NUEVO DIGITAL Internacional - El parlamento de Yemen se niega a prohibir la entrega de niñas pequeñas a adultos como esposas, pero también a ilegalizar la ablación del clítoris porque "todavía hay un debate religioso en torno al tema"
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El parlamento de Yemen se niega a prohibir la entrega de niñas pequeñas a adultos como esposas, pero también a ilegalizar la ablación del clítoris porque "todavía hay un debate religioso en torno al tema"

El parlamento de Yemen se niega a prohibir la entrega de niñas pequeñas a adultos como esposas, pero también a ilegalizar la ablación del clítoris porque "todavía hay un debate religioso en torno al tema"

17.04.08 • 17:33 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Al final, Nojoud ha salido ganando. Por fin tiene un oso gigantesco de peluche y un par de ‘barbis’, una vestida de rosa a la occidental, y otra de riguroso chador, igual al que ella misma llevaba hasta hace poco como mujer casada que era. Bueno, casada, sí. Mujer, en Yemen, también. A los ocho años. A los mismos ocho años en que su marido de treinta la obligaba a ‘consumar el matrimonio’, a pesar de que huyera de habitación en habitación porque la rebelde señora "no entendía lo que estaba pasando". El marido -no exactamente un galán- también se habrá calmado de su justa ira. Obligado por un juez, en caso insólito y ya universalmente famoso, a ‘separarse’ de su ‘mujer’, el tipo, con toda la razón del mundo, quería, o la niña, o la pasta que pagó por ella a los padres. Un donante anónimo de los Emiratos ha abonado al ultrajado marido los 100.000 riales yemeníes (al cambio, 250 euros) que pagó por Nojoud. Una fortuna. Y eso que la preciosa Nojoud, como buena árabe, tiene la piel oscura. No como las vírgenes que esperan en el paraíso a los buenos musulmanes, según dicen, en pleno paroxismo de excitación, los clérigos saudíes vecinos, tentando a los fieles, en este valle de lágrimas, con las “blancas caras” que les esperan al otro lado, “blancas, sin cremas, sin ‘niveas’, sin nada”.

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Hay que estar muerto para no sentir un estremecimiento -o algo más- ante la encendida descripción que el clérigo saudí Omar Al-Sweilem hace de las vírgenes del paraíso musulmán recurriendo a sus clásicos. “Hariz Ibn Al-Muhasibi nos dijo lo que sucedería cuando nos reunamos con las vírgenes de cabello negro y cara blanca, ¡Alabado sea Aquel que ha creado la noche y el día. ¡Qué cabello! ¡Qué pecho! ¡Qué boca! ¡Qué mejillas! ¡Qué figura! ¡Qué pechos! ¡Qué muslos! ¡Qué piernas! ¡Qué blancura! ¡Qué tersura! Sin ninguna crema. Sin niveas, sin vaselina, sin nada. (…). Cuando te vean, se levantarán y correrán hacia ti (…). Cuando te atrapen, te empujaran de espaldas, en almohadas de musgo. ¡Te echarán de espaldas, Jamal! ¡Allah Akbar! (Al-Muhasibi) dijo que una de ellas pondría su boca en la tuya. Y que hicieras lo que desearas. Y que otra juntaría su mejilla contra la tuya, y que otra apretaría su pecho contra el tuyo, y que otras esperarían su turno. ¡No hay más dios que Alá!” (Vídeo - en árabe - subtítulos en inglés).

Bueno para Mahoma, bueno para cualquier musulmán

No se merece Al-Muhasibi una simplificación tal de su obra, ni mucho menos un tan excitado clérigo pronunciando su nombre. Uno de los más conocidos filósofos y juristas sufíes de la primera hornada islámica, Al-Muhasibi profundiza en un ascetismo que, a diferencia del cristiano, no ve abocado a la vida monástica contemplativa, sino al compromiso social y a la participación en la vida pública. Profeta del intelecto y del autocontrol, quién sabe si, en algún momento de debilidad, lo perdió en sus fantasías sobre las, por otra parte, extremadamente dudosas -y quizás, improbables- vírgenes del paraíso musulmán, donde un lamentable error clásico de traducción pudo poner doncellas purísimas y bellísimas donde los textos originales ponían simplemente seres angélicos, en grave falseamiento del sentido originario, por cierto, al estilo del que colocó una manzana maldita en el Edén donde nunca hubo ninguna según la Biblia. Aunque, a diferencia de lo que sucedió con los islámicos, ningún teólogo medieval cristiano hablara nunca de vírgenes celestiales a mansalva, ni mucho menos de "erecciones eternas" para los penes de los elegidos que deberían satisfacerlas y satisfacerse en un infinito retorno de virgos reconstituidos (ND).

En cualquier caso, lo que sí sanciona la tradición islámica como cierto es que Mahoma tuvo diez esposas, además de dos concubinas perfectamente identificadas en los textos sagrados islámicos, aunque los historiadores consideran que, como hombre poderoso de su tiempo, pudo tener muchas más. Y también que, de las diez esposas, una, A’ishah, le fue entregada al profeta cuando ella tenía seis años y él, cincuenta y cuatro. Mahoma no consumó el matrimonio hasta tres años después, cuando A’ishah contaba con nueve años de edad (ND). Sin mencionar muchos países del Medio Oriente, donde es una práctica común, mezquitas por toda Europa, y desde luego del Reino Unido, según pudieron grabar las cámaras de televisión ocultas de Channel 4 en un reportaje, justifican los matrimonios con niñas prepúberes basándose en que nada malo puede haber, sino todo lo contrario, en imitar al profeta (ND).

Ablación de clítoris: Ninguna sentencia religiosa definitiva aún

Esa es, precisamente, la opinión que mantiene la mayoría en el parlamento yemení. En plena presión nacional e internacional sobre el caso de Nojoud, la Comisión de Evaluación y Jurisprudencia de la cámara legislativa no consideraba una prioridad debatir la imposición de una edad mínima para los matrimonios puesto que, según informa la prensa del país, “no hay ninguna base legislativa para imponer tal ley (sobre edad mínima), según su comprensión del islam”. De hecho, el juez que sentenció en el caso de Nojoud reconocía que ni los padres habían cometido acto ilegal alguno al entregar a la niña al hombre de treinta años, ni este al recibirla como suya y tomarla bien tomada. Los padres se defendían asegurando que sólo la habían entregado al hombre por las amenazas de este y de su gente, aunque reconocían que sí se la habían prometido, pero con la promesa de que sería cedida efectivamente cuando fuera más mayor. Por su parte, el marido reconocía que mantuvo sexo con ella, pero negaba que la pegara cuando Nojoud huía. Organizaciones internacionales y nacionales yemeníes denuncian que la entrega de niñas pequeñas a hombres adultos -e, incluso, ancianos- es una práctica común en zonas tribales del país. Una parte mayoritaria de ellas tiene su primer hijo justo después de su primera menstruación.

Pero el parlamento yemení no sólo se ha negado a revisar los matrimonios de niños con adultos, sino que acaba de rechazar también un proyecto de ley que prohibiría la ablación de clítoris. Los legisladores que se negaron a considerar la ilegalización de tal práctica se basan en que el texto legal propuesto contenía frases y lenguaje inapropiado, es decir, nombraba determinadas partes del cuerpo de las mujeres. Además, la mayoría parlamentaria yemení consideraba que “todavía hay un debate religioso en torno a este tema, de forma que no tenemos directrices emitidas por los responsables religiosos que prohíban la circuncisión femenina (y, por tanto), no tenemos derecho a prohibirla”. Nojood tuvo suerte. La suerte que premió el enorme arrojo que su pequeña edad pudo acumular para escapar, coger un taxi, acudir a la oficina de un juez y pedir ayuda para separarse de aquel hombre que la “hacía daño”. Una abogada de su país adoptó su caso y pudo conseguir la orden que, primero la separó de sus padres y de su marido, y después abrió el camino para un divorcio mediante la correspondiente indemnización al esposo por lo que había pagado por ella.

"Estoy contenta. Voy a volver al colegio"

Sin embargo, miles y miles de niñas no tienen tanta suerte. O bien terminan asesinadas (o ‘suicidadas’) “por honor”, o bien acaban en el infierno de un matrimonio con un hombre que, en el mejor de los casos, ni conocen, y, en el peor, además podría ser su abuelo. El fenómeno no es sólo endémico en muchos países musulmanes, además de en varios del África negra. El gobierno británico ordenaba el mes pasado un recuento de niñas y adolescentes de familias musulmanas después de que el Home Office estableciera en “al menos, tres mil”, las obligadas a acatar matrimonios forzados (ND). En Afganistán, el propio presidente del país, Hamid Karzai, lanzaba un dramático mensaje coincidiendo con el Día Internacional de la Mujer: “Hago un llamamiento a los líderes religiosos, a los ancianos tribales, y, particularmente, a los hombres: dejad de forzar a vuestras niñas a casarse; dejad de casarlas con viejos”.

Nojoud no sabe exactamente cuándo es su cumpleaños. Con su abogada ha decidido que, a partir de ahora, será el 15 de abril, el día en que volvió a nacer de nuevo. "¡Estoy tan contenta de ser libre de nuevo!", dijo Nojoud al terminar la vista. "Voy a volver al colegio y nunca más pensaré en casarme de nuevo". Sin embargo, para sus hermanas, aunque no niñas, ya no hay camino de retorno. Casadas y con hijos, ya forman parte de las heladas estadísticas de los desiertos lejanos que algunos grandes autores musulmanes españoles, desde la comodidad de los países de la islamofobia occidental, califican de "fantasías sobre el 'fanatismo oriental'" para que los islamófobos "se sientan bien consigo mismos, con su barriga inflada de televisión y de cerveza".



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