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Los votantes hispanos en Estados Unidos apoyan a Obama pero 'no' tienen los asuntos inmigratorios entre sus prioridades, según estudio

Los votantes hispanos en Estados Unidos apoyan a Obama pero 'no' tienen los asuntos inmigratorios entre sus prioridades, según estudio

09.07.08 • 03:51 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

A diferencia de lo planteado en España con la propuesta de voto para inmigrantes, en Estados Unidos vota la comunidad hispana de ciudadanos estadounidenses de pleno derecho, una gran parte de ellos nacidos ya en el país. Sin embargo, como en el caso de la comunidad negra, la hispana tiende a ser vista de forma homogénea en función de su carácter étnico y, por tanto, relacionada directamente con la otra gran masa de población del mismo origen territorial: la formada por la enorme masa de población inmigrante ilegal. Esa asimilación produce graves distorsiones de percepción, como ya se demostró durante las manifestaciones de 2006, cuando una parte significativa del rechazo al movimiento de protesta inmigratorio provenía, precisamente, de los hispanos ‘legales’. Ahora, con las elecciones presidenciales en ciernes, los estudios vuelven a demostrar que las preocupaciones e intereses de los residentes legales no sólo no siguen a los de los ilegales, sino que, a veces, se les oponen.

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Se habla de comunidad estadounidense hispana como de un grupo homogéneo, pero la diversidad es tan grande que las fragmentaciones por orígenes nacionales, étnicos y socioeconómicos provocan que no sólo no actúe como un bloque uniforme, sino que, incluso, sus integrantes se encuentren enfrentados entre sí. En este sentido cabe ver el muy significativo movimiento de oposición a las manifestaciones de protesta de hace un par de años, cuando organizaciones testimoniales como You Don’t Speak for Me (‘Tú no hablas por mí’) dejaban claro que muchos hispanos legales rechazaban de plano verse reflejados en los manifestantes que portaban banderas de México cuando no realizaban encendidas llamadas a la recuperación de la ‘tierra robada’, con Aztlán como el estandarte de la 'otra Reconquista' (ND) y de la desafiante 'colonización' hispana de amplias zonas de los Estados Unidos. De hecho, este movimiento de hispanos ‘legales’ contra hispanos ‘ilegales’ (ND) se ponía a la vanguardia de la lucha contra la inmigración ilegal con el apoyo a las más duras y astringentes medidas, medidas que incluían la propuesta de prohibición de alquiler de casas a los inmigrantes no regularizados como sucedió en la ‘batalla’ de Farmers Branch (ND 1 y 2) y en la ‘guerrilla’ de reglamentos ciudadanos que pretendían evitar la invasión masiva de inmigrantes ilegales en pequeñas ciudades no preparadas para acoger tales masas de población repentina (ND).

Obama, sí; inmigración, no tanto

Desde el Pew Hispanic Center se recuerda la necesidad de distinguir entre los ‘votantes hispanos’ y la ‘comunidad hispana’, dos grupos sociales con comportamientos e intereses políticos muy distintos y, como se vio en 2006 de forma harto explícita, a veces opuestos. “Los votantes hispanos son todos ciudadanos de Estados Unidos y muchos de ellos son nativos. Así que no es sorprendente que la inmigración no sea una de las preocupaciones más importantes de los hispanos”, afirma Susan Minushkin desde la fundación, una de las puntas de lanza del ‘progresismo’ estadounidense y autora de un estudio muy significativo en este sentido. De esta forma, los temas que más interesan a esa masa de votantes 'legales' son los derivados de una población con una media de edad por debajo de la general para el país y, por ello, con mayores probabilidades de tener menores de edad en la unidad familiar. Es decir, asuntos como educación, sanidad o delincuencia se ponen muy por delante en el interés de los votantes hispanos en relación a los puramente derivados de la inmigración que obsesionan a la población del mismo origen étnico pero que no tendrá acceso a las urnas.

John McCain y Barack Obama se encuentran durante estos días en cerrada ofensiva por el voto hispano. Dos son los factores que presiden el pulso: por un lado, los demócratas obtienen un masivo apoyo de la comunidad hispana en relación con los republicanos; pero, por el otro, continúa la polémica por saber si Obama será capaz de seducir a un grupo étnico que, en su mayoría, seguía fielmente a Hillary Clinton pero que, según muchos, no lo tiene tan claro con el senador negro. ¿Y qué dicen las encuestas sobre todo esto? Una de Gallup de principios de este mismo mes sobre datos de junio viene a consolidar la idea de que el apoyo de los votantes hispanos a Obama se mantiene estable desde marzo, con un 59 por ciento de los votos para el senador por Illinois y un menor pero significativo 29 por ciento para el presumible candidato republicano. McCain tiene ante sí un doble reto: intentar mantener el apoyo hispano del que gozó George Bush hasta las últimas elecciones presidenciales de hace cuatro años, y cambiar la tendencia que se originó precisamente en las legislativas de 2006, cuando a la dureza republicana en temas migratorios se unió la percepción de que las políticas sociales de Bush habían dejado de lado a esa comunidad.

Entre dos fuegos

Pero lo que presiona a McCain no es tanto la población estadounidense hispana como sus muy dudosos lobbies, entre ellos La Liga de los Ciudadanos Unidos Latinoamericanos Unidos y el Consejo Nacional de La Raza, vistos por muchos conservadores y republicanos como ‘caballos de Troya’ de intereses extranjeros cuando no como movimientos de ‘recuperación de la tierra robada’ a México. En este sentido, McCain se encuentra con el reto de seducir a los hispanos sin levantar la alarma entre los republicanos y conservadores, cosa que, por varios motivos derivados de sus heterodoxos puntos de vista en temas económicos y de política exterior, y no sólo por el inmigratorio, está muy lejos de conseguir. El pulso entre ambos candidatos se encuentra presidido por el recuerdo de la fracasada reforma inmigratoria, apoyada en su momento tanto por Obama como por McCain, que entonces habría podido llevar a la ‘legalización’ de millones de ‘ilegales’ y que ahora languidece en el recuerdo entre propuestas de impermeabilización de la frontera en el ámbito represivo, pero también entre soluciones de amplio contenido social para los hispanos en las que los dos candidatos compiten por ganar su confianza y su voto, mucho más allá de los temas inmigratorios.



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