NUEVO DIGITAL Internacional - Grave inestabilidad de fondo en la Turquía pre-europea: Islamistas y laicistas se enfrentan a cara de perro por la ilegalización del partido de Erdogan
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Grave inestabilidad de fondo en la Turquía pre-europea: Islamistas y laicistas se enfrentan a cara de perro por la ilegalización del partido de Erdogan

Grave inestabilidad de fondo en la Turquía pre-europea: Islamistas y laicistas se enfrentan a cara de perro por la ilegalización del partido de Erdogan

04.04.08 • 02:30 GMT • Javier Monjas - Madrid Email
  • Informe de la inteligencia de Estados Unidos al Senado: Arabia Saudí y la propia Turquía estarían contemplando la producción de armamento nuclear si Irán deriva su programa atómico al desarrollo militar

Para los observadores internacionales, la cosa pasó más o menos desapercibida, en la práctica, sólo anotada como tema a seguir por quienes realizan un diario y rutinario repaso a la prensa turca en inglés. Pero esta semana, el Tribunal Constitucional del país admitía la demanda presentada a mediados de marzo por el fiscal general del estado para ilegalizar nada menos que al AKP, el partido del primer ministro Erdogan, convirtiendo así al incierto procedimiento de la abogacía pública en la certificación del enfrentamiento a cara de perro entre la élite laicista proeuropea y proamericana, y la masa popular turca, que, con contundentes números en las urnas, apoya al gobierno del islamista AKP, y cuyas querencias se abandonan cada vez más a los divanes de la más cerrada tradición musulmana, a veces con aisladas pero bien significativas consecuencias sanguinarias sobre jueces (ND), sacerdotes (ND), o misioneros cristianos (ND). En paralelo, los mismos observadores internacionales recibían otro inquietante dato: un informe de la inteligencia estadounidense enviado a la Comisión de Asuntos Exteriores del Senado de Estados Unidos consideraba muy probable que Turquía desarrolle su propio programa de armamento nuclear si Irán termina llevando a cabo el suyo. Los siguientes son los datos del polvorín turco, donde los espasmos interiores malamente ocultan las tremendas tensiones que se están acumulando en el Oriente Medio musulmán, árabe y no árabe.

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Árabe y no árabe porque es precisamente un país musulmán no árabe como Irán el que, con su programa nuclear, está generando unas ingentes violencias tácitas entre los vecinos del Medio Oriente, más allá de las obvias desencadenadas en Israel o en Estados Unidos, sin olvidar a la Europa Oriental -y Occidental (ND)- al alcance de los misiles norcoreanos de los ayatolas. En el sordo pero enorme estrés desestabilizador en la zona, que lleva la tensión desde el Líbano hasta las nucleares India y Pakistán, son los países árabes sunitas al oeste del Edén chiíta los que más razones tienen para abandonarse al pánico de un Teherán con armamento atómico. Hace un par de años, con el conflicto del programa nuclear iraní ya en pleno apogeo, Ahmadenijad ponía algunas de sus frecuentes y espectaculares maniobras militares en la zona bajo el paraguas de la “materialización de las aspiraciones del Profeta” sobre “toda la Humanidad” (ND). Y ya entonces, muchos preveían que las aspiraciones del Profeta en versión chiíta-iraní comenzarían precisamente por los sunitas del oeste, en unas desconfianzas que los viajes del presidente iraní por Arabia Saudí y los países del Golfo no han terminado de despejar, y que sí han agravado, por el contrario, la participación de Teherán en las diarias carnicerías intersectarias iraquíes o no iraquíes, alguna de las cuales alcanzaron a los soldados españoles en la región (ND).

Inteligencia USA: Turquía y Arabia Saudí, potenciales países nucleares

El informe en manos del Senado de Estados Unidos, basado en lo que los agentes estadounidenses han podido recoger en los entornos del poder de Ankara y Riad, alerta sobre la posibilidad en absoluto remota de que tanto Arabia Saudí como Turquía inicien sus propios programas nucleares militares si Irán deriva abiertamente el suyo hacia el desarrollo de armamento atómico. En este último caso, y a pesar de que Irán y Turquía no se ven como enemigos directos mutuos -en panorama bien distinto de la tensión entre Riad y Teherán-, lo que sí se ve claro desde Ankara es que un Irán nuclear debe ser contrarrestado con una Turquía nuclear que contribuya, mediante el cada vez más resucitado equilibrio de la disuasión, a la estabilidad regional.

Pero, si en el plano internacional intramusulmán, las desconfianzas llegan al extremo de considerar el armamento nuclear como inevitable medio de enfriar las paranoicos calenturas de una parte de la Umma, en el ámbito interno las cosas no están mucho mejor. De hecho, peor no pueden estar tras la aceptación por el Tribunal Constitucional de la demanda de ilegalización del AKP. De esta forma, y a pesar de las encendidas proclamas panmusulmanas que Erdogan se gasta en los foros islámicos internacionales, al líder turco no le queda otro remedio que huir hacia el oeste, hacia la Unión Europea para hacer olvidar tanto el horror de su flanco oriental, como la extremada inestabilidad de su frente interno, donde la judicatura y las élites económicas, políticas e intelectuales le consideran como un sujeto con sueños de califa pseudodemocrático. Y, todo ello, sin olvidar el nerviosismo en el ejército turco, que ve con igual desconfianza tanto el acoso de los islamistas, como el de los europeístas, en una doble y paralela divergencia respecto a la Turquía fundacional de Atatürk (ND) que, constitucionalmente, debe defender, como ya ha hecho en varias ocasiones en la historia reciente turca, incluso con los tanques en la calle.

La salida europea a la explosiva polarización interna

En medio de la crisis interna de su país, Erdogan desempolvaba esta semana su cara más europeísta tras la orgía islamista de la última cumbre de la Organización de la Conferencia Islámica (ND), y tras los desafíos y amenazas lanzados en la última de la Alianza de las Civilizaciones (ND) que no hacían sino replicar anteriores y explícitas recriminaciones, entre otros, al gobierno 'aliado' de España (ND). Turquía no aceptará más que una plena incorporación a la Unión Europea y, para ello, está dispuesta a continuar por el camino de la democratización interna, comenzando por la próxima derogación del afamado artículo 301 del Código Penal turco, el que castiga los ataques a la “turqueidad”, y bajo el que tantas tribulaciones han tenido tantos periodistas e intelectuales del país, comenzando por el propio Omar Pakuk (ND), más o menos felizmente viviendo ahora en Estados Unidos desde el asesinato del periodista Hrant Dink, y tras abandonar un país que ve fuera de control en medio de la masiva explotación de un nacionalismo “antieuropeo, antiamericano, antikurdo, antiarmenio, antiliberal, antitodo” (ND).

La crisis interna turca está llevando, además, a la adopción de contundentes y peligrosas tomas de posición de la fofa ‘nomenklatura’ europea, con indisimuladas presiones de Bruselas, por boca del propio comisario para la Ampliación, en el sentido de que las negociaciones con Turquía se verían suspendidas si el AKP es ilegalizado. Con estos apoyos en la recámara, Erdogan prepara medidas de contraataque interno doméstico que, desde el exterior se consideran de una peligrosidad explosiva, y, desde el interior, como bienintencionados intentos de desactivar la extremada poralización turca. Entre estas medidas se encontraría nada menos que la modificación de la Constitución para evitar que la ilegalización de un partido político quede en manos de la fiscalía general del estado. En todo caso, lo que en realidad se dirime es la muy difícil, si no imposible, compatibilidad entre el islam y la democracia, según están dejando ver los propios turcos con mayor enfoque internacional -y laico- en los medios internacionales de referencia.

La agenda islamista oculta: del pañuelo a la revisión de los hadices

La Turquía laica no tiene dudas de que asuntos como la autorización del pañuelo islámico en las universidades públicas del país o el mucho menos publicitado en Occidente proyecto de revisión de los hadices nada tienen que ver con una apertura de libertades en el primer caso, ni nada con una adaptación del islam al Siglo XXI, como entusiásticamente se proclama desde varios sitios. Los propios responsables turcos de asuntos religiosos han desmentido por completo que se trate de una "reforma protestante" del islam, como algunos teólogos musulmanes han venido pidiendo con insistencia (ND), y sí de un trabajo de limpieza de "supersticiones" tomadas como islámicas que nada o poco tendrían que ver con los que se consideran como dichos del profeta Mahoma.

En este sentido, crecen las suspicacias del bando laico, de forma que, si anteriormente contempló la 'resucitación' del pañuelo islámico en las universidades como una forma de vuelta de la religión y no como una ampliación de las libertades de las mujeres, ahora ve la revisión de los hadices como un encubierto intento de resituar a la religión en el centro del estado, un signo más de que Turquía se encamina hacia una reislamización involucionista apoyada por "ríos de dinero verde" llegados desde el exterior (ND), y por la que muchos deben estar orando, quizás en las mismas salas de rezo islámico creadas hasta en el interior de los ferrys urbanos que cruzan el Bósforo en un Estambul dividido entre Asia y Europa (ND).



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