NUEVO DIGITAL Internacional - Miles de menores británicas blancas, prostituidas - BBC: "¿Está impidiendo la correción política combatir a las bandas de pakistaníes y de afrocaribeños que seducen a niñas y adolescentes?"
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Miles de menores británicas blancas, prostituidas - BBC: "¿Está impidiendo la correción política combatir a las bandas de pakistaníes y de afrocaribeños que seducen a niñas y adolescentes?"

Miles de menores británicas blancas, prostituidas - BBC: "¿Está impidiendo la correción política combatir a las bandas de pakistaníes y de afrocaribeños que seducen a niñas y adolescentes?"

31.03.08 • 03:54 GMT • Javier Monjas - Madrid Email
  • RAMADHAN FOUNDATION - BANDAS ASIÁTICAS DE VENDEDORES DE DROGA SEDUCEN A ADOLESCENTES BLANCAS - "La seducción de adolescentes blancas para la prostitución es un problema que necesita ser afrontado sin miedo. Aunque no hay pruebas de que la policía o las autoridades locales no hablen deliberadamente de esta funesta práctica debido al miedo de ser etiquetados como racistas, su silencio está contribuyendo a un vacío del que sólo el BNP se beneficia".

Va mucho más allá de un tema de razas o religiones. El pánico de las autoridades nacionales e internacionales europeas, y la forma en que tiemblan a la menor referencia racial o religiosa en graves problemas de seguridad y libertad relacionados con (determinadas) razas y/o (determinadas) religiones, comienza a ser denunciado, precisamente, por algunos personajes bien significativos de estas últimas que no se explican la razón de tanto miedo, ni comparten las consecuencias de tanta negligencia y cobardía. A finales del año pasado era un alto mando policial negro británico, presidente de una organización de policías negros, el que exigía que se vigilara y cacheara con mayor intensidad a, precisamente, los jóvenes negros, autores, pero también víctimas, de la desbocada oleada de violencia y muerte que se da en esa comunidad. Ahora, un reportaje de la BBC abandonaba la habitual y abrumadora corrección política de la cadena para denunciar, también precisamente, cómo el mismo miedo de siempre a la victimización étnica y religiosa está consintiendo el infierno a que son sometidas miles de niñas y adolescentes "blancas" en el país.

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Dos comunidades de 'minorías étnicas' son las que han sido puestas en el punto de mira. Por un lado, la pakistaní, -“asiática”, según la terminología políticamente correcta británica-, cuyos condicionantes religiosos musulmanes abocan a sus jóvenes a matrimonios de conveniencia con chicas -muchas veces, niñas- que no conocen en un país a miles de kilómetros, y con unas jóvenes de su entorno étnico, cultural y religioso que no consienten en absoluto la orgiástica obsesión con el sexo que sí lleva a miles de adolescentes blancas a convertirse en las esclavas sexuales de quienes, por otra parte, las desprecian como “zorras blancas” a cambio, primero de un poco de droga o de juerga, y después en una enloquecida espiral de amenazas y chantajes.

Negros matan, negros mueren

Y lo mismo sucede con la comunidad de origen “afrocaribeña” -básicamente, jamaicana-, salvo que en este caso, los ‘expertos’ -entre mil cautelas y rodeos perifrásticos- cambian los condicionantes religiosos por las consideraciones sociales derivadas de la brutal cultura del rap -que ya asfixia incluso a la Liverpool de la Penny Lane de los Beatles (ND)- y su idolatría de armas y de “bitches” (ND), que, si son consideradas como tales sea cual sea el color de su piel, si son blancas constituyen mayor triunfo, en una obsesión por la piel pálida y el cabello rubio que cualquier vídeo de cualquier estrella de este tipo de música muestra sin el más mínimo escrúpulo.

Ciertamente, los menores complejos de Keith Jarrett, el presidente de la National Black Police Association del Reino Unido, a la hora de combatir las abrumadoras tasas de crimen violento de sus similares de raza (ND) era contestada con dureza por otros miembros de su organización, empeñados en contemplar como “hermanos” lo que la honestidad profesional de Jarrett consideraba como simples delincuentes. Algo parecido sucedía con Mohammed Shafiq por el lado “asiático” musulmán/pakistaní de las bandas de explotadores sexuales de la adolescencia blanca británica. Él mismo se reconocía como el "único líder musulmán" que denunciaba este fenómeno (ND), añadiendo el adjetivo religioso a la vez que, en imposible razonamiento, se negaba a admitir un condicionante de fe en el tema de las cuadras sexuales de niñas y adolescentes blancas.

De la 'liberadas sexuales' a carne de intercambio entre pandillas

Pero lo hay. Lo hay incluso para las pocas pero ya significativas jóvenes de origen “asiático” que escapan de sus férreas familias de cultura musulmana para emular la ‘atractiva’ y ‘enloquecida’ vida de sus amigas y compañeras blancas -"liberación sexual" lo llamaron las mismas bandadas de psicólogos que ahora comienzan a renegar de ella, al menos en los países más avanzados que ya vienen de vuelta cuando en los habitualmente más retrasados (como España) aún se va (ND)- , y que, como ellas, terminan siendo pasadas, de unos a otros, entre sus ‘amigos’, cuando no comercializadas en el mercado de la carne más fresca en un intercambio informal entre pandillas. Y más lo hay cuando se habla de razas, de colores de piel. Los pegotes electrónicos utilizados por la BBC para proteger las caras de las menores mostradas en su reportaje no alcanzaban a ocultar los largos pelos rubios y lisos, y las pálidas manos de quienes, con el afilado acento del inglés del norte de Inglaterra, y voces aniñadas, contaban sus estremecedoras experiencias.

El propio director de la Ramadhan Foundation, con sus oficinas centrales en una de las zonas de mayor incidencia del problema, lo dejaba muy claro al relacionar las ‘cuadras’ de “adolescentes blancas” llevadas a la “prostitución”, con los “miedos” a discutir “abiertamente” sobre el tema. “Aunque no hay pruebas de que la policía o las autoridades locales no hablen deliberadamente de esta funesta práctica debido al miedo de ser etiquetados como racistas, su silencio está contribuyendo a un vacío del que sólo el BNP se beneficia”. De esta forma, el líder musulmán que, en el reportaje de la BBC se negaba a calificar el asunto como un problema “religioso” o de “musulmanes” (ND), sí animaba desde su propio sitio web a “autoridades locales y grupos religiosos y comunitarios”, a mostrarse “abiertos sobre la práctica” y a “trabajar juntos para erradicarla”.

"Todo comienza como diversión de adolescente"

En el reportaje, detectives policiales de las zonas más castigadas reconocían, avergonzados, cómo sólo se habían realizado una docena de acusaciones desde 1999, a pesar de que la ley se había cambiado para penar el fenómeno de la prostitución encubierta de menores, y a pesar de que, según el propio gobierno británico, no menos de 5.000 niñas -incluso de diez y doce años- se encuentran atrapadas en el sexo obligado en el Reino Unido, dentro del “sexo adolescente en venta” que “comienza como diversión de adolescente” pero que “pronto lleva al maltrato, a la adicción a las drogas y a la prostitución”. Una joven entrevistada en el reportaje contaba el dramático camino habitual que terminaba en la esclavitud sexual bajo pakistaníes o caribeños, lejos de las redes de prostitución o de mendicidad organizada (ND), o de los solitarios acosadores por Internet que tanto obsesionan a una prensa alelada con el mítico componente electrónico.

Pero fuera, en los callejones, en los asientos traseros de los coches, la experiencia es incluso más sórdida. Los simpáticos jóvenes que le compraban cigarrillos y drogas a la entrevistada pronto se convertían en quienes la violaron, y después se la pasaban unos a otros en un comercio del que ella no veía ni un solo penique, en una vida totalmente ignorada por los padres a quienes algunas organizaciones de voluntarios intentan abrir los ojos sobre lo que les puede estar sucediendo a sus hijas. La joven denunció su problema a la policía, pero después debió retirar las acusaciones puesto que temía sufrir represalias, dado que las autoridades tampoco podían garantizar su seguridad. Al final, la policía no pudo encontrar suficientes pruebas para encausar a los matones y proxenetas informales. Todo quedó en nada. Es así como, al final, nada sucedió ni nada sucede, mientras el tráfico crece, y los políticos generan cada vez más ampulosos y espectaculares “planes de actuación” absolutamente respetuosos con las 'minorías' que éstas no puedan calificar de "racistas", "xenófobos" o "islamófobos", y que, en todo caso, así serán calificados.

Con las manos atadas por las acusaciones étnicas y religiosas

Desde las zonas más castigadas por el fenómeno se advierte de que lo peor de esta tragedia no se da en las calles, ni nada tiene que ver con el no menor brutal tráfico organizado de meretrices menores o mayores de edad. “No estamos hablando de mujeres en las esquinas de las calles intentando captar clientes. No estamos hablando de prostitución”, se advierte desde los servicios sociales. Sólo en Bradford, se recuerda tras el reportaje de la BBC, ya hay más de 120 profesionales entrenados específicamente para lidiar con las cuadras de niñas y adolescentes blancas atrapadas por las bandas de pakistaníes en sus particulares harenes de sexo, tan de libre disposición como los mantenidos por cualquier sultán otomano de los buenos tiempos.

Pero también, desde la policía de la región, se advierte de que no se han realizado detenciones “recientemente”, a pesar del torrente de “procedimientos de inteligencia e información” que se estrellan contra un apocalipsis de papeleos y cautelas que los policías han denunciado -con no menores cautelas- en muchas otras ocasiones (ND) como una forma de atarles manos, y donde los esposados terminan siendo ellos, bien por la orgía de garantías y derechos de los supuestos criminales, bien por las acusaciones de “racismo”, “islamofobia” y cualquier otra del mismo tipo con que los cómplices indirectos de la tragedia impiden la contundente acción que mercería el corrompido submundo de las victimizaciones étnicas y religiosas, y sus no menos deshonestas complicidades por la omisión del silencio o por la falsa acusación de la víctima falsa.



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