El Consejo Médico del Reino Unido ordena a las doctoras musulmanas cubiertas con el velo completo que atiendan con la cara descubierta si así se lo pide el paciente
X- GENERAL MEDICAL COUNCIL OF GREAT BRITAIN - Personal Beliefs and Medical Practice
- NUEVO DIGITAL - ARCHIVO-SELECCIÓN: EL ISLAM, IMPLACABLE EN EL REINO UNIDO
Usted decide ir al médico, pero cuando pasa a la consulta, detrás de la mesa sólo hay un gran e impenetrable bulto negro. Durante unos segundos, usted piensa que debajo del bulto podría haber una persona, una jaula con un loro o, en un caso ciertamente extremo, una berenjena, como en los tebeos de Mortadelo y Filemón. Usted dice ‘buenos días’, y el bulto negro responde ‘buenos días’. De donde se desprende que, al menos, no es una berenjena. En un rápido intento de descartar opciones, usted pide educadamente al bulto negro que se levante el velo para poderse comunicar con él. El bulto negro responde que su religión se lo impide. De donde se deduce que tampoco se trataría de un loro puesto que, hasta donde se sabe, los loros no tienen religión. Usted piensa que algo falla en todo aquello. El Colegio de Médicos del Reino Unido, también.
Seguimiento:
El Consejo Médico General de Gran Bretaña emitía esta semana un documento en el que proponía a los profesionales bajo su jurisdicción que estén dispuestos a dejar de lado sus creencias religiosas o culturales en la atención a los pacientes o que, al menos, las hagan públicas por adelantado como aviso a navegantes. En la guía de práctica profesional, titulada significativamente “Creencias personales y práctica médica”, el Consejo Médico exigía que las profesionales médicas musulmanas lleven descubierta la cara para comunicarse de forma efectiva con sus pacientes, aunque se autoriza que la mujer porte el hiyab, que cubre la cabeza, pero no el rostro. La normativa se publicaba ante la extremada rigidez de algunas profesionales también extremadamente creyentes, que, en muchas ocasiones, se niegan incluso a levantarse el velo para que los pacientes con problemas auditivos puedan leer sus labios, más allá de que una gran mayoría de enfermos se muestren profundamente incómodos ante el panorama de tener que dirigirse a un denso, impenetrable y manifiestamente inexpresivo montículo de ropas completamente negras.
De la piscina al quirófano: La constante batalla de la ropa islámica
Esta vez, el Consejo Musulmán del Reino Unido, a través de su comisión médica, parece haberse puesto del lado del sentido común y ha apoyado la normativa, aunque matizando el derecho de la doctora a llevar la cara cubierta. “Aunque llevar el velo (completo) no le impide a nadie practicar la medicina, no hay ningún problema en levantárselo cuando exista riesgo para la comunicación o la atención del paciente”, afirmaba el responsable del comité médico de la organización musulmana. Es, sin duda, un hito. Con anterioridad, el propio presidente de la Asociación Médica del Reino Unido había recomendado no vacunar a los niños pequeños musulmanes bajo el argumento de que las vacunas podrían contener algunas gelatinas procedentes del cerdo o de animales que no hubieran sido sacrificados de acuerdo a los ritos del islam (ND). El problema de la imposición de las particulares normas personales de doctoras y enfermeras musulmanas que atienden a sus pacientes con la cara completamente cubierta quedaba empequeñecido cuando, a finales del mes pasado, se conocía la extendida rebelión de las estudiantes de medicina de la misma religión que se negaban a elementales prácticas de higiene médica por considerarlas atentatorias contra sus “modestia”. Entre estas prácticas se encontraban el remangarse hasta el codo para lavarse y esterilizarse el antebrazo, o el trabajar en quirófano con la bata médica que, precisamente, deja el antebrazo sin cubrir (ND).
Además, las estudiantes musulmanas de varios hospitales británicos se negaban a frotarse con alcohol, tras extender la prohibición coránica de este compuesto al uso desinfectante sobre sus propios cuerpos mientras realizan prácticas quirúrgicas o atienden a pacientes en cualquier otra circunstancia. Estas exigencias alarmaron a la comunidad médica general, que veía un gravísimo riesgo en la falta de profilaxis sobre los pacientes, dejando pequeñas las reservas sobre las inflexibles exigencias de las mujeres musulmanas a utilizar saunas y piscinas públicas estando recubiertas con la ropa exterior e interior que consideran irrenunciable para sus conciencias, conflicto que se va solucionando mediante el cierre de las instalaciones durante determinados días y horas para uso exclusivo de este grupo religioso, o imponiendo -incluso judicialmente- el derecho de estas mujeres a bañarse con varias capas interiores y exteriores de ropa (ND). Sin embargo, incluso las tenaces imposiciones de las abundantes vestimentas islámicas en prácticas profesionales o privadas quedaban, a su vez, en un segundo plano cuando se sabía que profesionales sanitarias de la misma religión se negaban a atender a los soldados heridos en las guerras de Irak o Afganistán, e, incluso, se levantaban graves temores públicos en los medios sobre la seguridad de los propios ex combatientes durante su tratamiento en la retaguardia británica (ND).
El dentista del velo obligatorio
Por si fuera poco, la imposición de las recatadas normas islámicas incluso sobre los enfermos -musulmanes o no- alcanzaba su paroxismo cuando, también a finales del año pasado, un dentista musulmán era sorprendido obligando a sus pacientes -no musulmanas- a "llevar ropas islámicas adecuadas" -que incluían la obligatoriedad de velo- si querían ser atendidas, en un caso que concluyó con una simple admonición disciplinaria por parte del Colegio de Dentistas del Reino Unido. Más allá de que en países tan ‘laicos’ como Turquía, varias doctoras de rígida observancia islámica se negaron a atender a un adolescente que se quejaba de fuertes dolores en la zona genital -en un caso que causó un fuerte escándalo en el país (ND) y que terminó, precisamente, con la pérdida de un testículo por parte del muchacho por falta de atención, y una situación médica al borde de un desenlace fatal-, el documento de organismo colegial británico no sólo se dirigía a los musulmanes, sino también a los profesionales de otras religiones en cuanto a sus creencias y consideraciones ético-religiosas pudieran condicionar la práctica médica. De esta forma, el Consejo Médico británico también reclamaba a doctores y doctoras que adviertan de forma pública sobre sus condicionamientos éticos, morales o religiosos, y sobre los posibles tratamientos o prácticas que podrían negarse a realizar o a aconsejar, como abortos en los últimos días del periodo legal de 24 semanas, tratamientos de fertilidad para parejas homosexuales o la circuncisión de niños cuando no existan razones médicas para acometerlas.
