NUEVO DIGITAL Internacional - Mugabe agita el espectro del 'hombre blanco' para mantenerse en el poder - Los cultivadores blancos recuerdan que no renuncian a recuperar sus tierras; los ocupadores negros amenazan con la violencia si lo intentan
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Mugabe agita el espectro del 'hombre blanco' para mantenerse en el poder - Los cultivadores blancos recuerdan que no renuncian a recuperar sus tierras; los ocupadores negros amenazan con la violencia si lo intentan

Mugabe agita el espectro del 'hombre blanco' para mantenerse en el poder - Los cultivadores blancos recuerdan que no renuncian a recuperar sus tierras; los ocupadores negros amenazan con la violencia si lo intentan

06.04.08 • 19:13 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

El banco central de Zimbabwe acaba de emitir un nuevo billete con una nueva denominación, la tercera vez que lo hace en el último trimestre. Con una inflación superior al 100.000 por ciento, el nuevo ‘cromo’ consta de un cinco y de los siete ceros que le siguen. Los 50 millones de dólares de Zimbabwe se cambian en el mercado negro por un huraño dólar estadounidense, es decir, por unos 60 céntimos de euro de parvulario. Una sola barra de pan cuesta 16 millones de ‘mortadelos’ de éstos. Miles de zimbabuenses intentan huir a la desesperada de una situación que les lleva, o bien a intentar la infernal travesía del Golfo de Adén (ND), en camino hacia los brutales piratas somalíes, la semiesclavitud en los Países del Golfo, o la anhelada ‘escala técnica’ en el intento de llegar a Europa, o bien el menos peligroso paso ilegal hacia Sudáfrica. Allí, escuadrones de cultivadores blancos armados les esperarán para enfriarles los ánimos en una acción que cuenta con la tácita tolerancia del gobierno post-apartheid de los hermanos negros de Pretoria (ND), quienes, en el helado juego del 'sálvese quien pueda', pretenden aliviar así a una policía que no da abasto para atender a las deportaciones masivas (ND), ordenadas, dicho sea de paso, por el mismo presidente sudafricano que predecía en plena crisis inmigratoria española cómo los asaltos a Ceuta y Melilla servirían para “derribar las murallas” que “garantizan las privilegiadas vidas de los ricos” (ND).

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Sin embargo, antes del histórico caos de inflación y ruina abatida sobre un país por la acción de un solo hombre, si había un país privilegiado era Zimbabwe, en la estela dejada por la herencia de la Rhodesia del supremacismo blanco (aunque nunca con apartheid a la sudafricana), ahora arruinada hasta límites apocalípticos por la decisión de Mugabe de confiscar la mayoría de las plantaciones controladas por los zimbabuenses blancos para repartirlas a sus correligionarios 'veteranos' de la guerra que le llevó al poder. El desplome en la producción de alimentos y tabaco -principal fuente de divisas- fue casi inmediato. Los cultivadores descendientes de europeos huyeron a los países limítrofes, donde, entre grandes esfuerzos, tuvieron que volver a empezar desde cero, aplicando sus modernas y extensivas técnicas de cultivo a las nuevas tierras que pudieron adquirir a crédito. Gracias a ellos, Zambia, por ejemplo, se convirtió por primera vez en su historia en exportadora de alimentos, dejando atrás siglos de penurias y hambrunas.

Sin embargo, los cultivadores blancos en el exilio forzoso -al que no pudieron llegar los asesinados en la ocupación de las tierras- mantienen a buen recaudo sus títulos de propiedad y no olvidan que su país es Zimbabwe, y no Zambia o Mozambique. En plena y paranoica espiral del racismo negro oficial, y no contento con la plaga bíblica de la ruina que ha abatido sobre el país, Mugabe proclamaba el mes pasado una ley para forzar el control de las empresas extranjeras por parte de “indígenas” nacionales -es decir, zimbabuenses negros- (ND). Pero, esperanzados con la potencial aunque incierta victoria de la oposición en las últimas elecciones, algunos -no menos zimbabuenses- granjeros blancos habrían amagado supuestamente con reocupar por las bravas sus tierras, constituyéndose así en los más impacientes de los cultivadores de origen europeo en la unánime voluntad de regresar 'a casa'. Así al menos lo decían, en plena campaña de desviación de la atención sobre el caos del país, los medios más oficialistas de Harare, empeñados en agitar el espectro racista del ‘hombre blanco’ que estaría “amenazando” a los 'autóctonos' (negros), los únicos legítimos ciudadanos del país.

Nuevo presidente negro, tierras devueltas a los blancos

Sin embargo, la oposición en el extranjero, a través de SW Radio Africa Zimbabwe, el potente portal en Internet nacido de la emisora en onda corta que emite desde Londres, recogía sobre el terreno testimonios de los actuales cultivadores ocupantes en el sentido de que no eran ciertas tales “amenazas” por parte de los blancos esgrimidas por el líder de unos veteranos de guerra que sólo pretenderían “el acoso y la intimidación”. Es más, quienes sí han amenazado han sido estos denominados ‘veteranos de guerra’, reconvertidos en bandas, y que ahora se manifestaban amagando con nuevas ocupaciones y recrudeciendo una intensa presión sobre los pocos cultivadores blancos que aún se mantienen al frente de sus propiedades. Las últimas y recientes leyes de expropiación ya han llevado a uno de los cultivadores blancos a prisión por negarse a abandonar su propiedad, tras un recurso judicial que, obviamente, perdió. De hecho, un tribunal internacional regional que opera desde Namibia, ordenaba al gobierno de Harare la paralización de las expulsiones de 73 granjeros, en lo que constituía un alivio transitorio a la desesperada situación de los cultivadores mientras se aclara el anárquico -y semigolpista- intento de Mugabe de mantenerse en el poder con o sin urnas de por medio.

Si a principios del milenio, las expropiaciones se realizaron con explícitas consideraciones raciales, ahora, a éstas se han unido las políticas, puesto que el opositor Morgan Tsvangirai, no menos negro que Mugabe, apoya, sin embargo, la devolución de las tierras a sus legítimos propietarios, en un obvio intento de recuperar la economía del país por la vía de restaurar sus generadores de riqueza. Y es que, tras unos primeros intentos de continuar los cultivos de las plantaciones de tabaco por parte de los ocupantes -que consiguieron las tierras muchas veces en medio de pintorescas, cuando no grotescas, artimañas de corrupción-, tras esos primeros intentos de seguir con la producción para lucro propio, los veteranos de guerra y toda la fermentada clase política del entorno de Mugabe se estrellaba contra la evidencia: primero, no tenían la más remota idea de cultivar nada, y menos a tal escala; después, no tenían ni combustible ni fertilizantes, caso de que hubieran sabido cómo reconvertirlos en producción masiva de hoja de tabaco y alimentos. Ahora, muchas de estas plantaciones se mantienen sin cultivar, completamente improductivas, simplemente como símbolo de estatus de quienes detentan su propiedad.

"Los blancos quieren el control de todo"

En este sentido, la imparable deriva racista de Mugabe se ha contagiado a los organismos internacionales que intentan acudir al rescate de un buque que se hunde, pero ya en el limo submarino, abandonaba la línea de flotación hace años. Lejos de las tradicionales y afamadas descalificaciones del Fondo Monetario Internacional o del Banco Mundial como ogros -no precisamente filantrópicos- destinados a la explotación y esclavización de los pobres, los comentaristas próximos a Mugabe ven en esos organismos internacionales y en los ofrecimientos de la Unión Europea un intento de “los blancos” por rescatar únicamente a “la minoría blanca” del país. “Mediante el despojamiento a los blancos de su poder económico y político sobre los recursos de la negra tierra de Zimbabwe, Mugabe envió un mensaje alto y claro a los británicos y a Occidente en el sentido de que se había hecho independiente, de que estaba en el camino de eliminar los vestigios del colonialismo y de los derechos de los blancos, y de que se estaba estableciendo a sí misma como una nación soberana negra”, afirmaba un excitado comentarista. “Este juego es más grande que el Sr. Mugabe. El juego va del control mundial, y de cómo los blancos quieren todo bajo su control”, concluía.

En medio de la patética crisis de Zimbabwe, la iglesia anglicana del país acusaba a los obispos católicos -así mismo, no menos negros que ellos- de ser los “Tíos Tom” al servicio de los “blancos” debido a sus críticas al régimen oficial (ND). Ahora, el líder opositor ha caído en la misma categoría de ‘Tío Tom’. Los grupos internacionales de derechos humanos se mantienen tranquilos y silentes, reconfortados por las tibias críticas que, a regañadientes, han lanzado contra el suicida racismo negro de Mugabe, muy lejos de las alegres muchachadas en las calles con banderas de pocos colores, festivos porros y reivindicativos diábolos lanzados al aire de las opresoras y colonialistas democracias occidentales.



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