Cuarenta años después del discurso de Powell sobre los "Ríos de Sangre": El responsable británico para la Igualdad y los Derechos Humanos denuncia una creciente tensión de "guerra fría" entre razas y comunidades étnicas
X- "As I look ahead, I am filled with foreboding; like the Roman, I seem to see 'the River Tiber foaming with much blood'"...: El Reino Unido conmemora el "infame discurso" del político conservador Enoch Powell en 1968 alertando sobre los "Ríos de Sangre" que correrían en el país si no se detenía la inmigración descontrolada
- BBC - RIVERS OF BLOOD - (Vídeo - Resumen del documental - 2,34 minutos)
- BBC vía YOUTUBE - RIVERS OF BLOOD - (Documental completo - Partes 1, 2, 3, 4, 5, 6, 7 y 8)
- THE TELEGRAPH - ENOCH POWELL'S 'RIVERS OF BLOOD' SPEECH - April 20, 1968 - (Texto)
David Toube, abogado de 39 años, y su hijo Harry, de cinco, se prometían la semana pasada una mañana de domingo feliz bañándose juntos en la piscina pública de Hackney, al norte de Londres. Pero cuando intentaron acceder a las instalaciones, el personal les prohibió la entrada bajo el argumento de que estaban reservadas en esos momentos a “hombres musulmanes”. En una posterior visita, en la que Toube pretendía exigir explicaciones, un responsable de la piscina pública le 'aclaró' que la religión islámica veta el baño compartido entre musulmanes y no musulmanes, incluso por sexos separados. Fue entonces cuando Toube le preguntó que qué sucedería si "personas racistas" exigieran un "horario exclusivo para blancos".
Seguimiento:
En una lenta, pero implacable ocupación exclusiva de los servicios públicos basada en principios religiosos, la comunidad islámica británica consiguió en primera instancia horarios separados para mujeres musulmanas en algunas instalaciones (ND) y, ahora, lo consigue para hombres musulmanes. Responsables de organizaciones islámicas rechazan que nada en el Corán obligue a la segregación en una piscina entre musulmanes y no musulmanes. Pero en el Reino Unido, esa segregación ya se ha producido, y se ha producido en contra de la aplastante mayoría británica ‘no musulmana’ que ve cómo varios centros públicos de recreo se anuncian en Internet con horarios exclusivos para “sesiones de recato” en favor de musulmanes, tanto hombres como mujeres, obviamente, siempre por separado, en la incruenta pero feroz ofensiva por el control de las piscinas (ND).
A Toube le contestaron los responsables de la piscina de Hackney que, si existiera una demanda suficiente de “blancos”, también se habilitaría un horario específico para ellos. Cosa que, obviamente, ni el mismo que lo decía se lo tragaba, aunque sí se tragó lo que le dijeron los hábiles y osados usuarios islámicos a la hora de reclamar el uso exclusivo de la piscina, es decir, que hombres musulmanes no se podían mezclar con hombres no musulmanes en las instalaciones públicas. Y es que la “arrogancia” de una parte significativa de la comunidad islámica británica derriba, uno tras otro, sus propios límites. “Arrogancia” era, precisamente, la palabra que un juez londinense aplicaba a uno de los brutales imanes del odio islámico británico, el converso Abu Izzadeen, de 33 años, el feroz sujeto que interrumpió hace un par de años al entonces responsable del Home Office, John Reid, de visita en un barrio londinense de mayoría islámica, al grito de “¿Cómo se atreve usted a venir a una zona musulmana?” (ND).
Un 'niño bien', nuevo converso al islam... y al terrorismo
Pero no es la confirmación de las denuncias realizadas por el obispo anglicano Nazir-Ali -descendiente de pakistaníes- en el sentido de que el islam se está “imponiendo” en el Reino Unido mediante la creación de “zonas exclusivas para musulmanes” y las llamadas a la oración desde los minaretes (ND) lo que ha llevado a Izzadeen a una condena de cuatro años y medio en prisión, de los que, por cierto, sólo cumplirá efectivamente poco más de uno. Izzadeen era el imán que tronaba en vídeos colgados en Internet sobre cómo “en el Reino Unido todavía no se ha luchado” en una supuesta guerra supremacista islámica que debe llegar. “Pero no os equivoquéis, el tiempo llegará, hermanos… luchar ya está al alcance de la mano. Preparaos a vosotros mismos ahora y cuando lleguen los tiempos difíciles estaréis listos para defenderos a vosotros mismos, estaréis preparados para morir por Alá”, añadía el yihadista doméstico (ND), reforzando las amenazas con apocalípticos sermones sobre cómo los soldados británicos y estadounidenses violaban y mataban a niños y mujeres en Irak.
Las autoridades británicas, después de ímprobos esfuerzos legales que garantizasen la seguridad jurídica del basilisco islámico, consiguió pruebas suficientes de que, además, Izzadeen financiaba actividades terroristas. Que es, finalmente, lo que le llevará a la cárcel. Por poco tiempo, eso sí, y como un mártir de la ‘islamofobia’ para miles de sus seguidores, la misma ‘islamofobia’ y la opresión de los “cruzados” que muchos suelen denunciar tras las operaciones antiterroristas contra grupos musulmanes radicalizados con ansias de martirio sanguinario. En este sentido, la última operación de la seguridad del Reino Unido la protagonizaba otro converso al islam, este un joven británico de 19 años que, desde su conversión, pasó a llamarse Andrew Ibrahim. No se puede decir que Ibrahim fuera un marginado social por la pobreza y la ‘islamofobia’. Hijo de médico, asistió a los colegios e institutos privados más reputados del país, con muchos personajes famosos de primera línea de la cultura o la política británica entre sus pasados alumnos. Pero cuando la policía organizó una operación antiterrorista para detenerle no se encontraba en la casa de sus padres en un lujoso barrio de Bristol, sino en un apartamento social pagado por los mismos infieles cruzados a los que, previsiblemente, pensaba volar con el “artefacto explosivo viable”, según la técnica definición de la policía, que preparaba en sus ratos de ocio.
Los "Ríos de Sangre" y la "Guerra Fría"
Trevor Phillips, presidente de la Comisión para la Igualdad y los Derechos Humanos del gobierno británico, ve en todo esto “la emergencia de una guerra fría en algunas partes del país, donde comunidades muy distantes existen una junta a la otra, con una comunicación muy pobre entre las fronteras raciales y religiosas”. El responsable del órgano que vigila la “igualdad” no parece saber mucho de piscinas públicas, pero tampoco parece entender el término “frío” cuando se aplica a comunidades de las que salen sujetos que vuelan autobuses o metros, o preparan bombas como afición de bricolaje. En realidad, Phillips decía estas palabras durante la celebración del 40 aniversario del denominado discurso de los “Ríos de Sangre”, pronunciado por Enoch Powell. El profesor y político conservador profetizaba hace justo cuatro décadas que el Reino Unido se vería envuelto en un sangriento conflicto si no se detenía la inmigración que, entonces, ya veía fuera de control, en aquellos momentos cifrada en “50.000 dependientes (de las arcas públicas británicas) al año” que vienen “para fundar una familia con cónyuges y prometidos que nunca han visto” y que hacen que los británicos “se sientan extranjeros en su propio país”.
El discurso es considerado un 'landmark' en el Reino Unido, para unos, un deslumbrante aunque siniestro auspicio de lo que estaba por venir, y, para otros, un desgraciado discurso racista que se conmemora para negarlo. Pero las mismas autoridades británicas que, en plena corrección política, califican de “xenófobas” las profecías del político conservador y celebran que, como decía Phillips, no se hayan producido los “ríos de sangre” que predijo Powell, sí reconocen ya abiertamente cómo la reacción al ‘powellismo’ “ha llevado al Reino Unido a admitir más inmigrantes que menos”. En realidad, Phillips tampoco parecía contar en su discurso no ya con la tensión antiterrorista a la que está sometida el país, sino con los no tan esporádicos brotes violentos que han surgido entre comunidades, muy notablemente entre la musulmana-pakistaní, y la occidental-británica-nativa, cuyo estallido más virulento se produjo en el precisamente denominado ‘Verano de la violencia’ de Birmingham (ND). Su recuerdo ha quedado ya inscrito en la historia reciente británica, por mucho que las tensiones que lo desencadenaron están muy lejos de desaparecer, para muchos, un simple e inocente prólogo de los “ríos de sangre” que muchos consideran inevitables desde que Powell los profetizó cuando ni habían nacido los padres de los que ya los ensayan en el metro o en los autobuses de Londres.
