La Organización de la Conferencia Islámica insiste en amenazar a Occidente por la "islamofobia" y los "insultos al islam"
X- Abdoulaye Wade, presidente de Senegal: "Es necesario poner al servicio de la Umma los recursos humanos de los que dispone en Occidente"
- NUEVO DIGITAL - ARCHIVO-SELECCIÓN - LIGA ISLÁMICA Y ORGANIZACIÓN DE LA CONFERENCIA ISLÁMICA: LOS AIRADOS BRAZOS DEL ISLAM APRIETAN LAS TUERCAS A OCCIDENTE
Por mucho que el islam saudí más radical lleve años desembarcando en los Balcanes (ND), la mínima (dos personas) delegación de Kosovo que ha asistido al bautismo internacional del nuevo y dudoso estado no ha hecho más que desmarcarse del horror de los cientos de agraviados, ultrajados y furiosos turbantes y túnicas con que se topó en la cumbre de la Organización de la Conferencia Islámica (OCI), reunida a finales de la semana pasada en Dakar. Y es que por mucho que la propia organización musulmana no hubiera tardado ni horas en reclamar al recién autoproclamado estado europeo para la “acción islámica conjunta” (ND), el ‘ministro’ kosovar que asistió a la cumbre no dejaba de repetir que estaba allí, básicamente, para conseguir reconocimientos para la independencia que añadir a una lista en ese sentido mucho más magra de lo que se preveía como una avalancha mundial de convalidaciones. De hecho, los ‘insiders’ próximos a la delegación kosovar filtraban la grave preocupación de los enviados de Pristina ante la posibilidad de que Occidente les relacione con esa multicolor turbamulta de dirigentes de países asiáticos y africanos que -como de costumbre- seguían muy, muy irritados, y se mostraban muy, muy amenazantes.
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Tan amenazantes, que fueron muchas las voces que se levantaron en Dakar a favor de convertir a la organización internacional islámica en una alianza militar al estilo de la OTAN para responder "militarmente" a las “ofensas al islam”. Y es que las atribuladas paredes del centro senegalés de convenciones donde se celebró el encuentro se vieron obligadas a presenciar una nueva demostración orgiástica de rencores y amenazas en el aquelarre de los agravios por la “islamofobia” de Occidente. Aparentemente ajenos al ‘anecdótico’ hecho de que sus poblaciones siguen huyendo en masa a un Occidente donde prefieren la supuesta “islamafobia” a continuar bajo la protección de las pías teocracias y pseudodemocracias islámicas, los dirigentes de la Organización de la Conferencia Islámica se regodeaban en la “sustancial contribución que la Umma ha aportado al patrimonio de la Humanidad”, y lo hacían de nuevo recurriendo al afamado supuesto invento del “algebra” y el “cero” por “los árabes”, un erróneo lugar común tan manido como la siempre incompleta cita coránica del ‘quien mata a un hombre es como si hubiera matado a toda la humanidad’, pensamiento que precede a una de las más salvajes y violentas diatribas del libro sagrado musulmán (ND).
'O dices que el islam es paz y tolerancia... o palo'
Era el propio presidente senegalés, anfitrión del encuentro, el que, abiertamente, pedía que se pusieran "al servicio de la Umma los recursos humanos de las que dispone en Occidente". En principio, según Abdoulaye Wade, la enorme comunidad musulmana ya presente en Europa -incluyendo a sus propios ciudadanos supervivientes del reto de preferir la muerte en el Atlántico que seguir bajo la cegadora luz del islam patrio-, debería ser “utilizada” para presentar al islam como “una religión de paz y de justicia, que exalta el conocimiento, el esfuerzo de reflexión personal y el pensamiento crítico”, una descripción del orbe musulmán muy celebrada por los delegados asistentes. De esta forma, el islam no debería ser mostrado como “una fuente de fanatismo o de oscurantismo”. Y si alguien lo hace así -y aquí llega la segunda parte de lo discutido en Dakar-, la Umma debería adoptar contundentes medidas, que, en las propuestas más exaltadas, incluirían el uso de la fuerza militar organizada, y en las más moderadas, la interposición de aplastantes acciones judiciales a quienes se atrevan en Occidente a dudar de que “el islam es una religión de paz y de justicia”, acciones de represalia que deberían contar con la cobertura política y logística de las Naciones Unidas, y que están dirigidas a "eliminar la discriminación religiosa y la intolerancia" de los europeos contra los musulmanes.
Por mucho que Estados Unidos enviara un delegado a la reunión con más palabras de mansedumbre y amistad que si cobrara comisión por cada una de ellas; por mucho que el ministro ruso de asuntos exteriores declarara nada menos a Rusia como “parte del mundo musulmán”; y por mucho que Alemania haya anunciado en paralelo una masiva construcción de nuevas mezquitas en su territorio y la inclusión de clases del islam en los colegios, las propuestas en Dakar fueron tan exaltadas en el aquelarre victimista de la cantinela islamofóbica que hasta colmaron la paciencia de las organizaciones internacionales de derechos humanos y contra el racismo, habitualmente tan dóciles a la estrategia de acoso y culpabilización occidental. Human Rights Watch emitía un comunicado en el que recordaba que las descripciones críticas con Mahoma no dan a esos siempre alterados líderes internacionales islámicos “el derecho, bajo las leyes internacionales de derechos humanos, a insistir en que los demás apoyen sus puntos de vista”. Por su parte, la International Humanist and Ethical Union hacía pública otra nota acusando a los estados islámicos de intentar limitar la libertad de expresión y de utilizar en ese intento a las Naciones Unidas.
Récord español de estupidez y simpleza periodística
Uno entre los muchos y poderosos signos del ‘mundo al revés’ del nuevo choque histórico entre el islam y Occidente, seguía siendo precisamente la prensa europea y estadounidense la que situaba en los países europeos de adopción la carga de la responsabilidad en la radicalización de las comunidades musulmanas emigrantes y su fácil predisposición a la masacre en nombre de Alá. El New York Times desgranaba, en tono dramático, las quejas de los musulmanes españoles por no disponer de suficientes mezquitas, en medio del ‘clásico americano’ de los tópicos oscurantistas de una España anclada en el rencor y “la rivalidad” con el islam, ahora por ser más activo éste que la “declinante” religión católica, y antes por la brutalidad de unos Reyes Católicos que no sólo expulsaron a judíos y musulmanes, sino que también destruyeron las mezquitas o las reconvirtieron en iglesias.
La propia prensa española no se quedaba al margen de los análisis simplistas sometidos a la propaganda victimista islámica y siempre culpabilizadora del país de adopción. Uno del diario español El Mundo podría conseguir todos los récords de estulticia mental, impotencia descriptiva, miseria intelectual y abrumadora incapacidad informativa al enfocar un reportaje únicamente con testimonios que equiparan la “querella criminal” contra una obra de teatro española difamatoria del cristianismo, con las oleadas de violencia, destrucción y asesinatos (más de un centenar) que provocaron tan sólo las protestas por la publicación de las viñetas sobre Mahoma (ND), ahora avivadas las ascuas y reafilados los machetes en una nueva y máxima amenaza de nuevos atentados terroristas en Europa por la republicación de los mismos dibujos y por la continuación de una película crítica con el islam, sumiendo de nuevo a Europa y a sus gobernantes bajo el más indisimulado de los terrores (ND).
Récord pakistaní de valentía y sagacidad informativa
Pero, en ese ‘mundo al revés’, había que recurrir precisamente a la prensa liberal de algunos países musulmanes para encontrar referencias informadas de cómo está planteado el reto, no precisamente entre musulmanes y occidentales, sino entre, por un lado, la barbarie, y la miseria política y humana, y, por el otro, la defensa a ultranza de una forma de vida en libertad y prosperidad. Era el muy influyente pakistaní Daily Times, referencia absoluta en el país, quien dejaba las cosas claras de lo sucedido en la cumbre de Dakar. Como destacaba un editorial del diario, en la cumbre de la OCI se produjo una condena del terrorismo -pero se “permitió indirectamente” el palestino sobre Israel; se realizaron encendidas llamadas a combatir la “islamofobia” -pero el diario recordaba cómo “grandes cantidades de clérigos musulmanes creen que el cristianismo es una religión no válida”; se recogía cómo los líderes se quejaban de la “fobia” a los musulmanes -pero el audaz editorialista del Daily Times constaba que los musulmanes conseguían en Occidente una plena ciudadanía que los países islámicos negaban a sus propios emigrantes. Y todo ello para ser cerrado con una contundente reflexión sobre cómo las comunidades musulmanas aprovechaban el multiculturalismo occidental para “asumir una agresiva identidad dispuesta a retar la política exterior del estado de acogida”.
El diario pakistaní insistía una vez tras otra en que la “islamofobia” no es más que una “reacción” lógica y comprensible en Occidente dado que “los musulmanes creen que están exentos de la obligación de ‘integrarse’ en la cultura local". En efecto, el islam ‘sin embargo se mueve’ (ND), pero tan lejos de las cuatropeas de enfurecidos y amenazantes musulmanes africanos y asiáticos de las que hasta los kosovares huyen como de la peste, como de los memos artículos en la prensa europea y sus no menos simples pseudoperiodistas de belfo caído, y babeante y lela boca abierta.
