Se disparan la xenofobia y el sentimiento antiislámico en Italia en medio de recrudecidas presiones árabes y musulmanas tras el triunfo de Berlusconi y el éxito de la Liga Norte
XComo en otros muchos países de Europa, en Italia, tierra de maestros, crecen, imparables, las soluciones menos atenuadas con los tonos pastel de las contemplaciones y los escrúpulos de las correcciones políticas. A una paleta social de colores cada vez más fuertes, pintores cada vez más rotundos y concretos acogen a cada vez mayores sectores de las capas sociales bajas y medias ante la inoperancia y la indiferencia de las fofas élites políticas, en las izquierdas y derechas rococós, inertes en su afectación garantista al sordo clamor que llega desde las calles. Como otros muchos países de Europa, Italia es también una olla a presión donde bullen por una salida extrema las tensiones sociales creadas por la emigración salvaje, la delincuencia a ella asociada, y las cada vez más recrudecidas injerencias y amenazas islámicas, entre ellas, la inaudita advertencia de Libia sobre la formación del nuevo ejecutivo italiano. La siguiente es la paleta de una Italia donde también moja pincel un Papa dedicado, entre sonrisas y finuras vaticanas, al debate teológico con los clérigos musulmanes que llegan de Oriente, como los Magos, para ofrecer mágicas lecciones de tolerancia.
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¿Qué hay detrás del ascenso de Berlusconi y de sus aliados de la Liga Norte? Según un estudio demoscópico de Makno, lo que hay es un 53,3 por ciento de los italianos que considera a la emigración islámica más problemática que la procedente de países de mayoría cristiana, un 10 por ciento que no permitiría a los musulmanes practicar libremente su religión ni construir mezquitas a su libre albedrío al menos hasta que no exista reciprocidad para las iglesias cristianas en los países musulmanes, y un 28 por ciento que denuncia la intolerancia de los musulmanes con el catolicismo. Pero también, y esta vez según un informe de los servicios secretos, lo que hay son 55.000 militantes y 65 grupos que “no tienen valores culturales ni políticos, salvo la discriminación, la xenofobia y el racismo”.
Dos asesinatos polarizan la grave tensión italiana. Por un lado, el recuerdo del cometido sobre una mujer italiana, violada y asesinada con un extremo salvajismo hace unos pocos meses por gitanos rumanos. Por el otro, el más reciente de un diseñador gráfico de 29 años, apaleado hasta la muerte en Verona por jóvenes calificados en la prensa de “neofascistas”, sección skinheads futboleros. Pero en la ciudad de Romeo y Julieta ya no gobierna el amor platónico, sino, como siempre, la política a cara de perro en el pulso sostenido por bandos rivales, con la Liga Norte enfrentada a la banda rival de una inmigración fuera de control. El alcalde, Flavio Tosi, salió elegido con apoyo masivo de sus ciudadanos y, entre lo primero que hizo, fue expulsar a los gitanos del centro de la ciudad amparándose en que “estropeaban la belleza del casco histórico”, aunque con o sin cascos históricos, los gitanos y las graves tensiones de convivencia que generan tampoco son muy queridos en cualquier otro lugar, en especial en los pueblos y en los barrios obreros en cuyas periferias se asientan sus campamentos.
Los gitanos del 'neofascismo' europeo... y del 'neoislamismo' turco
Tosi recordaba recientemente que, en un país como Italia, que tiene un 12 por ciento de población inmigrante, precisamente los inmigrantes representan un tercio de la población reclusa total, mientras en el norte, en su zona, feudo de la Liga Norte, la proporción sube a más de dos tercios. Sin embargo, hasta a tipos acostumbrados a gobernar sin demasiadas melifluas correcciones políticas les comienzan a asustar las reacciones extremistas cada vez más violentas de algunos de sus conciudadanos, de forma que el regidor de Vernoa ha exigido “penas ejemplares” para los asesinos del joven a manos de las bandas futboleras radicalizadas. Desde una Turquía acomplejada y humillada con las críticas y los rechazos europeos, se aplaca el rencor echando leña al fuego del “crecimiento del neofascismo en Europa”, por mucho que ese “neofascismo” europeo eche a los gitanos de la misma forma que lo hace el ‘neoislamismo’ turco, que los expulsa una y otra vez de la periferia de Estambul, con las zonas históricas y turísticas de la ciudad bien a salvo de problemas y malas imágenes para los europeos que van allí a dejarse los dineros de la abundancia.
Esté generado por las tensiones inmigratorias o provenga de un choque generalizado de ámbito civilizatorio -o de ambos-, la colisión entre las comunidades occidental y musulmana en Italia dispone de carpeta específica, dentro del fichero general de las crecientes tensiones entre 'nativos' y 'conquistadores', ahora con los papeles y los colores de la piel cambiados. En esa carpeta se encuentran no sólo las valoraciones cada vez más inflexibles y extendidas entre los italianos respecto a los ‘invitados’ forzosos musulmanes, sino también las negativas opiniones de la comunidad islámica sobre el país que la ha acogido. En concreto, el mismo estudio demoscópico que constataba la fuerte prevención de los italianos en general ante los musulmanes en particular, recogía también esos rencores islámicos, de forma que un 40 por ciento de los musulmanes inmigrantes en Italia se quejaba de los problemas en el respeto a sus tradiciones religiosas, mientras un 30,2 por ciento temía perder su cultura de origen.
Liga Árabe a Berlusconi: "Habrá problemas"
Las amenazas de Libia a Italia por el posible nombramiento del miembro de la Liga Norte, Roberto Calderoli, como ministro del gobierno de Berlusconi no hacían más que añadir a la tensión el explosivo factor de una inaudita injerencia extranjera en la formación del gobierno italiano. Trípoli, por boca del hijo -y posible sucesor- del propio Gadafi, responsabilizaba a Calderoli de los disturbios que provocaron en la capital libia once muertos cuando una muchedumbre intentaba asaltar la representación diplomática italiana, horas después de que el ahora potencial nuevo ministro de Berlusconi apareciera en la televisión ostentando camiseta con una de las viñetas de Mahoma en la pechera.
Pero no sólo Libia amenaza, responsabilizando de los disturbios a la camiseta y no a sus propias muchedumbres violentas. También lo hace la Liga Árabe sobre el mismo tema, que advierte de que habrá “problemas” si una “persona de esa clase” entra en el gobierno italiano. Y, por añadidura, no sólo Libia y la Liba Árabe amenazan por el potencial ministro de la camiseta y la viñeta de Mahoma, sino que también presionan por otros lados y por otras causas ‘intelectuales’ árabes y musulmanes que, como Tariq Ramadan, consideran un error la presencia del presidente italiano en la inauguración de una feria del libro sobre escritores israelíes. La asistencia del presidente Giorgio Napolitano fue vista por la alianza de las guardias islámicas e izquierdistas como una demostración de que la muestra literaria “es un evento político, y no sólo cultural”. La presión ha sido tan fuerte que la presidencia italiana se veía forzada a emitir un comunicado defendiendo la “completa legitimidad” de “criticar a Israel por sus políticas”, pero dejando claro que “lo que es inaceptable es cualquier posición que niegue legitimidad al estado de Israel y a su derecho a existir en paz y seguridad”.
Los conversos al cristianismo desde el islam piden ayuda
Mientras tanto, en el frente religioso-civilizatorio también se producían movimientos, acallados entre los secretismos de los sordos fru-frús de las sotanas. El Papa Benedicto XVI se reunía con el arzobispo de Canterbury para, en un encuentro calificado de “cálido y amistoso”, discutir sobre las relaciones de católicos y anglicanos con el islam, sin que se sepa mucho más de lo hablado -aparte del análisis de las relaciones entre las dos iglesias, con China en el punto de mira común-, ni de si Rowan Williams habrá intentado convencer también a Benedicto XVI de las bondades de introducir la sharia en las normativas vaticanas como propuso para el sistema legal británico. Pero, en paralelo, el Papa también se reunía con una delegación iraní, junto a la que posaba en ceremoniosa fotografía, en medio de la complacencia de los medios oficiales y semioficiales de Teherán que destacaban cómo Benedicto XVI calificaba de “libro precioso” al Corán y cómo “la fe y la razón son dos cosas que el mundo necesita hoy más que en ningún otro tiempo, y es nuestra obligación proveer de esa necesidad a la sociedad”.
En una nueva constatación de que las curias oficiales y las religiones reales marchan por caminos distintos, también coincidían en el tiempo, por un lado, el entusiasta orgullo de los anglicanos del arzobispo de Canterbury, quienes, al hilo de un seminario cristiano-islámico que se celebra en Roma, henchían los velámenes de la satisfacción por el, en su opinión, enorme interés de los musulmanes por las “técnicas investigadoras” de los estudios teológicos cristianos. Pero, por la otra parte, se escuchaban, como en un coro maldito de fondo, las nuevas y desesperadas peticiones de ayuda de los conversos del islam al cristianismo que, desde sus escondrijos, continuaban y continúan solicitando a la diplomacia internacional una técnica concreta, teológica o no, que les permita salir del armario del miedo y las amenazas y, si es posible, seguir vivos después para contar la experiencia del aire libre.
