Políticos republicanos y estudiantes rebautizados voluntariamente con el 'Hussein' de Barack Obama intentan rescatar al senador demócrata de la inclemente campaña que le acusa de ser un 'tapado' del islam
X“En Estados Unidos, donde no se restringe el uso del pañuelo, las mujeres musulmanas no corren mejor suerte y, en general, como en el resto de Occidente, se asocia la cabeza cubierta a una restricción de sus derechos y a una cultura democrática cuando menos deficiente, lejos del poder liberador que alguna de estas mujeres le atribuyen al velo. Y si no, que se lo pregunten a Hebba Aref y a Shimaa Abdelfadeel, a las que se les prohibió subir al escenario en un reciente mitin de Barak Obama por llevarlo. El senador cristiano no quiso dejarse ver con esas mujeres, no fueran a creer sus votantes que tiene algo que ver con las oprimidas musulmanas”. Es el relato que, de un reciente incidente ocurrido durante un mitin de Barak Obama, realizaba el pasado domingo el diario El País, autocalificado como de ‘referencia’ en España. Aunque, ejem, lamentablemente para la redactora -que parece haber escuchado 'campanas' o, quizás, sólo a algún muecín mediático interesado 'de parte' en la orgía victimista del pañuelo- y, más lamentablemente aun para sus lectores, el incidente no ocurrió de esa forma. Más bien sucedió todo lo contrario.
Seguimiento:
El incidente de los pañuelos musulmanes sobrevino en un acto del senador demócrata en Detroit el pasado 16 de junio, sin que, por cierto, el candidato a la presidencia lo conociera más que algún día después, cuando el asunto saltó a las cadenas de noticias de televisión por cable. Dos mujeres musulmanas, Shimaa Abdelfadeel y Hebba Aref, presuntas seguidoras de Obama, intentaron sentarse ese día en la zona trasera del escenario, lo suficientemente centradas como para que aparecieran en toda fotografía e imagen de televisión que se sacara o emitiera del acto. Ambas llevaban el pañuelo musulmán y se presupone que su interés en situarse tras el senador era el obvio de recrudecer su particular y provocadora ‘campaña’ sobre el hiyab, al estilo de la ofensiva que mujeres musulmanas realizan en los países occidentales de Europa y que ha comenzado a irritar de forma extraordinariamente vehemente a muchos 'musulmanes civiles', vueltos en contra de sus ‘hermanas’ de la ‘hiyab fashion’ (ND).
Obama: Disculpas exigidas, disculpas inmediatas
La presencia de las dos musulmanas con pañuelo en plano televisivo tan central no pasó desapercibida para los organizadores del mitin. Por si Obama no tuviera bastante con las constantes insinuaciones sobre su condición de musulmán ‘tapado’, la organización pidió a las mujeres -antes de que comenzara el acto- que se quitaran el pañuelo o que abandonaran esos asientos y se situaran en lugar más discreto, fuera del tiro directo de las cámaras de televisión. Lo hicieron, pero, casi inmediatamente, las dos musulmanas acudieron a las organizaciones musulmanas más virulentas, que, en proceso clásico de agit-prop, filtraron el tema a los medios y organizaron el habitual revuelo de “conculcación de derechos, islamofobia y discriminación racial”. Fue entonces cuando se enteró Obama, del incidente y, al mismo tiempo, de cómo el Consejo de Relaciones Islamo-Americanas (CAIR) exigía por tierra, mar y aire que se disculpara personalmente con las dos mujeres.
Obama lo hizo de forma inmediata, con sonoro comunicado público, y acusando de paso a los “voluntarios” de su equipo, que fueron, al final, quienes cargaron con la responsabilidad del enorme escándalo creado. “Las acciones de estos voluntarios fueron inaceptables y de ninguna forma reflejan cualquier política de mi campaña”. En un tema que llevó directamente el candidato demócrata, Obama no sólo se disculpó personal y telefónicamente con las dos mujeres “y con cualquiera que se hubiera sentido ofendido”, sino que las invitó a asistir en lugar preeminente a sus siguientes mítines. El CAIR, también en estrategia habitual, no soltó la presa tan fácilmente y aprovechó para exigir a Obama que se desmarcara “del actual clima de islamofobia en nuestra nación, que no sólo le está atacando a él, sino que ha tentado a su propio equipo de campaña”. Todo se fue desvaneciendo tras algunas apariciones del hermano de una de las vetadas -nunca comparecieron ellas públicamente- en las que, en tono ofendido, recordaba una y otra vez el incidente mientras rechazaba la invitación de Obama para que él mismo también asistiera en lugar preferente -y en el sitio más visible para las televisiones- con el fin de despejar cualquier duda (vídeo - en inglés). Así sucedió y ahí quedó el incidente, tan mal relatado por los medios de ‘referencia’ españoles.
Bloomberg, al rescate de Obama ante los judíos
Sin embargo, Obama sigue teniendo problemas, graves problemas, con las acusaciones que le relacionan una y otra vez con el islam, aunque mayores deberían ser sus dificultades con los incendiarios pastores cristianos que estuvo escuchando, siguiendo y respetando durante décadas, a ellos, y a sus extremadamente violentos sermones de odio contra los blancos, los Estados Unidos, Occidente y cualquier otro argumento que no encaje en el Black Power de Ángeles del Infierno mezclados con el evangelio de un Jesucristo negro, en el mismo delirio que el de los negacionistas de la Conquista musulmana de la Hispania visigoda. Barak Obama se ha visto obligado, primero a desmarcarse de los pastores del odio negro, y después a abandonar su congregación, la congregación donde conoció a su esposa y donde bautizó a sus hijos el mismo pastor que después le acusaba despectivamente de ser un negro al servicio de los blancos por rechazar las tormentas del política y económicamente muy productivo rencor cristiano 'afroamericano'.
Mucho más difícil le está resultando a Obama desmarcarse de la inclemente campaña que le relaciona con el islam, con la evidencia -ciertamente muy poco o nada significativa- de su segundo nombre, Hussein, como una de las pruebas de cargo. El vendaval arrecia tanto que muy destacadas personalidades de la política estadounidense, incluso desde la oposición republicana, se han visto obligadas a salir en apoyo del senador demócrata por Illinois. Entre ellos, el propio alcalde de Nueva York, Michael Bloomberg, quien, nada menos que ante una convención de judíos en Florida, pedía el rechazo contra “la campaña de insinuaciones” que, en forma de constante emisión de correos electrónicos por Internet, intenta llevar el temor de un Obama musulmán no sólo a los judíos estadounidenses, sino a un electorado que ve con extremado recelo a una comunidad y a una religión de la que no dejan de salir 'yihadistas' infiltrados en Occidente, los últimos una vez más en España, que continúa confirmándose como crucial base de operaciones islamistas presentes y futuras (ND).
"Yo también me llamo Hussein"
Pero no sólo personalidades de la relevancia de Bloomberg -que coqueteó él mismo con su candidatura a la nominación republicana- han salido en la contraofensiva de la campaña que pretende describir a Obama como un musulmán en la sombra. Jóvenes y estudiantes que apoyan al virtual candidato demócrata han decidido incluir el nombre de Hussein -el segundo de pila del senador- en su propia denominación personal, y con ella firman correos electrónicos, facturas de tarjetas de crédito o sus perfiles en los sitios sociales de Internet. Algunos de ellos, como una joven de 19 años que participa en la contracampaña, reconocen que “nunca ha conocido a un musulmán, al menos que ella sepa”. Profesores por todo el país animan a sus estudiantes para que incluyan el Hussein en sus nombres, para pánico y desconcierto de muchos padres que, según admiten también, pensaban que sus hijos se estaban convirtiendo al islam. De hecho, la contracampaña no ha hecho más que ofrecer más munición de grueso calibre a los más virulentos republicanos -y conservadores de toda Norteamérica-, los cuales piden la elevación de la edad mínima para votar hasta que se obtenga alguna mínima madurez, entre acidísimas acusaciones contra el océano de “tontos útiles” y “lunáticos” al servicio de su señor, “el mesías Obama”.
