NUEVO DIGITAL Internacional - Contrarreforma pedagógica: Colegios y profesores ingleses, en guerra abierta contra las autoridades educativas por los elevados estándares de aprendizaje impuestos a niños de preescolar
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Contrarreforma pedagógica: Colegios y profesores ingleses, en guerra abierta contra las autoridades educativas por los elevados estándares de aprendizaje impuestos a niños de preescolar

Contrarreforma pedagógica: Colegios y profesores ingleses, en guerra abierta contra las autoridades educativas por los elevados estándares de aprendizaje impuestos a niños de preescolar

28.05.08 • 02:03 GMT • Javier Monjas - Madrid Email
  • Un think-tank británico denuncia como un desastre educativo a las "excesivamente largas" vacaciones de verano, una "reliquia" de los tiempos en que los niños debían ayudar a sus padres en los meses de la recolección agrícola

‘Todo lo que fluye, refluye’, decía uno de los principios herméticos, y lo que refluye ahora en el sistema educativo británico es la época de la pedagogía setentayochista, la misma que en España aún considera al estudio tradicional como una metodología reaccionaria, mientras la negación de los criterios evaluativos y de autosuperación, basada en devastadores y no menos tópicos principios de psicopedagogía progresista, lleva a que se pase de curso con cuatro asignaturas suspendidas en medio de un implacable apocalipsis de consignas de corrección política abatidas sobre los chicos. Pero, en el Reino Unido, la educación progresista comenzó antes, sus demoledores efectos sobre la educación de los niños, por tanto, comenzaron antes, y la reacción, de igual forma, ha comenzado antes. Tan fuerte ha sido el pendulazo que la revuelta de colegios y profesores se plantea en los términos exactamente opuestos, ahora contra la recuperación de unos severos estándares educativos “anteriores a las reformas de 1969”.

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El mismo conflicto que miles de familias españolas han planteado ante la “intromisión” del estado en la educación ideológica de sus hijos, también se desarrolla en estos momentos en el Reino Unido, aunque con sorprendentes diferencias que llevan a cada posición nacional paternal a extremos antagónicos. Mientras los padres españoles contemplan la degradación en la educación de sus hijos por un sistema pedagógico oficial que rechaza el puro y estricto aprendizaje académico de conocimientos en favor de estrategias ‘lúdicas’ mezcladas con ofensivas de ideologización, socialización y 'convivencia', en el Reino Unido la imposición de un implacable plan curricular puramente académico a niños desde la guardería ha provocado que progenitores y colegios hablen de “violación de los derechos de los padres a elegir la educación de sus hijos”.

"Objetivos demasiado ambiciosos"

El Consejo de Colegios Independientes (ISC, por sus siglas en inglés) agrupa a los más importantes centros educativos privados de Inglaterra y acaba de protestar de forma oficial ante el gobierno británico por lo que ve como una redoblada “interferencia” del estado en la educación de niños tan pequeños como son los que no superan los cinco años de edad. El ISC, con 1.280 colegios de pago ingleses en su lista y con medio millón de alumnos en sus pupitres, afirma que la “burda intrusión” de la administración pública en el plan de estudios de los niños más pequeños no sólo es “injustificada e innecesaria”, sino que “entra en conflicto con los derechos de los padres a la intimidad en su vida de hogar, lo que incluye la libertad de elegir cómo educan a sus hijos, y a educarlos libres del control del estado”. Además, la carta, dirigida a las más altas autoridades educativas y de infancia de Londres, prevé que las líneas curriculares que se impondrán a los niños de guardería provocarán un retroceso en la calidad formativa de los infantes.

El nuevo plan se denomina Etapa Fundacional para los Primeros Años (EYFS, en sus siglas en inglés) y es un marco pedagógico que entrará en vigor el próximo otoño, tanto en los centros públicos como en los privados que tienen a su cargo a niños y niñas de hasta cinco años de edad. Pero, mientras en las guarderías españolas se juega y se juega, pero no se aprende a leer y menos a sumar, en las británicas ahora se insistirá en un estricto plan formativo que incluirá niveles de aprendizaje en lectura y escritura suficientes como para idear y redactar frases sencillas, a puntuarlas de forma correcta, y a disponer de suficientes habilidades fonéticas como para desarrollar unas formas complejas de expresión hasta ahora reservadas a niños bastante mayores. Padres, profesores, psicólogos y pedagogos infantiles han puesto el grito en el cielo ante lo que ven como un “regreso a los objetivos de aprendizaje anteriores a 1969” en la forma de unos objetivos “demasiado ambiciosos” y de unos estilos y estándares educativos que “llevan la obsesión de la cuantificación de los resultados”, sin olvidar la posibilidad de que "algunos niños, en especial, los menos dotados, puedan sentirse confundidos y desmotivados por la introducción demasiado temprana de esos temas".

"Las guarderías, sin alegría"

Pero, además, los profesores lamentan que se “deje a las guarderías sin alegría” debido al frenético ritmo de cambios impuesto por las autoridades educativas del país. La directora de un centro infantil londinense declaraba al Times: “Educar y aprender debería ser divertido. Los profesores quieren enseñar; los niños quieren aprender, pero se imponen sobre nosotros demasiados cambios. Esto nos quita la alegría del trabajo”. Básicamente, lo que quita la alegría a los profesores de guardería es un cambio pedagógico que traslada el foco de la educación más primaria desde el desarrollo de habilidades emocionales y físicas, a la pura adquisición de conocimientos de cultura y de cálculo aritmético.

En medio de implacables inspecciones que llevan la zozobra y el estrés a los colegios del país, la presión de las autoridades educativas británicas, obsesionadas ahora con recuperar una pedagogía donde se aprendan y se enseñen conocimientos concretos y mesurables, y no evanescentes posiciones vitales y sociales, se refuerza día a día con demoledores estudios de think-tanks que ponen en evidencia la degradación de las estrategias formativas progresistas, reflejada en la destrucción cultural de los chicos tras su paso por escuelas e institutos. Si, hace menos de un año, un informe del Institute for the Study of Civil Society llegaba a la conclusión de que “los temas tradicionales de la enseñanza han sido secuestrados por los políticos para promocionar causas de moda” (ND) -con el regulador escolar inglés aún presionando para que enseñen más materias relacionadas con el “cambio climático”-, ahora otro estudio ataca la cultura del ocio sobre el ‘negocio’ escolar de la que se aprovechan los estudiantes, sin embargo, con graves efectos sobre su aprendizaje.

El desastre de las largas vacaciones de verano

El Mirror resumía las conclusiones del estudio de Public Policy Research con la habitual contundencia de los tabloides británicos: “Las largas vacaciones escolares hacen tontos a los alumnos”. En este sentido, la propuesta es que el año escolar debiera estar constituido por cinco periodos de ocho semanas cada uno, con sólo un mes de vacaciones en verano y el resto del tiempo libre para repartir entre cada dos semanas de los periodos lectivos. Según el informe del think-tank -que acababa de denunciar la falta de preparación de muchos profesores de secundaria y sus devastadores efectos sobre el futuro académico los alumnos-, los largos periodos de vacaciones estivales provocan que los alumnos pierdan las habilidades lectoras y matemáticas adquiridas durante el curso.

Los responsables del informe de Public Policy Research consideran que la actual estructura vacacional británica es una “reliquia” de los tiempos en que los niños debían ayudar en las granjas familiares durante la época de recolección. De hecho, ahora seguirían siendo los niños con menores recursos los que más se estarían viendo perjudicados por los largos meses de vacaciones escolares, dado que son los que menos acceso disponen a actividades extraescolares. Este excesivo y mal enfocado 'ocio' estival también deriva en problemas de comportamiento antisocial y violento, más acusado y frecuente durante el verano, según las estadísticas manejadas para el informe, en uno más de los efectos perversos de una estructura curricular y educativa británica que se encuentra sometida a un proceso de 'contrarreforma' a tumba abierta.



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