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Caza de brujas en Europa: Fiscales y policías recrudecen la persecución contra periodistas y dibujantes de prensa críticos con el islam

Caza de brujas en Europa: Fiscales y policías recrudecen la persecución contra periodistas y dibujantes de prensa críticos con el islam

19.05.08 • 03:35 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

En el Reino Unido, la policía de la región inglesa de las West Midlands dio el año pasado un extremadamente inquietante paso: denunció a Channel 4, no por un presunto delito concreto, sino por lo que consideraba como una mala práctica periodística en uno de sus reportajes, 'Undercover Mosque' (ND 1 y 2), en el que la cadena de televisión mostraba las imágenes conseguidas tras grabar con cámara oculta las brutales descargas de odio de los imanes a puerta cerrada en las mezquitas. Metidos a reguladores de la ética y la deontología periodística, los policías han tenido que envainarse ahora sus acusaciones, convertidos ya en poco más que en las tristes marionetas de los grupos musulmanes, cómodos mientras los agentes les hacen el trabajo sucio de 'cazaperiodistas'. Pero en otras partes de Europa, políticos, fiscales y policías comenzaban otros acosos. Ahora, de nuevo, un dibujante de prensa ha sido puesto en el punto de mira en Holanda. Pero esta vez, las organizaciones islámicas ya han aprendido la lección. Ya dirigen desde la retaguardia. Porque ahora ha sido el propio gobierno de Amsterdam el que ha iniciado la cacería.

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Abdul-Jabbar van de Ven es un holandés converso al islam que en 2005 denunció ante la policía al viñetista satírico, Gregorius Nekschot, por “islamofobia” e incitación al “odio racial”. El jueves pasado, un despliegue policial digno de operación antiterrorista de desarticulación de atentado inminente entró a saco en el domicilio de Nekschot en plena noche, con el dibujante durmiendo en su cama, y se le llevó a prisión junto con todo el material informático con el que pudo arramplar. Finalmente, tras la denuncia del converso, la fiscalía general del país había terminando sucumbiendo a la presión de un denominado Centro de Denuncias por Discriminación que, desde Internet y con financiación en parte pública, aseguraba haber recibido más de un centenar de quejas de grupos de musulmanes por la labor del viñetista. De forma que las autoridades ejecutaron la denuncia del converso, amparando las constantes protestas y acusaciones de las organizaciones islámicas y de cuanto individuo quiso apuntar con el dedo al dibujante desde la comodidad de su domicilio.

Un converso aficionado a los asesinatos, ahora acusador de periodistas

En un caso más de la extremada virulencia de los conversos musulmanes en Europa - emisores de algunas de las retóricas más cargadas de odio contra las sociedades occidentales que les vieron nacer-, Abdul-Jabbar van de Ven es un hombre que, desde la televisión y poco antes de denunciar al dibujante, se congratuló del asesinato de Theo van Gogh y manifestó su abierta esperanza de que alguien le hiciera seguir el mismo camino a Geert Wilders. Hoy, Van de Ven sigue libre y activo trabajando como imán en una organización con financiación saudí, mientras sobre Nekschot ha caído un apocalipsis de investigaciones y potenciales procesamientos que no es menor a la abrumadora yihad de amenazas de muerte que le han llovido tras ser situado en el punto de mira por la fiscalía holandesa, y a pesar de trabajar con el seudónimo por el que es conocido, Nekschot, “disparo en el cuello”, en holandés.

Pero cuando Nekschot aún no había salido de la cárcel en la que estuvo dos días detenido, sobre el gobierno holandés también había caído ya un apocalipsis similar de acusaciones provenientes de un inaudito espectro político que, por los flancos, cubría desde las izquierdas y derechas más extremas hasta agrupar a todas las posiciones más centradas, en una debacle de incriminaciones al gobierno del país que incluían al propio Partido Laborista, uno de los miembros de la coalición de izquierdas en el poder. Incluso los diarios de izquierda, como el De Volksrant, clamaban esta vez contra el acoso a la libertad de expresión que aliaba una vez más a los gobiernos europeos con el islam más exitosamente amordazador en las propias tierras europeas. “En Dinamarca, protegen a los dibujantes; en Holanda, la policía los arresta”, decía De Volksrant en alusión al caso de las viñetas de Mahoma.

Las izquierdas, escandalizadas; el centro derecha, 'comprensivo'

De hecho, particularmente agrios se están mostrando esta vez los partidos de la izquierda holandesa, incluyendo los pertenecientes a la coalición de gobierno que, como el socialista radical, afirma que “perseguir a un artista en virtud de su obra resulta absurdo”. Es más, ha sido un partido de centro derecha, como el cristiano demócrata de la CDA, el que ha disculpado a la fiscalía asegurando que “probablemente tendrá buenas razones para operar en la forma en que lo está haciendo”, actitud que chocaba con las palabras de un parlamentario laborista, aliado con el gobierno, que constataba cómo “procesar a un dibujante es ir demasiado lejos”. Tan grande ha sido el escándalo, en especial dentro de la propia coalición izquierdista en el gobierno, que el propio ministro de justicia se disculpaba en el Parlamento afirmando cómo su intención era sólo saber si se había producido alguna ilegalidad.

El caso de Nekschot se producía justo cuando la policía de las West Midlands británicas se veía obligada a disculparse y a pagar una considerable indemnización a Channel 4 después de acusar a la cadena televisiva de “propagar una ideología de intolerancia y odio”. En otro inusitado caso de autopersecución en los sistemas democráticos occidentales, la fiscalía y la propia policía se habían unido el mes de agosto pasado para acusar a Channel 4 de haber “distorsionado por completo” los incendiarios sermones de los imanes que los reporteros televisivos habían grabado con cámara oculta y que dieron lugar a un espectacular reportaje titulado 'Undercover Mosque' (ND 1 y 2), donde se desvelaban las masivas descargas de odio y amenazas contra el Reino Unido y la forma de vida occidental promovidas por los mismos imanes que, sin embargo, de puertas para afuera, representaban a la perfección el papel de la moderación y del islam como “religión de la paz”. Después de investigar los rabiosos discursos de los clérigos islámicos grabados en el reportaje, la policía concluyó que, aunque “ofensivos”, nada ilegal había en ellos, pero sí encontró potencial ilegalidad punible en los periodistas que habían realizado el trabajo, de forma que pasó un informe en ese sentido al Ofcom, el regulador de medios de comunicación en el Reino Unido.

La policía británica patina como censora de prensa

Ahora, Ofcom ha considerado que el reportaje fue impecable en la edición de los testimonios recogidos, lo que, además de que los contribuyentes deban pagar la indemnización por daños a Channel 4 a que ha sido condenada la policía, ha provocado una nota de disculpa de los agentes de West Midlands, que fueron quienes comenzaron la persecución contra el canal, sin que conste que se inicie ahora -ni se iniciara en el pasado- ninguna acción de persecución contra los extremadamente agresivos imanes y sus equipos que, desde el interior de las mezquitas, se desgañitaban clamando por la destrucción -desde dentro- del infiel orbe occidental. En este entorno, a comienzos de año se constituía una denominada Asociación de Policías Musulmanes dentro de la policía de West Midlands que no era más que una delegación más de la Asociación Nacional de Policías Musulmanes de Inglaterra que, como la organizada este mismo mes en Escocia, tiene como objetivo “luchar contra la islamofobia” de las sociedades a las que supuestamente sirven como agentes, sin que conste tampoco que exista -ni se tolerara- ninguna Asociación de Policías Cristianos que proclamara abiertamente un enfoque activista desde dentro del cuerpo, como hacen los agentes musulmanes.

Con un periodista bielorruso condenado a comienzos de año a tres meses de prisión por republicar las viñetas danesas de Mahoma (ND), la situación se terminaba de agravar desde Bruselas, cuando, en medio de la persecución a los periodistas en nombre del combate contra la “islamofobia”, la Unión Europea decidía el mes pasado la aprobación de una directiva de lucha contra el “odio” o el “racismo”, términos en el que se engloban las críticas al islam y, potencialmente, también cualquier información que, como en el caso de Channel 4, no guste al burócrata policial o político de turno. La nueva normativa aprobada por los ministros de interior, que deberá ser sancionada por los distintos parlamentos nacionales, convierte en un delito de alcance europeo cualquier actividad en este sentido, pero es visto por muchos como un nuevo y potencialmente demoledor ataque contra la libertad de expresión en Europa, en medio de la también habitual presión de grupos como la autodenominada Red Europea contra el Racismo, que considera el texto aprobado como demasiado “blando”.

Bruselas se apunta a la cacería

De la misma forma que “blando” lo considera tambíén Alemania al no haber sido recogido de forma expresa, como deseaba, la negación del Holocausto como delito paneuropeo, una de las obsesiones de un Berlín que, sin embargo, no parece seguir la misma política de dureza con su incendiaria comunidad musulmana, bien excitada y respaldada desde la madre patria de Ankara (ND), con unas organizaciones islámicas silentes mientras ven, a veces ellas mismas sorprendidas, cómo los policías, los fiscales y los políticos europeos les hacen el trabajo sucio de aplastar cualquier voz crítica o meramente descriptiva de lo que sucede dentro o fuera de las mezquitas.



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