujer: "Hago un llamamiento a los líderes religiosos, a los ancianos tribales, y, particularmente, a los hombres: dejad de forzar a vuestras niñas a casarse; dejad de casarlas con viejos".
  • Margaret Moran, parlamentaria británica laborista: “Estamos teniendo el mismo debate sobre este tema que el que solíamos tener sobre el más amplio de la violencia doméstica hace veinte años. La gente solía decir: ‘es sólo un problema doméstico’, de la misma forma en que ahora dicen (sobre los matrimonios forzados), ‘es un problema cultural’. No lo es. Puede ser secuestro. Puede ser violación. Es un delito criminal”.

Los datos del Home Office no sólo indican que son, “al menos”, 3.000 las niñas y adolescentes musulmanas las obligadas cada año a matrimonios forzados, a veces con otros niños y adolescentes, y, en otras ocasiones, con adultos e, incluso, con ancianos que, por añadidura, ni tan siquiera conocen. Además, el informe advierte de que es un problema “creciente” en el país. En muchas ocasiones, las ‘rebeliones’ de las chicas con su amargo destino terminan en la otra cara del problema: los ‘asesinatos por honor’, muchos de ellos derivados recientemente en ‘suicidios por honor’ (en ND) ante la brutal presión impuesta a las insumisas para que se maten ellas mismas, librando así a la familia de los cargos criminales con que los odiosos sistemas legales civiles occidentales castigan la ejecución de las sentencias del clan en medio del silencio cómplice de la comunidad de creyentes.

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Pero, de hecho, los jueces británicos ‘ya’ deben manejar unos extremadamente discutibles códigos legales en este sentido. En el Reino Unido, los matrimonios forzados son, simplemente, un delito civil y no criminal. Existe una ley específica para este tipo de actuaciones, la denominada Forced Marriages Act, aprobada en 2007. A prácticamente meses de ser puesta en marcha, ya se ha confirmado que no sólo no sirve para erradicar el problema, sino que abandona a las víctimas en una situación desoladoramente desamparada. Y es que existe un abismo de coerción entre el peso de toda una sociedad, una cultura, una religión y una familia, y la hipotética y, en todo caso, muy liviana protección de las débiles y, por añadidura, muy potenciales infracciones civiles que se pudieran derivar. A finales de febrero, el líder de los conservadores proponía “criminalizar” los matrimonios forzados ante la creciente tendencia en su práctica. Sin embargo, el mismo David Cameron que realizaba esa propuesta había apoyado tan sólo meses antes la aprobación de la Forced Marriages Act propuesta por los laboristas y sus meras calificaciones "civiles" para el fenómeno, en una nueva demostración de las delicadísimas comprensiones con que son recibidas las más abyectas ‘costumbres’ de las minorías -no tan minoritarias- étnicas.

Miedo a ser llamado 'racista'

La enorme y creciente magnitud del problema -cuantificado ahora en cifras de "al menos, 3.000 casos anuales"- se enfrenta a un espeso manto de silencio y ocultación, y no sólo por parte de las comunidades étnicas que lo favorecen, sino también por la de, por ejemplo, los profesores en los colegios que se niegan a denunciar las “desapariciones” de sus alumnas por temor a ser tratados como “racistas” o “insensibles a las particularidades culturales”. Frente a la constante -y, de rebote, colaboracionista- cantinela de que una cosa es la “cultura” y, otra, la religión, con la constante amenaza de que caiga por parte de los mismos sectores -generalmente, subvencionados con dinero público- la acusación -a veces con consecuencias legales- de “islamofobia” o su corolario de “racismo” (contra la supuesta ‘raza musulmana’), hay ya algunos francotiradores que comienzan a rebelarse y a exigir el derecho de, al menos, llamar a las cosas por su nombre.

Por ejemplo, la parlamentaria laborista, Margaret Moran, declaraba: “Estamos teniendo el mismo debate sobre este tema que el que solíamos tener sobre el más amplio de la violencia doméstica hace veinte años. La gente solía decir: ‘es sólo un problema doméstico’, de la misma forma en que ahora dicen (sobre los matrimonios forzados), ‘es un problema cultural’. No lo es. Puede ser secuestro. Puede ser violación. Es un delito criminal”. En España, los conversos españoles de Junta Islámica, precisamente hombres y mujeres nacidos en Occidente, no sólo se encuentran en la vanguardia de la defensa del enfoque meramente "cultural" de estos fenómenos, sino que llegan a tildar de "racistas" -su vocablo de guardia preferido, junto al sonsonete de la 'islamofobia'- a las propias feministas que pretenden impulsar una 'liberación' de las mujeres árabes y musulmanas.

'Recuento nacional de niñas'

Justo antes de publicarse el informe del Home Office, la alarma se disparaba en el Reino Unido tras conocerse la “desaparición” en los colegios de 33 chicas de Bradford, cuyo destino confirmado ha sido el de terminar casadas por quienes sus parientes han elegido, en un fenómeno que, en las mismas zonas, convive con el de la alta prevalencia de la “violencia por honor”, término que agrupa a asesinatos y a suicidios de autolavado de honra por la vía sumaria. Según datos oficiales, el gobierno británico investiga tres centenares de matrimonios forzados cada año, incluyendo en ellos lo que deriva en unas setenta “operaciones de rescate” en el extranjero de niñas que han sido llevadas a los países de origen de las familias -generalmente, Pakistán- para culminar la étnica, súbita y cultural historia de amor.

Lo que se pretende ahora es un “recuento” nacional de niñas musulmanas -y de niños, pues se les supone víctimas de un 15 por ciento de los matrimonios forzados- con el fin de conocer su destino real y no el supuesto, que debía ser el de soportar el peso de los libros en un colegio y no el del cuerpo de su recién adquirido marido encima de ellas. Sin embargo, con desolación, la creciente preocupación por todo este fenómeno ‘cultural’ ha llevado a constatar que ni tan siquiera los centros de acogida de menores en riesgo conocen en muchas ocasiones dónde se encuentran exactamente sus supuestos protegidos. Otra parlamentaria laborista, Helen Southworth, acusaba a la policía de saber más de coches extraviados que de niños no localizados, puesto que "existe un registro nacional de coches, pero no de niños que se han escapado o de los que nada se sabe".

"Dejad de casarlas con viejos"

A pesar del gigantesco poder corrosivo que ha conseguido la multicultural protección a la ‘cultura’ de las comunidades musulmanas en el Reino Unido, también muchos otros países están comenzando a percibir la auténtica dimensión del problema en sus territorios. Por ejemplo, el gobierno de Noruega pondrá en marcha a partir de este verano un servicio específico de asistencia para ayudar en lo posible a las menores que, aprovechando el viaje familiar a los países de origen, son presionadas para aceptar matrimonios que no desean o que ni tan siquiera comprenden, absortas sus atenciones infantiles más en peinar a sus muñecas que en la atención de los ancianos de cualquier aldea de un continente que nunca han pisado, pero con los que terminarán casadas. Trabajando en un servicio coordinado entre Oslo y departamentos específicos de las embajadas, la nueva medida se habilitará en Pakistán, Jordania, Kenia, Turquía, Marruecos, Sri Lanka y, posiblemente, India. Precisamente en este último país, entre estremecedoras historias de niñas que, de pronto, caen bajo el peso de la autoridad y el cuerpo de sus repentinos ‘maridos’, la realidad es que, para las familias, “es más barato comprar una novia que criar a una hija”, como, con voluntaria crudeza, titulan los medios locales.

En Afganistán, el presidente Hamid Karzai, realizaba un llamamiento durante el Día Internacional de la Mujer “a los líderes religiosos, a los ancianos tribales, y, en particular, a los hombres” para que “dejen de forzar a vuestras niñas a que se casen”. “Dejad de casarlas con viejos”, clamaba el presidente de un país donde gobierna con el apoyo de una confusa turbamulta de -precisamente- jefes tribales y líderes religiosos musulmanes de una ferocidad bien contrastada (en ND). Mala audiencia para intentar la salvación del 80 por ciento de mujeres afganas sometidas al riesgo de los matrimonios forzados, dos tercios de ellas con edades inferiores a los 16 años, la edad legal para adoptar una decisión voluntaria. Ahora, derrocados hace tiempo los talibanes que prohibieron a toda mujer asistir a cualquier escuela, la brutal inseguridad de sus sucesores de la 'insurgencia' están consiguiendo el mismo efecto: que pocas niñas se atrevan a ir al colegio ante la tremenda inseguridad que continúa gobernando el país 'liberado', por el momento, tan sólo, de la niñez de sus niñas que quedará aplastada en vida bajo el peso del cuerpo de sus forzosos maridos ancianos, tan amantes de la carne bien fresca.



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