La Academia Española eliminará de su próxima edición del diccionario la histórica vinculación entre la palabra 'renegado' y la 'renuncia a la ley de Jesucristo'
X- NUEVO DIGITAL - ARCHIVO-SELECCIÓN - LA LIBERTAD DE EXPRESIÓN, BAJO ATAQUE EN OCCIDENTE - '¿QUÉ SE PUEDE DECIR?': LA YIHAD CONTRA EL LENGUAJE Y LA RECONQUISTA DE LAS PALABRAS
“Limpia, fija y da esplendor”. El mítico mandato en el sueño de un idioma español centralizado y regido a golpe de diccionario oficial cae abrumado por las modas y las presiones de la corrección política. Todo comenzó con la masiva feminización de términos, incluyendo a los que en masculino engloban también al femenino, pero, sobre todo, a los que fueron forzados a una aberrante conversión de género. Después, llegaron las obsesiones con las ‘novedades’ y las ‘moderneces’ más o menos ‘chics’, en especial, con las más destructivas del idioma, como el inusitado despliegue de propaganda en el anuncio de un diccionario de abreviaturas para los mensajes cortos enviados a través de teléfono móvil. “La Real Academia Española tiene conciencia de que la lengua es del pueblo y es callejera”, dijo en esa ocasión, a comienzos de año, el director de la institución, Víctor García de la Concha.
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Sin embargo, ni es “callejera” la obsesión con la corrección política de los doctos próceres del idioma reunidos en la sede académica de Madrid, ni mucho menos “limpia, fija y da esplendor” la oficialización de una algarabía de abreviaturas para mensajes móviles a medio camino entre la economía de medios y la ocultación de una devastadora incultura. Ahora ha llegado el momento de luchar contra la ‘islamofobia’ a golpe de decreto-ley ‘diccionarial’, destruyendo de un plumazo siglos de palabras y significados, vivos no sólo en las más grandiosas obras maestras de la lengua española, sino también en el lenguaje ‘callejero y del pueblo’.
'Renegado': El que 'detesta' y 'abomina'
La actual vigesimosegunda edición del Diccionario de la Lengua Española (“vigésima segunda”, dice la Academia, prefiriendo la redundancia de género femenino en la segunda decena de los ordinales a pesar de reconocerla minoritaria en el uso actual), contempla para el término ‘renegado’, en su primera acepción, la definición “Que ha abandonado voluntariamente su religión o sus creencias”, complementada en la segunda con un contundente “Particularmente, que renuncia a la ley de Jesucristo”. Según ha podido comprobar NUEVO DIGITAL, la próxima edición del diccionario, la vigesimotercera -o vigésima tercera, según la Academia-, eliminará toda referencia al cristianismo en la forma de la “ley de Jesucristo”, y dejará la definición en una neutra y única acepción religiosa enfocada en quien “ha abandonado voluntariamente su religión o sus creencias” (pulsar botón "Artículo enmendado" para nueva nueva versión).
Nada menos que 905 casos en 298 documentos devuelve la búsqueda de concordancias en el banco de datos del corpus histórico de la propia Academia, todos divididos en los dos sentidos tradicionales de la palabra: quien, nacido cristiano, se convierte a la “religión mahometana”, y quien “injuria” o “baldonea” a alguien. Esta última acepción viene derivada de la anterior ante el histórico papel de los conversos al islam en el rechazo y la vejación de la cultura en que nacieron, con el bien estudiado papel de los ‘renegados’ en la expansión de la ‘leyenda negra’ sobre España, un rechazo, unas vejaciones y unos baldones que aún continúan siendo activamente propalados hoy en ese mismo grupo socio-religioso, que continúa 'detestando' y 'abominando' -según los términos de la actual definición del verbo ‘renegar’- la historia de la nación española (ND).
"De la fe de Jesucristo, a la religión mahometana"
Sorprendentemente, mientras la próxima edición del diccionario eliminará la vinculación entre el “renegado” y quien abandona el cristianismo, para el infinitivo “renegar” sí que mantiene la histórica y tradicional relación entre ambos conceptos. “Pasarse de una religión o culto a otro, y especialmente de la fe de Jesucristo a la religión mahometana”, define, en su tercera acepción, la edición aún hoy ‘oficialmente’ vigente, en un mantenimiento semántico que arranca de la primera edición de 1737 (reproducción ampliada). “Vale así mismo pasarse de una religión o culto a otro” y “regularmente se toma por el que, apostatando de la fe de Jesucristo, abraza la secta mahometana”, decía la Academia entonces, en un nexo directo del término para los conversos al islam que se mantenía en la penúltima edición de 1992 (reproducción ampliada), con una preservación casi literal de la primigenia definición.
De las 905 concordancias históricas para el término ‘renegado’ recogidas por la propia Academia, nada menos que seis decenas corresponden al Quijote y, entre ellas, una gran proporción a la historia del ‘renegado’ de la segunda parte del libro, personaje que es descrito por Sancho Panza como “muy hombre de bien y de muy buenas entrañas”, en uno de los pasajes de la obra cumbre española en la que el revisionismo ‘converso’ y la crítica literaria de la corrección política ha basado una supuesta ‘conversión’ o ‘simpatía’ de Cervantes a la religión islámica desde sus tiempos de cautivo en Argel. Quevedo fue, en este sentido, mucho más cáustico, en su línea habitual. En la discusión entre un ‘renegado’ y un morisco, el primero llama “perro” al segundo por haber situado como alternativa para el Imperio Otomano la organización legal y universitaria española.
"El punto de vista de un bárbaro"
Según recordaba Lázaro Carreter en 1980 analizando este texto de Quevedo en tiempos aún más vírgenes del 'buen tono' de la 'tolerancia' y el 'antirracismo' en la crítica literaria, el renegado lleva “el punto de vista de un bárbaro”, por lo que el autor le hace “elogiar la ignorancia del pueblo” en una demostración de que “el gran turco es bestial porque asienta su trono y su poderío sobre un rebaño de ignorantes”. En esta ocasión, Quevedo favorece un reparto de papeles que concede al morisco el papel de hombre culto, reformista y admirador de la cultura española, en contraste con el mítico y sordo rencor del converso nacido cristiano, ya para siempre desdibujado del diccionario oficial de la lengua española en su anterior y renegada ruindad de renegado.
