Think-tanks saudíes advierten de que no se construirá ninguna iglesia en el país hasta que el Papa y la cristiandad no reconozcan a Mahoma como profeta
X- Magdi Allam, periodista egipcio converso al catolicismo desde el islam, bautizado el domingo pasado por Benedicto XVI, echa en cara a la Iglesia su 'excesiva prudencia' en el trato con el islam
“¿No estaremos los musulmanes exagerando la adoración al profeta Mahoma? ¿No estará mal rebajar a los otros profetas y magnificar al profeta Mahoma a pesar de que Dios nos ordenó específicamente a los humanos no hacer tal cosa?”. Para el aficionado degustador de fatuas, la pregunta lanzada a boca de jarro sobre los ‘expertos’ islámicos del “banco de fatuas” de Islam Online sonó poderosa y arriesgada, acostumbrado el ‘fatuadicto’ a paladear las más peregrinas y atormentadas dudas sobre los más dispares y disparatados aconteceres de la vida cotidiana en su acomodación al islam, incluyendo los largos y prolijos análisis teológicos sobre la adecuación o no al Corán de la depilación del entrecejo (ND); sobre si es “idolatría” luchar por una copa de fútbol o si puede colgarse un deportista musulmán una medalla de oro (ND); sobre si es lícito llevarse un libro o un periódico al cuarto de baño (que no, por si acaso aparece el nombre de Alá en alguna recóndita página) (ND), o sobre si se puede beber cerveza sin alcohol (que tampoco, puesto que se bebe para sustituir algo que está prohibido, como la cerveza con alcohol, y, por tanto, también debe estar prohibido el sustituto de lo prohibido) (ND).
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Cada vez son más los musulmanes liberales que exigen acabar con el descontrol de fatuas que sacude al orbe islámico (ND), en el que cualquiera con menos de dos dedos de frente ordena, entre contundentes y masivas argumentaciones de hadices y versículos coránicos, lo que debe hacer cualquiera con dos pelos de más entre las cejas. Pero lejos de los apasionantes, coloridos, pintorescos -y no pocas veces sanguinarios- clérigos del islam africano y asiático, los musulmanes nacidos occidentales no son, en absoluto, ajenos a la incontinencia fatuadicta, con unos conversos españoles que -con la contratada complicidad de un ulema marroquí que siempre reconoció “soñar por el asesinato de todos los judíos”- autodeclararon a una de las esposas de Mansur Escudero -muerta en un caso de delincuencia común- nada menos que “la primera mártir musulmana española desde la expulsión de los moriscos”, en un providencial caso donde “la sangre de los mártires (musulmanes) vuelve a regar la bendita tierra de Al-Andalus” (ND).
Arabia Saudí: Sin Mahoma no hay iglesia
Aparentemente, con no menor conocimiento del islam, el interrogante lector del “banco de fatuas” de un medio tan ‘liberal’ como Islam Online -dirigido, en inglés, principalmente a una audiencia occidental- se topó, sin embargo, con la sentencia de los expertos de la sharia que, con aplastante seguridad, concluían cómo “indudablemente, los profetas difieren en estatus, y pertenecen a varios niveles”. “El mejor (sic) de ellos (de los niveles) son los cinco mensajeros de poderosa voluntad, y el mejor de estos es la Cumbre de los Profetas, Mahoma”. La declaración de Mahoma como “cierre” y “culminación” de los profetas, por encima de Jesús (Isa) o Abraham (Ibrahim), no es tan sólo una cuestión de fe para los musulmanes, sino el punto central de lo que podría estar discutiéndose en las ultrasecretas negociaciones entre el Vaticano y Arabia Saudí donde se intenta que Riad autorice la apertura la primera iglesia en el país, siguiendo así el camino abierto por Qatar en una decisión de sus autoridades calificada, sin embargo, de "nauseabunda" y "repulsiva" por políticos y periodístas del país (ND).
Desde los think-tanks oficiales o semioficiales saudíes se vaticina cómo “sólo será posible lanzar unas negociaciones oficiales para construir una iglesia en Arabia Saudí después de que el Papa y todas las Iglesias Cristianas reconozcan al profeta Mahoma”. “Si ellos no le reconocen como profeta, ¿cómo vamos a tener una iglesia en el reino saudí?”, concluía el presidente del denominado Centro de Estudios Estratégicos para el Medio Oriente, una organización precisamente saudí. Sin embargo, más allá de la potencial y casi segura exigencia de que la cristiandad reconozca a Mahoma como profeta, el bautismo por Benedicto XVI de un periodista nacido musulmán no ha hecho más que volver a agitar las delicadas sensibilidades islámicas, siempre dispuestas, en el mejor de los casos, a la amenaza, y, en el peor, a la masacre contra quien ose decir que el islam es una religión intrínsecamente violenta.
Conversos españoles: La tranquilidad de la bendita islamofobia
Lo dijo, y de forma muy clara, Magdi Allam, bautizado el domingo pasado por el Papa en un no anunciado acto ante la abrumadora cantidad de amenazas de muerte que pesan desde hace años sobre el escritor egipcio tras condenar el extremismo islámico y la brutalidad de los atentados suicidas llevados a cabo por musulmanes en nombre de su religión. Allam ha insistido en que las amenazas sobre su vida se han redoblado desde que, en una carta publicada en el Corriere della Sera (en inglés), en cuya redacción es un alto cargo, denunciara al islam como “el oscurantismo de una ideología que legitima las mentiras y el disimulo, la muerte violenta, que induce tanto al asesinato como al suicido, así como a la ciega sumisión a la tiranía”.
Acostumbrados a vanagloriarse sin mayores problemas de la supuesta oleada de conversiones al islam que se estaría dando en Europa, los expertos y religiosos musulmanes no han recibido precisamente bien la inaudita y pública salida del armario de Allam. Los más contundentes han sido precisamente algunos de los más destacados miembros del grupo de “diálogo” entre el islam y el catolicismo que, auspiciado por el Papa, se formó tras la publicación del documento sobre “Una Palabra Común” (y después de que centenares de organizaciones cristianas ‘progresistas’ pidieran “perdón” a los musulmanes por las Cruzadas (ND), en una acción repudiada hasta la náusea por muy significativos cristianos ‘conservadores’ de Estados Unidos (ND)).
En referencia al bautismo público de Allam, calificado como “un instrumento triunfalista (del Vaticano) para ganar puntos”, la valoración de estos 'expertos' y 'religiosos' destacaba cómo “todo este espectáculo provoca genuinas reflexiones sobre los motivos, las intenciones y los planes de algunos de los consejeros del Papa sobre el islam”. Precisamente los más mediáticos y espectaculares de los conversos españoles (ND) comparten esa opinión mientras atacan al converso solitario que salió del armario. Eso sí, sin la necesidad de una vida llena de guardaespaldas para ellos y sus familias en una cínica y miserable demostración más de que el islam es una religión que lleva la paz a quien la practica y el sufrimiento a quien la desprecia. Al menos, en las que no dejan de calificar como "islamófobas" sociedades europeas.
Occidentales: "Lombrices, serpientes, gusanos"
Ha sido justamente el recién bautizado periodista quien ha denunciado la cobardía de sus ‘compañeros’ conversos al cristianismo a la hora de hacer pública su decisión, en una acusación lanzada también contra la propia Iglesia, que trata con un abrumador respeto, fronterizo con el pánico, cualquier contacto con los siempre inflamables y enojadizos líderes islámicos, delicadeza cuya última manifestación, por cierto, se encuentra en la exquisitez y discreción con que se lleva la negociación del primer templo cristiano en Arabia Saudí, un país que financia -por encima y por debajo de la mesa- a cientos de las mezquitas más radicales y explosivas de Occidente.
Allam animaba a salir a la luz pública a los musulmanes que se hayan convertido al catolicismo, mientras también recomendaba a la propia Iglesia que sea “menos prudente” en su trato con el combustible mundo islámico. Mucho parece que queda para que un converso musulmán al cristianismo pueda aparecer con la misma normalidad con que aparecen los conversos al islam, quienes, en países occidentales como España, reciben subvenciones a manos llenas mientras denuncian la “islamofobia” de la sociedad que les garantiza una libertad de la que no disponen quienes, a su lado, sólo debieron abandonar al islam con los pies por delante.
Y es que, como acaba de proclamar en un sermón Abu Bakar Bashir, el clérigo inspirador de las carnicerías de Bali -liberado tras unos pocos meses en la cárcel por un decreto de gracia del gobierno indonesio (ND)-, los occidentales, y muy en especial, los turistas australianos “infieles” en la isla, son “lombrices, serpientes, gusanos”, y como tales deben ser considerados, tratados y exterminados. Sin que, hasta el momento, se haya levantado ni una sola voz de condena en el sensible orbe musulmán converso y no converso ante las declaraciones de este otro fácil emisor de fatuas que ha vuelto a proclamar, entre el repugnante zoológico de su oratoria, cómo “la máxima aspiración de la juventud debe ser la muerte por el martirio”.
